El excéntrico pintor Dalí
El excéntrico pintor Dalí

Esto es lo que pensaba Dalí sobre los grandes maestros

Una exposición en Mónaco rastrea las fuentes de las que bebió el artista, que se reivindica como pintor clásico

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A los 6 años quería ser Napoleón, pero a los 15 ya tenía claro que quería ser Dalí. A los 45, su objetivo era salvar el arte moderno del caos y la pereza. «¡Triunfaré!», vaticinaba. Así reza en la dedicatoria del libro que en 1948 Salvador Dalí publica en Estados Unidos: «50 secretos mágicos para pintar», un tratado de pintura, similar al que hizo Leonardo –Dalí tenía en su biblioteca una edición en francés–, en el que se reivindica como pintor y se autocelebra como artista clásico. Absorbió, como pocos, la tradición. Desde que era estudiante en la Academia de Bellas Artes de Madrid, entre 1922 y 1926. Los domingos por la mañana solía acudir al Prado a ver las obras de los grandes maestros. ¿Qué hay de nuevo?, le preguntaban. «Velázquez», respondía siempre el joven Dalí.

Lo más curioso de aquel libro es que incluye, manuscrito, un ranking de sus pintores preferidos, establecido mediante puntuaciones, siguiendo parámetros como técnica, inspiración, color, dibujo, genio u originalidad. Puntúa a once artistas, él incluido. Los cinco con mejores notas, por este orden, son: Vermeer, Rafael, Leonardo, Velázquez y Picasso. Dalí no sale mal parado en su autoexamen (se adjudica un 19 sobre 20 en genialidad). Quienes no se salvan de la quema son Mondrian y Bouguereau. Los otros artistas «examinados»: Meissonier, Ingres y Manet. Tenía pensado incluir a Fortuny, pero tacha su nombre en la lista y lo descarta. Óscar Tusquets evoca no solo las filias, sino también las fobias pictóricas del artista español, en frases que recuerda haberle dicho Dalí:«Turner es la demostración palpable de que es imposible ser inglés y un gran pintor a la vez»,«No es extraño que Van Gogh acabase cortándose una oreja, es lo mínimo que podía hacer viendo los cuadros que le salían», «Cézanne es el caso de impotencia pictórica más flagrante que conozco»... Dalí en estado puro.

En la producción pictórica daliniana hay rendidos homenajes a los maestros antiguos... y a alguno de sus coetáneos. Da buena cuenta de todo ello «Dalí, una historia de la pintura», retrospectiva comisariada por Montse Aguer, directora de los Museos Dalí, y en la que ha colaborado la Fundación Gala-Salvador Dalí, que ayer fue inaugurada por el Príncipe Albertoen el Fórum Grimaldi Mónaco, con asistencia de la Infanta Doña Cristina, patrona de la Fundación. En 1938, en plena Guerra Civil española, Gala y Dalí viajaron a Italia. Tras su paso por Roma y Florencia llegaron a «La Pausa», la villa que tenía Coco Chanel, buena amiga de la pareja, en Roquebrune-Cap-Martin, muy cerca de Mónaco. Allí se quedaron cuatro meses y Dalí pintó –con una paleta sombría y paisajes áridos y desolados–, obras como «Violetas imperiales». En uno de sus viajes al Principado –le gustaba visitar el Casino y el Café de París–, Dalí matriculó el célebre Cadillac que se exhibe en el Castillo de Púbol.

Curiosidad sin límite

El pintor regresa a Mónaco con una retrospectiva que reúne un centenar de obras, entre pinturas, dibujos, documentación y fotografías que abarcan de 1916 a 1983. La mayoría, cedidas por la Fundación Gala-Dalí de Figueras. Están presentes todas sus etapas creativas. Curioso hasta el extremo, no hay ismo, ni movimiento artístico que le fuera ajeno: impresionismo, cubismo, pintura metafísica, místico-nuclear y estereoscópica; fauvismo, futurismo, surrealismo, pop art, hiperrealismo, abstracción... En esta última siguió los pasos de Miró, quien por cierto pasa también este verano, como Dalí, en la Costa Azul. Sus obras se exhiben en la Fundación Maeght de Saint-Paul-de-Vence. En los últimos años (deja de pintar en 1983, poco después de la muerte de Gala), un anciano y deteriorado Dalí vuelve sus ojos a Miguel Ángel y a Velázquez. Y se revisita a sí mismo.

Reproducción del manuscrito de la tabla comparativa de los valores de once artistas
Reproducción del manuscrito de la tabla comparativa de los valores de once artistas

Las huellas de Vermeer, Rafael, Leonardo, Velázquez y Picasso (los mejor puntuados en su particular ranking) están presentes en una parte destacada de la exposición, con cuadros en los que Dalí les rinde homenaje. Este año se celebran el 30 aniversario de la muerte de Dalí –ésta es la exposición conmemorativa– y los 500 años del fallecimiento de Leonardo. Para el español, el maestro renacentista fue uno de sus referentes: se inspira en él desde el pabellón Sueño de Venus, hasta la Leda leonardesca metamorfoseada en Gala, la restitución de «La batalla de Anghiari» a través de una copia de Rubens o los juegos surrealistas que hace con la Gioconda. La exposición, que se centra en el Dalí pintor y no en el excéntrico y célebre personaje (en una foto aparece con la Princesa Gracia de Mónaco en el hotel Meurice de París en 1967), pretende revelar de qué forma encontró su lugar en la Historia del Arte. Según Montse Aguer, «nuestra apuesta es focalizarnos en la pintura, en los distintos movimientos de los que se alimentó Dalí, en los grandes maestros del arte que influyeron en él y, por tanto, en su técnica, muy personal. Queremos presentar al público la intimidad de Dalí en su taller, en privado, pintando durante largas horas, observando a los grandes maestros, pero también el presente y a sus coetáneos. Queremos mostrar a un Dalí que sentía una pasión visceral por la pintura. Se erige como pintor, escritor y pensador, como humanista, al modo de sus admirados maestros del Renacimiento».

El montaje de la exposición, que abre sus puertas hasta el 8 de septiembre, evoca el taller de Dalí en Portlligat (el único fijo que tuvo en toda su carrera), con sus paredes encaladas y sus ventanas, a través de las cuales se ven los paisajes de la Costa Brava que tanto le inspiraron. En el corazón de la muestra se recrea el taller ideal que Dalí proyectó para Portlligat en forma de icosaedro, siguiendo de nuevo los pasos de Leonardo. Un sueño que nunca se cumplió.