Don Felipe aboga por erradicar el terrorismo como máxima prioridad de las naciones democráticas

Oviedo era ayer la ciudad de la tolerancia y del encuentro entre culturas y religiones. Su Alteza Real el Príncipe de Asturias entregaba los XXI galardones que llevan su nombre con un canto a la concordia y una enérgica condena al terror, al fanatismo. Don Felipe subrayó que la erradicación del terrorrismo «debe ser una máxima prioridad de la comunidad internacional de naciones libres y democráticas».

OVIEDO. Antonio Astorga
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«Que no se quiebre todavía el hilo / sin fin de la esperanza y la memoria dure / bajo la luz tendida de la tarde». El Teatro Campoamor escuchaba a Don Felipe con un respetuoso silencio. Le escuchaba Su Majestad la Reina, cuatro ministros (Del Castillo, Álvarez Cascos, Birulés y Matas), infinidad de creadores y miles de personas que abarrotaban el edificio y seguían su discurso en las pantallas gigantes instaladas por toda Vetusta. Don Felipe declamaba emocionados versos para que iluminen esta hora difícil del mundo, para que la historia de los hombres no sea una vez más la de las guerras, para que las conciencias y voluntades hallen en Oriente Medio su cauce de concordia. Un instante después, el unánime aplauso sellaba unas palabras que sueñan con una Humanidad para la que no exista, nunca, el desaliento. Se cerraba así una emotiva entrega de los premios Príncipe de Asturias con un canto a la concordia y una enérgica condena del horror y los fanatismos.

HERVIDERO DE CULTURAS

El Hotel Reconquista era ayer un hervidero de culturas, de religiones, de creencias, de tolerancia. El ejemplo es Doris Lessing, nacida en Irán, amamantada en Persia, criada durante su juventud en una granja en Zimbawe, luchadora contra el racismo, litigadora contra el «apartheid» y residente, por motivos políticos, desde hace más de medio siglo en Inglaterra. Lessing advierte contra la desaparición de las Humanidades, del griego, del latín, señala con el dedo a Bush -«que se ha comportado como un sanguinario»- y confiesa que cuando se siente pesimista, piensa en España, a principios de la Edad Media, en Córdoba, en Granada, en Toledo, en otras ciudades del sur, donde cristianos, musulmanes y judíos convivían en armonía.

Doris Lessing, que horas más tarde entraría del brazo de Steiner en el Teatro Campoamor, era saludada cariñosamente por Don Felipe en la audencia que concedía por la mañana a todos los galardonados y a la que se incorporó, tras un extraordinario «sprint» por el salón Covadonga, Doña Sofía. La Reina, el Príncipe de Asturias y todos los premiados posaron para una foto de familia repleta de libertad, de pasión creadora, de esperanza, de paz y de tolerancia. Paradigma de ello es George Steiner, cuya obra representa una armónica fusión de pueblos, etnias y culturas diferentes. El profesor, pensador y ensayista puso el dedo en la llaga de la convivencia lingüística y así señaló que «el español sufre a la vez amargos conflictos internos y reivindicaciones independentistas locales y el apartheid lingüístico». Junto a Steiner y a Lessing, asoman en la foto Francis Collins, Hamilton Smith, John Sulston, Craig Venter y Jean Weissenbach (galardonados con el premio de Investigación Científica y Técnica), cartógrafos del genoma humano y adalides del «libro de la vida». En esa foto, la Ciencia se codea con el Derecho y la Casa de España en México que acogió a más de medio millar de exiliados. Don Juan Iglesias, maestro de juristas, comparte el premio de Ciencias Sociales con el Colegio de México, representado por su presidente, Andrés Lira. Premios para el diálogo entre culturas, reflejadas en las manos del músico polaco Krysztof Penderecki (Príncipe de Asturias de las Artes), compositor de la fraternidad universalizada. Y defensor de la vida, como la Red Mundial de la Biosfera de la Unesco (premio de la Concordia).

BUSCAR LO QUE NOS UNE Y NOS SALVA

El deporte, encarnado por Manuel Estiarte -el Pelé del waterpolo-, completa esta fotografía de tolerancia. El fallo de este galardón coincidió con los atentados ocurridos en EE.UU., que nos deben impulsar, dijo Don Felipe, a la búsqueda de lo que nos une y nos salva, es decir, el amparo y la generalización universal de los derechos humanos, el respeto a las diferencias entre culturas y civilizaciones y el convencimiento de que la religión constituye una honda actitud ética y espiritual que nos ayuda a ir al encuentro de los demás.