La «Fuenteovejuna» de Antonio Gades da su grito de solidaridad en Verona

La «Fuenteovejuna» de Antonio Gades da su grito de solidaridad en Verona

JULIO BRAVO
VERONAActualizado:

La historia de amor entre la compañía de Antonio Gades y Verona (la ciudad italiana donde Shakespeare situó su «Romeo y Julieta») sigue viva. Y el conjunto, que vio la luz precisamente en Verona hace ahora tres años, ha vuelto a su evocador teatro romano para presentar «Fuenteovejuna», el nuevo trabajo de la compañía, creada para dar vida al legado artístico de Gades, y que en muy poco tiempo ha alcanzado un nivel magnífico y digno del repertorio que lleva en el baúl.

«Fuenteovejuna» es la última coreografía que creó el inolvidable artista. Y es una de las obras maestras de la danza española, el fruto maduro y postrero de un genio cuyo vacío se hace cada día más evidente dentro de un mundo, el de nuestro baile, que ha perdido en los últimos años varios de sus principales faros y referencias. «Fuenteovejuna» es una obra genial, sí, pero en la que se muestra la extraordinaria inteligencia que poseía Gades, ese sentido escénico único que hace que su trabajo trascienda la mera coreografía para convertirse en joyas de inmenso valor teatral.

Pocos artistas —coreógrafos o directores de escena— han tenido el latido de Antonio Gades, su dominio de la emoción, su capacidad para convertir un gesto aparentemente insignificante en un verso al tiempo hermoso y significativo, o para pasar de un momento de gran intensidad dramática a otro festivo con maestría y sencillez, sin rozaduras. «Fuenteovejuna» es una obra redonda, sin resquicios, un crisol en el que Gades ha sabido fundir el folclore más añejo y abrazado a la raíz con las formas teatrales más avanzadas; una obra que eleva a la categoría de arte danzas y cantares enterrados en la tradición. Todo ello para contar la historia de un pueblo que se rebeló contra la tiranía y que alzó su dignidad en armas; una historia, lo decía el propio Gades, de solidaridad entre los seres humanos (en una velada que había empezado con el recuerdo de la compañía para las víctimas del accidente sucedido en el aeropuerto de Barajas unas horas antes).

Boleros, jotas, serranas, canciones de labranza se unen a músicas de Musorgski o García Abril, y lo hacen con armonía, lo mismo que comparten el escenario bailarines, cantaores y guitarristas, que forman una sola unidad y que gracias al genio de Gades encuentran su lugar en el escenario.

Magnífico trabajo de Araúzo

Stella Araúzo, directora de la compañía, y su equipo han logrado un magnífico trabajo; no sólo han vuelto a hacer latir un espectáculo magnífico, sino que han hecho que ese latido sea firme, que esa historia de solidaridad conmueva y que el baile se exponga bruñido y brillante; a ello contribuye una compañía donde figuras que llevan ya desde hace años la sangre artística de Gades por sus venas —como Enrique Pantoja o Antonio Solera— se unen a bailarines de muchos quilates, como Adrián Galia (un Alcalde de prestancia), Joaquín Mulero (un Comendador imponente y temible), Cristina Carnero (una Laurencia que combina inocencia y rebeldía) y Ángel Gil (un Frondoso lírico, elegante y musical).