Barcellona y D´Arcangelo, en un momento del ensayo. A. O.

Excepcional Zedda en «La italiana en Argel» ovetense

Por Cosme MARINA
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Para hacer en condiciones una ópera de las características de «La italiana en Argel» se necesita algo más que buenas intenciones. La primacía ha de estar en el establecimiento de un criterio estilístico serio y solvente, en el trabajo conjunto del equipo de cantantes que, además, han de poseer notables dotes como actores, y en una orquesta capaz de plegarse a las exigencias del discurso rossiniano. Todas estas premisas estuvieron presentes en el estreno del título que cierra la 53 Temporada de Ópera de Oviedo.

Es la primera vez que en el ciclo lírico asturiano se llevaba a escena «La italiana» y, como no podía ser de otro modo, Alberto Zedda se encargó de sacarla adelante. Aún está reciente su monumental éxito en «El viaje a Reims» del Festival Mozart de La Coruña. El director milanés confirma con esta nueva apuesta lírica su madurez en un repertorio que domina como pocos. Desde la obertura —braveada por el frío público carbayón— hasta el final propició Zedda un festín de buena música. La lectura de la obra no dejó de lado ni una sola de las múltiples aristas de la partitura. La comicidad, la leve ironía y la inagotable capacidad melódica quedaron plasmadas en una versión en la que la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias realizó una de las mejores actuaciones de los últimos años.

Contribuyó al perfecto entendimiento foso-escena la interesante propuesta escénica de Pier Luigi Pizzi. Creada para la Ópera de Montecarlo, en 1990, ya se ha visto en Madrid y San Sebastián. Ahora llega a Oviedo y mantiene intacta su capacidad de seducción. Su grandeza reside en un planteamiento aparentemente sencillo que tiene tras de sí un trabajo concienzudo —estupenda fue, en este sentido, la labor de Mario Pontiggia, que sacó adelante la dirección escénica de Pizzi con solvencia pese a la premura de los ensayos—. Pizzi asienta la comicidad en una gestualidad extrema y saca el máximo partido a un vestuario sugerente y a una iluminación matizada y colorista.

El reparto funcionó en su conjunto, sin fisuras. Daniela Barcellona se erigió como la gran triunfadora de la velada. Su Isabella es fascinante. Dotada de una voz excepcional, de rico timbre y amplio volumen, aborda el personaje con originalidad, sin deudas con las rotundas interpretaciones de otras mezzos rossinianas. La meteórica ascensión en el universo lírico confirma su enorme potencial. Tanto Ildebrando D’Arcangelo como Bruce Ford son dos cantantes en plenitud que cuentan por éxitos sus aportaciones a este repertorio. No fue aquí una excepción. El Mustafá de D’Arcangelo es impecable y el Lindoro de Bruce Ford arrasa por su dominio técnico. También José Fardilha, Tatiana Davidova, Thais de la Guerra, mantuvieron el nivel, al igual que el Coro de la Asociación de Amigos de la Ópera. Ha sido «La italiana» lo mejor de la temporada, el espectáculo más compacto y artísticamente el más interesante.