La bailaora española Sara Baras presentó el jueves su espectáculo «Sombras»
La bailaora española Sara Baras presentó el jueves su espectáculo «Sombras» - EFE

El flamenco se pone el esmoquin en Nueva York

La bailaora Sara Baras obtuvo un éxito rotundo con su espectáculo ‘Sombras’, que está programado cuatro noches seguidas, en el plato fuerte del festival

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

Quien esperara un recital de flamenco de taconeo y mantón, cantaor desgañitado y guitarra ametralladora, pensaría que estaba en el lugar equivocado este jueves por la noche en Joe’s Pub, un café teatro coqueto en el corazón del Village de Nueva York.

Era el espectáculo que abría la edición de este año del Flamenco Festival de Nueva York, un ciclo consolidado en la ciudad, esperado como agua de mayo por los aficionados y que el año que viene cumplirá dos décadas de vida.

El cartel anunciaba a Ismael Fernández, un cantaor de dinastía flamenca sevillana, batido en el cante para el baile y que lleva cuatro años viviendo en Nueva York. El artista sorprendió desde que tocó el escenario, con traje de esmoquin y pajarita. No se sentó, como corresponde a la ortodoxia flamenca, sino que se colocó de pie delante del micro, relajado y mirando al público. El acompañamiento era un trío de jazz clásico, comandado por el maestro del flamenco-jazz, el pianista Chano Domínguez. Se apoyó en las teclas de su piano de cola y emergió la música deslavazada y jazzera, mientras Ismael Fernández chasqueaba los dedos y entonaba con la voz. El cantaor convertido en ‘crooner’ flamenco.

Hace décadas que acoplar el flamenco con otras músicas dejó de ser una novedad. Algunos lo han hecho con éxito total -el mejor ejemplo, Diego el Cigala; el más reciente- Rosalía- y casi ninguno hace el camino de regreso. La propuesta de Fernández es otra vuelta de tuerca a la relación del flamenco con el jazz, menos latino que el del Cigala, más de un club de la calle Bleecker, a pocas manzanas de Joe’s Pub.

Para ello, Fernández se ha apoyado en Domínguez, vecino suyo desde que el pianista gaditano se trasladó a Brooklyn, y que ha producido su álbum ‘Trato’, que ayer presentaba ante el público neoyorquino. Algún desajuste entre el ímpetu flamenco de Fernández y el alma de jazz del trío no evitó el entusiasmo del público, que lleno casi por completo el aforo.

El sabor flamenco llegaba del metal de la voz de Fernández, de las apariciones contadas de la guitarra flamenca y de las irrupciones en escena de Sonia Olla, bailaora y esposa de Fernández, que se ha hecho un nombre en EE.UU. tras colaborar con algunos grandes del pop como Madonna o Ricky Martin. Pero el concierto fue una constante ida y vuelta: no la del Caribe que trajo la guajira o las colombianas, sino del jazz al flamenco, incluso en los mismos números musicales, como en un apoteósico fin de fiesta por bulerías de Cádiz que de repente parecían salidas de la Frenchmen St. de Nueva Orleans. Entre medias se colaron los boleros, la soleá, una rumba melódica… «Me he inspirado en muchas cosas para llegar a este punto», decía Fernández a este periódico tras la actuación, después de asegurar que el concepto de este proyecto tiene que ver «con la vida que estoy viviendo en Nueva York».

Poco después del arranque de su recital, comenzaba el de Sara Baras en el City Center, uno de los templos del baile en Nueva York, que este año cumple su 75 aniversario. La bailaora obtuvo un éxito rotundo con su espectáculo ‘Sombras’, que está programado cuatro noches seguidas, en el plato fuerte del festival, que se cierra este domingo 10 de marzo. Esta edición, sin embargo, ha puesto más acento en la música que en el baile, a pesar de que este último suele ser más atractivo para el público estadounidense. ‘Sombras’ será el único espectáculo de baile del festival, que abre estos días a los neoyorquinos una mezcla de conceptos rompedores y clásicos dentro del amplio universo flamenco. Entre los primeros, el propio Chano Domínguez, el jazz latino y flamenco de Diego Guerrero o el flautista Sergio de Lope. Entre los segundos, el cante sin concesiones de María Terremoto e Israel Fernández o la guitarra de Miguel Ángel Cortés, que también alumbró el jueves por la noche al público de Joe’s Pub.