Francisco Rico, en un momento de su intervención ayer en Santander. Juan Manuel Serrano Arce

Francisco Rico critica el desprecio de los políticos por la cultura en España

Hablar de realismo en literatura es hablar de Balzac, Dickens, Flaubert o Galdós. Pero, para el catedrático y académico Francisco Rico, deberíamos remontarnos tiempo atrás para poder hablar de esta tendencia, al menos en España, y estudiar el realismo que late en las páginas de «El Quijote», «La Celestina», «El Cantar de Mío Cid» o el «Guzmán de Alfarache».

SANTANDER. Marta Martín Gil
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«España ha dado obras literarias que tienen una importancia decisiva en la novela realista». Así hablaba ayer Francisco Rico tras inaugurar el curso «España y la novela. La tradición realista en la narrativa española», en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP). Y no se refería exclusivamente a las obras de los escritores españoles realistas por excelencia, Benito Pérez Galdós y Leopoldo Alas Clarín, sino al trabajo anterior de nuestros grandes de la literatura. Y es que, para el académico, «España ha contribuido más al realismo con los antecedentes de esta novela que con Galdós o Clarín».

PRECURSORES DEL REALISMO

Rico partió en sus explicaciones de la concepción del realismo clásico del XIX «como escuela literaria muy bien definida por dos rasgos fundamentales: la idea de que todos los personajes, sea cual sea su condición social, son valiosos e interesantes por sí mismos y el hecho de considerar un fin artístico el acercarse a la realidad». Basándose en estas dos ideas, aseguró que existen otras obras en España «que anticipan ese realismo del XIX», como «El Cantar de Mío Cid», «La Celestina», «El Quijote», «El Lazarillo de Tormes» y, sobre todo, «El Guzmán de Alfarache», «con una construcción absolutamente realista, aunque menos ingeniosa que el Lazarillo». «Los Cantares de Gesta llegaron tarde a España, con el cansancio de una tradición muy larga», explicó Francisco Rico, «por lo que tuvieron que hacer algo más interesante». ¿Cuál fue la solución? Convertir al Cid en un héroe, pero «de a pie», un antihéroe, en «el pobre idiota de la pantera rosa», bromeaba Rico, «que tuviese que defender el honor de sus hijas violadas e incluso verse arruinado».

De esta manera, el realismo ya tenía asentado uno de sus pilares, que se completaría más tarde con la aparición de «La Celestina». El autor de esta obra no respetó, según Rico, la intención clásica grecolatina e italiana «de cómo debían presentarse los personajes», y no tuvo ningún inconveniente en «hacer trágicos a los personajes que debían ser cómicos» y en mostrar no sólo a Calisto y Melibea como los protagonistas de una pasión, sino que también «la Celestina y las rameras puedan moverse por impulsos inexplicables, que se comporten en plenitud humana», comentó el catedrático.

«El Quijote», obra de la que Francisco Rico conoce hasta el último detalle -fue el director de su edición crítica más completa-, se incluiría también en la lista de novelas precursoras del realismo, al hacer oídos sordos Cervantes de «la idea de que la literatura exige elevación de estilo y grandilocuencia», y limitarse a escribir «como hablaba», explica el académico. «Al reducir la cosa al lenguaje de la cotidianidad», comentó Rico, «los héroes empiezan a pasear por el Callejón del Gato, como diría Valle-Inclán». Por ello, es ésta una obra realista en la forma, «no en el tema»; algo que fue para Rico, sin lugar a dudas, el éxito de Cervantes.

«EN UN LUGAR DE LA CANCHA...»

No ha perdido «El Quijote» ni un ápice de actualidad, e incluso en el debate sobre el estado de la Nación se convierte en protagonista. Una discusión que el académico se toma con filosofía y con humor. Cree que mientras Zapatero pecó de ingenuo con su solicitud, Lucas, con su mención al equipo de baloncesto de los Glober Trotters, pensó que «en vez de estar en un lugar de la Mancha, estaba en un lugar de la cancha». Es «el desprecio con que los hombres de la política» tratan a la cultura lo que más le preocupa al académico respecto a este tema, y observa impotente cómo se discuten asuntos como el Quijote, «que ya está», y no la cultura, «que es lo que queda». En un futuro, tiene previsto recoger las conclusiones del curso «España y la novela. La tradición realista en la narrativa española» en un libro que publicará en francés para el Colegio de Francia. Más tarde piensa publicar también la gran edición del «Libro del Buen Amor», algo que ya hizo con «El Quijote» y «La Celestina».