Detalle del cuadro anónimo del siglo XVII conocido como «El Aire» - Museo del Prado / Vídeo: En vídeo: «Fuimos los Primeros», la instantánea que evoca la gesta de Elcano

Aves del paraísoEl exótico cargamento que trajo Elcano de la primera vuelta al mundo y se convirtió en leyenda

Un historiador del arte identifica en un cuadro del Prado un ave del paraíso como las que llegaron en la nao Victoria en 1522

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Hasta ahora se ha creído que la figura femenina que encarna « El Aire» en un cuadro anónimo del siglo XVII del Museo del Prado portaba en la mano un haz luminoso, en alusión a la tormenta y el relámpago, pero el historiador del arte José Ramón Marcaida acaba de descubrir que esas pinceladas representan algo muy distinto. Este profesor de la Universidad de St. Andrews (Escocia, Reino Unido) cree que lo que realmente sujeta la mujer en este lienzo, actualmente en depósito en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid, es una exótica ave, como las que llegaron a Europa con la expedición de Magallanes-Elcano.

El 6 de septiembre de 1522, la nao Victoria atracó en Sanlúcar de Barrameda con los 18 navegantes que, con Juan Sebastián Elcano a la cabeza, habían logrado sortear mil y un peligros y completar la primera vuelta al mundo. En las bodegas llevaban el codiciado cargamento de especias, objetivo inicial del viaje, pero también un singular regalo del rey de Bachian (una de las islas Molucas) a Carlos I que apenas se menciona cuando se habla de la primera circunnavegación del globo. A bordo traían unas preciadas aves del paraíso.

«Cuentan que vienen del Paraíso terrenal y les llaman bolon divata, que quiere decir, pájaro de Dios», escribió Antonio Pigafetta, uno de los supervivientes de la expedición. Según su testimonio, el rey de Bachian les dio dos ejemplares, aunque otras fuentes hablan de hasta cinco aves del paraíso. Sea cual fuera su número, «el gesto de regalar estas aves dice mucho de su valor como símbolo de poder y estatus en el contexto de las Molucas», subraya Marcaida, que lleva años estudiando el papel de las imágenes en la historia de la ciencia, especialmente las imágenes de animales y plantas considerados raros en Europa debido a su procedencia «exótica».

Según el relato de Maximilianus Transilvanus, secretario de Carlos I, en su carta «De las islas Molucas» (1523), algunos gobernantes locales lucían estas aves en combate, pues creían que les protegerían de sus enemigos.

En el sudeste asiático sus plumas eran muy apreciadas para la elaboración de penachos y adornos y debieron gozar de una amplísima distribución gracias a las rutas comerciales que conectaban el sudeste asiático con China, la India, Oriente Medio, África y Europa.

Por este motivo, y porque ya se tenía noticias de este pájaro y sus vistosas plumas, Marcaida duda que los ejemplares de la nao Victoria fueran las primeras aves del paraíso conocidas en el continente europeo, como habitualmente se dice. «Es probable que tanto por vía terrestre como por vía marítima otros ejemplares llegaran antes, de la mano de comerciantes, soldados, piratas u otro tipo de intermediarios», señala.

Hoy se conocen bien las numerosas especies de esta familia de aves originaria del archipiélago de las Molucas y la isla de Nueva Guinea, en la actual Indonesia oriental. «Es fácil encontrar imágenes de su espectacular plumaje o de sus curiosos bailes gracias a documentales como "Planet Earth", de David Attenborough, pero en los siglos XVI y XVII el conocimiento que se tenía de estos pájaros en Europa era totalmente diferente y, desde luego, mucho más limitado», argumenta el profesor de St. Andrews.

La leyenda del ave sin patas

Todos los ejemplares llegados a Europa en este periodo habían sido disecados para preservar su preciado plumaje, un proceso que implicaba cortarles las patas. Pronto se identificó la falta de patas como uno de los distintivos del ave del paraíso y nació la leyenda. Marcaida explica que en Europa se empezó a creer que estas aves carecían de patas con las que posarse y que se pasaban toda su vida volando, lo que vino a reforzar su asociación con lo divino. «Esta creencia no hizo sino acrecentar la fascinación europea por estos "pájaros celestes", que muy pronto se convirtieron en uno de los objetos más codiciados por parte de coleccionistas de curiosidades», relata el investigador de St Andrews, antes de señalar que todo cuarto de maravillas de cierto prestigio incluía algún ejemplar de ave del paraíso. «Rodolfo II, en Praga, llegó a tener más de una docena, algunas sin patas y otras con ellas», añade.

Su naturaleza ápoda incluso fue objeto de debate entre naturalistas, aunque Pigafetta ya describió estas aves con patas «del grueso de una pluma de escribir» y autores como Carolus Clusius demostraron que no se distinguía del resto de los pájaros. A pesar de las evidencias, «el ave del paraíso adquirió un status cuasi legendario, similar al de otras aves míticas como el ave fénix o el ave huma de la tradición persa», relata el historiador del arte.

Detalle de Baltasar
Detalle de Baltasar - Museo del Prado

Proliferaron las imágenes dedicadas al ave del paraíso en cuadros, dibujos, tratados de historia natural, libros de emblemas... Marcaida, que estudia desde hace años la presencia de este pájaro en la cultura visual de los siglos XVI y XVII («Arte y ciencia en el Barroco español», 2014), reconoció una de estas aves en « La Adoración de los Magos» de Rubens que forma parte de la colección del Prado. Nadie hasta entonces había caído en que el penacho de plumas que adorna el turbante de Baltasar es en realidad un animal, con cabeza y pico. «Conocía otros ejemplos de aves del paraíso en cuadros de pintores flamencos, como Jan Brueghel el Viejo, gran amigo y colaborador de Rubens, pero este detalle de «La Adoración de los Magos» había pasado inadvertido», señala el investigador. A su juicio, la inclusión del vistoso pájaro en el lienzo «sugiere muchas lecturas, entre ellas el interés de Rubens por demostrar su conocimiento de historia natural, la asociación del ave del paraíso con el exotismo oriental, o la dimensión comercial vinculada a su lugar de origen: las Molucas, entonces llamadas Islas de la Especiería».

Su último hallazgo es el del cuadro «El Aire» del Prado, perteneciente a una serie de pinturas dedicadas a los Elementos. El ave del paraíso, explica, es un «motivo frecuente» en alegorías de este elemento «entre otras razones porque se pensaba que, al igual que el camaleón, solo se alimentaba de aire».

«He encontrado un cuadro similar donde el detalle del ave del paraíso se aprecia con toda claridad, lo cual me anima a pensar que estoy en la dirección correcta», añade.