La ONE festeja el centenario de Joaquín Rodrigo

Antonio IGLESIAS
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Que nuestra Orquesta Nacional reanude su temporada de conciertos cuando nace 2001, con una obra de Joaquín Rodrigo, abriendo la numerosa serie de manifestaciones en el presente «Año Rodrigo», que conmemorarán el Centenario del nacimiento del admirado maestro, nos merece a todos el volcado aplauso, por el hecho en sí mismo y por su valor ejemplificador. Se eligió para ello una de sus más personales creaciones: el «Concierto como un divertimento, para violonchelo y orquesta», demostración muy amplia de una personalidad, que aquí se concreta por la valiente disposición tímbrica —que no olvida el intervalo característico del cuclillo como «ex-libris»— y una contribución al neocasticismo que él personificó como nadie.

La obra es dificilísima, para la orquesta y nada digamos para el solista; vencedor holgado de todos los escollos técnicos, Asier Polo puso alma y trabajo sesudo al servicio del «Concierto», y su precioso violonchelo voló con pasmosa seguridad, hasta culminar en la soberbia «cadenza», resuelta con claridad inimaginable. La Nacional le prestó una muy eficaz colaboración, y el todo se pudo apreciar dentro de un total logrado, bajo el estupendo timón del maestro alemán, Günther Herbig, quien la llevó como si se tratara de obra de repertorio.

Herbig, al dirigir en la segunda parte la «Octava sinfonía», de Shostakovich —que la ONE interpretaba por vez primera—, mostró su espléndido magisterio, gesto sobrio, elegantes líneas conseguidas en el buen saber hacer que aprovecha con inteligencia los ensayos habidos, alcanzando momentos memorables de una cuerda espléndida, pero en particular en el dilatado primer tiempo. La obra rusa, escrita por aquel compositor que nos llegó a través de trifulcas políticas que le premiaban o censuraban, es un compendio patético planteado con mano maestra en la gran orquesta moderna, a veces, excedido y hasta divagador, pero «llegando» su mensaje de directísima manera. Y nuestro público, comprendiéndolo, la subrayó con encendido aplauso, como antes lo había hecho ante Joaquín Rodrigo y Asier Polo, su solista.

Orquesta Nacional de España. Obras de Rodrigo y Shostakovich. Solista: Asier Polo (violonchelista). Director: Günther Herbig. Auditorio, Madrid, 12 de enero de 2001.