Quevedo, uno de los príncipes de las Letras escogidos por el historiador. ABC

Fernández Álvarez: «Hay que luchar contra la barbarie desde el mejor espíritu cervantino»

Manuel Fernández Álvarez ha exhumado en el último lustro las figuras de Carlos V, Felipe II y Juana la Loca. Y las ha puesto de moda. Se encerró en Yuste para encontrar las pasos perdidos del Emperador; desveló en El Escorial la España del austero Rey y descubrió en Tordesillas que Doña Juana nunca habría necesitado ir al psiquiatra. Mañana principia un ciclo sobre La España Imperial arrojando nueva luz sobre Garcilaso, Cervantes, Lope de Vega y Quevedo.

MADRID. Antonio Astorga
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Sus biografías de Carlos V, Felipe II y Juana de Castilla han sido un éxito indiscutible de ventas. Ahora se encierra con cuatro vidas que marcaron los designios del esplendor del Imperio español y que sufrieron su decadencia. Con la pasión que ha volcado en sus excelentes biografías de Carlos V, Felipe II o Juana la Loca, no nos negará que es usted un personaje extraído del siglo de Oro, un tipo de otra época...

-Hombre, a mí me hubiera gustado haber podido conversar con Quevedo, no digamos con Cervantes, Lope o Garcilaso, pero no nos engañemos: las condiciones de vida diaria de aquella época eran muy penosas. Y no hay que olvidar nunca que existía la esclavitud y el ambiente inquisitorial, anterior incluso a la propia Inquisición, esa institución intolerante y fanática. Los espíritus independientes de Quevedo, Lope, Cervantes, Garcilaso, qué duda cabe, sufren esa carga negativa del ambiente inquisitorial.

LEGADO IMPERECEDERO

-¿El legado del Siglo de Oro es..?

-Un legado riquísimo e imperecedero. Pero no para España; para el mundo entero. El mundo a veces nos apunta con el dedo por aspectos sombríos de nuestra Historia, sobre todo a los conquistadores. Pero no hay que olvidar que Inglaterra e Italia tuvieron sus imperios y sus tropelías no fueron menores: al contrario, peores. En fin, en todo caso queda el mal sabor de que puede haber aspectos difíciles, como la muerte de Atahualpa, excesos de crueldad, evidentemente en esa expansión del Imperio que hay que contrapesar con esa maravilla de creación de ciudades, en la expansión de la lengua y la cultura y acercar a las poblaciones que estaban viviendo unos niveles ínfimos la cultura del Renacimiento. Empero, esto no lo suelen poner de relieve muchos críticos extranjeros y es una realidad espléndida. Pero en todo caso lo que no nadie duda, dentro y fuera de España, es que Lope, Cervantes, Quevedo y Garcilaso están ahí regalándonos una época para toda la Humanidad.

-¿Cómo escruta un hombre del Siglo de Oro esta época encolerizada, traumatizada por el fanatismo, el nacionalismo y el terrorismo?

-El retroceso es penosísimo. No se trata del ataque a las Torres Gemelas y el Pentágono; hablemos de esa sociedad talibán que oprime a las mujeres. El ejemplo está en la TV, cuando vemos esas estampas de una nación que parecía que iba por la senda de la libertad y de progreso y que de repente ha caído en un fanatismo religioso penosímimo. Es ver sufrir a un pueblo porque un grupo de fanáticos se ha hecho con el poder. Es la amenaza constante que tenemos en el mundo: que un grupo de radicales violentos se pueda hacer con el poder y sobre la base del terror imponer su manera de pensar.La Humanidad debe combatir contra el fanatismo cada día.

-¿Se logrará vencer al fanatismo?

-Seguramente y ojalá sea pronto, muy pronto. ¿Cómo podíamos pensar que la Alemania de Goethe iba a ser engullida por las fauces de la Alemania de Hitler? No hay que resignarse a la dictadura de la barbarie. Hay que luchar contra la dictadura de la barbarie desde el mejor espíritu cervantino.

¿MIEDO ESCÉNICO?

-Fanatismo es igual a barbarie.

-Nosotros ya tenemos esa experiencia, digamos, secular. Cuando se encendÍan las hogueras y se quemaba viva a la gente... ¡en nombre de Cristo! ¡Es que eso es barbarie! ¿Cómo en nombre de Alá se pueden hacer esas matanzas? ¿Pero dónde está ese Dios tan cruel que está pidiendo que se mate a los seres humanos? ¿Cómo puede existir esa contradicción tan terrible? ¿Cómo pensando en él se está martirizando al semejante? Eso es el fanatismo.

-Mañana arranca usted un ciclo, en el Centro Conde Duque, sobre «Los cuatro destinos de la España Imperial». El objetivo de estas lecciones magistrales es extraer el bálsamo de aquel despliegue imperial por la Europa Occidental desde el testimonio de Garcilaso, Lope, Quevedo y Cervantes y desde lo más granado de su obra escrita. Imagino que no sentirá miedo escénico al encerrarse con estas cuatro figuras capitales después de haber investigado a Carlos V, Felipe II y Juana de Castilla.

-Estábamos en estos años triunfales tratando los centenarios de los grandes personajes de la Historia (Felipe II, Carlos V) y ya Juana la Loca es un personaje que tiene otro aire. No es el aire de un poderoso sino de alguien que ha perdido el poder y se ve un poco acorralada por él. Por eso yo he querido en este caso recordar que esa España Imperial es magnífica no sólo por su expansión en todo el mundo occidental sino también por la creación de esos grandes hombres. Y he querido escoger cuatro de ellos que están vinculados a las gestas del Imperio: Garcilaso muere como maestre de campo de los tercios viejos carolinos; Cervantes es uno de los héroes de Lepanto y conoce todo el horrible enfrentamiento con Turquía y con el mundo musulmán nada menos que siendo cautivo en Argel; Lope estuvo en su juventud en la Armada Invencible y Quevedo, aunque no tenía condiciones físicas para estar en los tercios viejos, fue a Italia como diplomático pugnando porque esa Italia hispana se mantuviera incólume frente a los ataques y a los juegos diplomáticos de las potencias enemigas.

PRODIGIOSA CREACIÓN LITERARIA

-¿Qué legado nos han dejado estos cuatro prohombres?

-Los cuatro están muy involucrados en el quehacer de ese mundo en expansión del Imperio al que me he referido antes. Sin embargo, su gran legado evidentemente es otro: el gran legado es una creación literaria verdaderamente prodigiosa. Pero no son los únicos, había más figuras: Santa Teresa, Fray Luis, San Juan de la Cruz... Y no me refiero más que a las cumbre porque se podía pensar en Luis Vives, en Alfonso de Valdés... Esa temática podría dar lugar a un curso de toda una vida.

-Las gestas de estos verdaderos príncipes de las Letras glosaron, en aquellas calendas, las gestas de aquel glorioso Imperio...

-Hemos hablado tanto de los príncipes de la política, de la ciencia, que quería analizar, estudiar, a otros príncipes cuyo legado es riquísimo. Ya, quizá, se cansa uno de tanto batallar, de tanta guerra, pero nunca de leer los versos de Garcilaso, la obra de nuestro amigo Miguel de Cervantes y a Lope y Quevedo.

-¿Qué versos de Garcilaso recetaría usted para los tiempos de cólera que corren?

-Las égoglas y las bucólicas. Garcilaso nos da una clase de relación con la mujer muy cortesana. En el sentido de muy exquisito en contraste con una época en que a la mujer se la trataba como un ser inferior. Y que se ve claramente cómo es maltratada en el campo laboral, y no digamos nada en las relaciones familiares cómo está sometida la mujer, cómo no se le perdona nada que sí se le perdona al hombre; en fin, es un trato doloroso y provoca las quejas de ellas mismas. Así, Santa Teresa denunció el matrato social de la mujer.

-¿En estas lecciones se despojará usted de la etiqueta de historiador?

-Analizo la vida del personaje, quién es, ofrezco el testimonio vital de aquel Siglo de Oro que va entre mediados del siglo XVI y más allá de la mitad del siglo XVII. Siglo y cuarto más o menos. Evoco el legado literario pero no como un historiador de la Literatura. Pretendo encontrarme con el testimonio de su obra.

CERVANTES, EL CAUTIVO

-Frente a Garcilaso, Cervantes conoció la otra cara de la moneda: el duro cautiverio en Argel...-Con Cervantes nos encontramos con un auténtico, con un verdadero Quijote. Él sufre porque quiere estar en la milicia. Llevaba la milicia en la sangre y cuando está a punto de tener un grado más alto en la milicia y cuando viene a España a recoger ese premio tras la campaña de Lepanto y su estancia en Italia, se encuentra con que las naves argelinas le llevan a aquellas mazmorras de Argel, de donde saldrá muy mal parado. Ya está totalmente desvinculado, ya ha perdido ímpetu, tiempo y allí queda descabalgado de la vida de la milicia. Aún así él quiere ir, por ejemplo, a las Indias y meterse en la máquina burocrática del Imperio. Pero todo de una forma menos heroica.-¿Cómo es la España de Lope?-Es una España turbulenta, empero, es una España amorosa. Félix Lope de Vega y Carpio fue un gran amador y desde su adolescencia hasta el último suspiro de su vida cobijará esa tendencia de buscar a la mujer. Pero nunca idealizándola, como diría Garcilaso, sino consiguiendo las que quería, lo que hacía con frecuencia. Lope es un gran amador pero con una lírica extraordinaria. Y además es el monstruo del teatro. De repente en toda la Europa Occidental se convierte en el estandarte de nuestro gran teatro nacional. Uno se puede adentrar mejor por la sociedad de aquél tiempo a través del teatro que mediante los poemas de otros autores, que con frecuencia son más artificiales.  -Quevedo, escritor y diplomático, ¿cómo soñó la decadencia hispana? ¿Se cumplieron esos suéños?-Los sueños de Quevedo recuerdan a la España de Carlos V, aunque hay unos pasajes históricos de la época anterior. Quevedo está soñando con la España de Carlos V porque a él le hubiera gustado ser un personaje de los tercios viejos carolinos. Pero le toca en suerte vivir la España del Conde Duque de Olivares y de Felipe IV. Ya lo dijo Marañón en su obra magnífica sobre Olivares: el Conde Duque creyó, y esta fue una de sus confusiones, que podía actuar en el mundo del siglo XVII como había actuado Carlos V. Creyó que tenía entre sus manos una España tan briosa, con tanto ímpetu como la que Carlos V había gobernando, y verdaderamente era una España consumida y gastada por más de un siglo de luchas y de insensatas guerras.