El autor, ayer, durante la presentación de su novela. Chema Barroso

Fernán-Gómez rompe en «Capa y espada» con los cánones de la novela

Fernando Fernán-Gómez ha revolucionado los cánones de la novela en «Capa y espada» (Espasa), crónica, relato y tránsito en magistral intriga de Juan de Tassis Peralta, conde de Villamediana, que deslumbró en la nueva corte y llevó su osadía al extremo de convertirse en rival del mismísimo rey Felipe IV en lances de amor. Fernán-Gómez analiza los motivos y el crimen del conde.

MADRID. Antonio Astorga
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Fernando Fernán-Gómez advierte al curioso lector: «Capa y espada» es «una novela, no un documento ni un testimonio fidedigno de ciertos sucesos. Tiene buena -o mala- parte de invención». Personaje capital de la corte de Felipe IV, admirado por sus conquistas y osadía, por sus sonetos satíricos y punzantes próximos a Quevedo, el conde de Villamediana cautivó a Fernán-Gómez a la edad de cinco años. Tres cuartos de siglo después ha escrito una fabulosa trama cuyo interés crece en cada capítulo y en la que asoman el conde-duque de Olivares, Luis de Góngora, Matías Gato o el matón Felipe el Zurdo, entre otros personajes.

-¿Qué hay, pues, de nuevo de Villamediana en «Capa y espada»? En una abarrotada chocolatería del callejón donde le apuñalaron el alma al conde y haciendo gala de su excelente sentido del humor, don Fernando respondió a las preguntras con las que fue asaeteado. Veamos:

-Lo más nuevo es que hay de este personaje es el descubrimiento que hizo, basándose en fuentes muy veraces, Narciso Alonso Cortés. Y con esta faceta de la personalidad de Villamediana también estaba de acuerdo Marañón. Esta característica especial luego fue rebatida en su discurso de ingreso en la Academia por Luis Rosales. Pero yo me encuentro más de acuerdo, aunque no soy un científico, con la tesis de Marañón.

EL CONDE BISEXUAL

-¿Qué tesis eran esas?

-Yo creo que la imagen que ha quedado de él, en realidad, y que han estudiado estos investigadores en más profundidad es esa. Me refiero a Marañón y Alonso Cortés. No es que fuera un afeminado. A mí la impresión que me da es que era bisexual. Y para él, yo creo entender, que la homosexualidad era como un placer añadido. Y para mí esto no es censurable. Yo me adhiero a las tesis de Marañón en contra de las tesis de Rosales, que cree que es mentira que fuera bisexual, que Villamediana era un macho ibérico de los pies a la cabeza y que siendo un noble español de ninguna manera podía ser bisexual. Eso es lo que dice Rosales apoyándose en documentos de la época. Bajo mi punto de vista, en cuanto a lo moral, es que esto no era un problema moral sino que el hombre se divertía lo más que podía.

Fernán-Gómez ha querido hacer una novela de poder:

-Yo no he sabido utilizar una forma de novela histórica, una forma tradicional, una estructura tradicional. Al ver que no dominaba este estilo intenté ver si conseguía hacer una novela con poder. Digamos, en este caso, una novela en que la estructura fuera totalmente distinta a la estructura de las novelas históricas y casi de la novela en general. Y casi conseguí una especie de estructura que a mí me gustaba, descompuesta, no sucesiva. Ya verán cómo toda la novela se desarrolla en un mismo tiempo. La diferencia fundamental que pueda haber está en la estructura, no en el contenido de la obra. La estructura de mi novela no es nada tradicional sino que procuré que fuera una estructura nueva, que rompiera con los cánones.

«QUE SE SUSPENDA EL TRABAJO»

-¿Está incardinada su personalidad de actor a la intrahistoria de un personaje de la novela? ¿Le sucede a don Fernando lo mismo que a Matías Gato, que deseaba que se suspendiera la representación porque ya estaba cansando del ejercicio de su oficio, ¿Anhyelaba Fernán-Gómez, cuando estaba trabajando como actor, que se suspendiera la representación? Su respuesta es contundente:

-Sí, casi siempre, la mayor alegría que me proporciona el trabajo desde hace muchos años es que se suspenda. Escribir me gusta mucho, más que actuar en cine, en teatro, en tele. Me gusta mucho ya digo pero experimento una gran satisfacción cuando voluntariamente dejo de hacerlo.