Don Felipe celebra la pujanza de lo hispano en la apertura del Instituto Cervantes de Nueva York

Acompañaron al Príncipe el secretario de Estado de Cooperación Internacional, Miguel Ángel Cortés, y el director del Instituto Cervantes, Jon Juaristi

ALFONSO ARMADA, CORRESPONSAL
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NUEVA YORK. Hubo traducción simultánea, pero la inauguración de la nueva sede del Instituto Cervantes en el restaurado Amster Yard de Nueva York fue, ante todo, una celebración del español con todos sus acentos. El Príncipe de Asturias, mostró su satisfacción al inaugurar en «la capital del mundo» un instituto que recupera una antigua casa de postas convertida en oasis urbano por el decorador James Amster y que hoy, tras una «rehabilitación arqueológica», ha recuperado «su carácter arquitectónico e histórico en uno de los espacios más singulares de Nueva York». El Príncipe hizo especial hincapié en la pujanza de lo hispano, cuya presencia, recordó, es «anterior incluso al nacimiento» de EE.UU.

Con la presencia de María Kodama, viuda de Borges, que por la tarde asistió al bautizo de la biblioteca del Cervantes con el nombre del autor de «El Aleph» y que calificó de «espléndidas» las nuevas instalaciones, una representante del gobernador de Nueva York, la puertorriqueña María Román, dio la bienvenida «en nombre del Empire State» tanto al Príncipe como al centro y la enhorabuena a los arquitectos y al Gobierno español por la labor realizada en un conjunto histórico en torno a un jardín que ayer, tras el protocolo, sirvió para que el Príncipe hablara con representantes de la colonia hispana y española, como el escultor Francisco Leiro, cuyas dos figuras sentadas -«Diálogo de sordos»- acentuaban el encanto y el misterio de un rincón convertido en trampantojo por un espejo que situó estratégicamente James Amster y que ha vuelto a reflejar y duplicar el espacio como hacía en sus años de gloria y glamour, a mediados del siglo pasado.

Tras unas palabras en inglés del presidente de la Comisión de Patrimonio, Robert B. Tierny, que no se lo puso fácil al Cervantes para que reconstruyeran «al pie de la letra» los edificios que configuraban el Amster Yard, y que celebró el resultado y tuvo, también, palabras de encomio del alcalde de la ciudad, Michael Bloomberg, que también excusó su asistencia, el director del Instituto Cervantes, Jon Juaristi, dio las gracias al Príncipe porque era la segunda vez que participaba en un acto semejante, después de haber acudido en marzo pasado a Berlín para inaugurar otro Cervantes. Juaristi citó las palabras de una de las asistentes, la escritora Barbara Probst Solomon, otra enamorada de España, al decir que con el Amster Yard se ha recuperado lo mejor de dos tradiciones, la neoyorquina y la española.

Voluntad de colaboración

Juaristi resaltó la voluntad de colaboración del instituto tanto con la ciudad, en general, como con el mundo hispano, en particular, y citó a las instituciones que han sido copartícipes de encuentros en el pasado y lo serán en el porvenir, desde el Museo de Arte Moderno al Museo del Barrio, pasando por las tres universidades (New York University, Columbia y la Universidad de la Ciuda de Nueva York), el Spanish Intitute, Teatro Thalía y la Hispanic Society.

Se quedó pequeño el auditorio excavado en el duro subsuelo de Manhattan para escuchar al Príncipe de Asturias, que tras recordar que cada sede del Cervantes «se adapta a las circunstancias de su realidad específica para establecer un espacio de diálogo y de convivencia», recordó que la nueva sede «se inaugura en una ciudad que ha sufrido una terrible tragedia» como «muestra de apoyo y confianza en los neoyorquinos, en ese universo complejo en el que lo hispano tiene una presencia cada vez más importante». De «elemento decisivo en el desarrollo de Estados Unidos» calificó a la población hispana, de la que dijo que es «laboriosa y aporta lo mejor que tiene al bienestar de la sociedad de la que forma parte», antes de concluir: «Amster Yard se une a la red de centros del Instituto. El tiempo lo llenará de contenidos».

Fue el comienzo de una larga jornada para el Príncipe de Asturias, que horas después inauguraría la exposición «The Real Royal Trip (El verdadero viaje real)», en el segmento más contemporáneo del MOMA, P. S. 1, y donde, bajo la batuta del comisario suizo Harald Szeemann y el patrocinio del Ministerio de Asuntos Exteriores y empresas privadas españolas, veinte artistas españoles y latinoamericanos tratan de poner una pica en el concurrido y disputado flandes del arte neoyorquino, sector Queens.

Por la noche presidiría en casa del embajador ante la ONU, Inocencio Arias, una cena en homenaje a figuras que como el doctor Valentín Fuster o el investigador Craig Venter habían recibido en ediciones pasadas el premio que lleva su nombre.