Una imagen de Hemingway en 1918, cuando sirvió como voluntario de la Cruz Roja en Italia
Una imagen de Hemingway en 1918, cuando sirvió como voluntario de la Cruz Roja en Italia - ABC

Fedele Temperini, el soldado que salvó la vida a Hemingway en la Primera Guerra Mundial

Desvelan la identidad del hombre que, en la noche del 8 de julio de 1918, sirvió, sin pretenderlo, de escudo humano al escritor

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Se desvela un misterio después de un siglo. Finalmente, se ha descubierto la identidad del soldado italiano que, en la noche del 8 de julio de 1918, salvó la vida de Ernest Hemingway durante la Primera Guerra Mundial. Se llamaba Fedele Temperini, tenía 26 años y era de Montalcino (Siena). Un disparo de mortero, que partió desde el frente austro-húngaro, destrozó el cuerpo del joven soldado, que estaba delante del futuro escritor, haciendo de escudo, sin pretenderlo, pues se acercó a él para pedirle cigarrillos. Hemingway, que tenía entonces 18 años, había llegado en moto a ese lugar del frente para distribuir chocolate y tabaco a los combatientes como voluntario de la Cruz Roja americana. El estadounidense resultó gravemente herido y fue transportado a un hospital de Milán, donde permaneció ingresado durante seis meses.

Según recoge el «Corriere della Sera», el biógrafo estadounidense James McGrath Morris, con la ayuda del historiador Marino Perissinoto, ha dado nombre al joven soldado. «De no ser por Temperini, no habríamos oído nunca hablar de Hemingway», asegura Mcgrath Morris. En el lugar donde fue herido, en la orilla del río Piave (Venecia), hay una placa que recuerda al autor de «Fiesta». Pero ni una palabra sobre quien estaba a su lado, su involuntario «salvador», que ha permanecido como «soldado desconocido» durante más de un siglo.

Cuando Estados Unidos entró en guerra, Hemingway se presentó como voluntario para combatir en Europa, como hicieron otros jóvenes aspirantes a escritores, entre ellos Dos Passos, Faulkner o Scott Fitzgerald. Fue excluido de la sección de combatientes por un defecto en la vista y destinado al servicio de ambulancias como conductor, en la Cruz Roja americana.

En el libro «The Ambulance Drivers: Hemingway, Dos Passos and Friendship Made and Lost in War» (2017), McGrath Morris transcribió los nombres de los 18 soldados que, según los documentos oficiales, murieron en la batalla la noche en que Hemingway fue herido. Entre aquellos nombres, ha logrado identificar al joven soldado que salvó la vida a Hemingway. Curiosamente, Perissinoto, un apasionado de la historia bélica que vive en San Donà di Piave, a tan solo siete kilómetros de Fossalta, lugar de la batalla, leyó el libro de McGrath Morris y se puso en contacto con él. Perissonotto realizó una investigación para dar con el nombre del salvador de Hemingway. «Identificando los lugares donde estaban distribuidos los 18 soldados, la búsqueda final se limitó a tres que cayeron en aquella zona el 8 de julio. Dos pertenecían al 152 Regimiento de Infantería de la Brigada Sassari, que se encontraba a cierta distancia del río Piave. El tercero pertenecía al 69 Regimiento de la Brigada Ancona, que estaba situado justamente en la primera línea, en Fossalta, en la zona donde se registraron los combates más duros».

Es, precisamente, este tercer soldado fallecido en la batalla el «salvador» de Hemingway, según la reconstrucción de Perissinotto y McGrath Morris. El historiador italiano contrastó los datos con un informe de la Cruz Roja en el frente, donde se especifica que atendieron a un herido estadounidense en aquella batalla y a un soldado del 69 Regimiento de la Brigada de Ancona, que falleció. Perissinotto y McGrath Morris afirman que se sienten muy seguros de «haber dado con el nombre del salvador de Hemingway, Fedele Temperini, lo que significa rendir justicia y honor al joven soldado».

Mientras se recuperaba de sus heridas en el hospital de Milán, Hemingway conoció a una joven enfermera, Agnes von Kurowsky, con la que mantuvo una historia de amor. Nunca se interesó por conocer el nombre del soldado cuyo sacrificio salvó inadvertidamente a uno de los grandes de la literatura del siglo XX. Ahora, al menos, se le podrá rendir tributo a Fedele Temperini, uno de los 600.000 italianos que murieron en ese frente del Piave, y que merece, como cuenta Mcgrath Morris, «ser recordado en las biografías del escritor».