Las fosas comunes revelan la crueldad de la matanza del nieto de Genghis Khan en Rusia

En uno de los enterramientos de la ciudad de Yaroslavl, los arqueólogos han encontrado los esqueletos de tres miembros de una misma familia

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En la primera parte del siglo XIII, Batu Khan, el sanguinario nieto de Genghis Khan, se alzó con sus hordas sobre Rusia dando buena cuenta de sus enemigos al más puro estilo mongol (con barbarie y muerte). Khan entró en la ciudad rusa de Yaroslavl y ordenó a su ejército que pasaran a cuchillo a cientos de civiles en un solo día.

Muchos de los cuerpos fueron enterrados en fosas comunes que han salido a la luz gracias a unas excavaciones arqueológicas que se han llevando a cabo en el centro de la ciudad para recuperar su catedral. Como señala arstechnica.com, de 2005 a 2010 se han desenterrado nueve fosas comunes medievales con los restos de al menos 300 víctimas.

Tras el brutal ataque, las tropas mongolas causaron un gran incendio, como han confirmado documentos históricos y hallazgos arqueológicos posteriores. Muchos de los edificios se encontraban en ruinas, por lo que algunos de los enterramientos se han encontrado en sus sótanos.

Tragedia familiar

Ahora, el estudio de ADN de los restos óseos hallados así como larvas de mosca con siglos de antigüedad han vuelto a poner de manifiesto la envergadura de la masacre a manos de la expansión mongola. Muchos de los huesos muestran marcas de apuñalamiento, cortes y traumas contundentes. Algunos de los restos también tienen signos de haber sido quemados, probablemente en el incendio posterior.

En una de las fosas, hallada en los terrenos de una finca medieval cerca de la catedral, se han encontrado los restos de quince personas. En ellos han encontrado un mayor número de caries dentales, lo que sugiere que mantenían una dieta rica en azúcares, propia de las clases más altas.

Además, varios de los esqueletos parecían tener en común rasgos hereditarios, por lo que ocho de ellos fueron sometidos a una prueba de ADN. Los resultados revelaron que tres de ellos pertenecían a la misma familia. Una mujer de en torno a unos 55 años en el momento de su muerte; otra de entre treinta y cuarenta años, y un hombre joven de alrededor de veinte años.

Los arqueólogos piensan que lo más probable es que la primera fuese la abuela, la segunda, su hija y el tercero, el nieto. «Además de recrear instantánea de la caída de la ciudad en 1238, ahora vemos la tragedia de una familia», ha señalado a arsthechnica Asya Engovatova de la Academia Rusa de Ciencias.