Este es el curioso origen alquímico de los primeros fuegos artificiales

Ahora se utilizan para celebrar numerosas fiestas, pero nacieron como un posible medio para alargar la vida

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El verano es, entre otras cosas, el tiempo de los fuegos artificiales, esas estrellas efímeras con las que iluminamos las noches calurosas y adornamos fiestas y festejos. Por ejemplo el de esta noche, ese día (noche) del Carmen que se celebra en tantos lugares de España.

La historia del origen de los fuegos artificiales nos lleva a China, a principios del siglo IX, en pleno auge de la alquimia, esa ciencia que buscaba engañar a la muerte y tocar la inmortalidad. La alquimia nunca logró tal azaña, pero nos dejó una bonita explosión de colores por el camino.

Según se cuenta en «Gunpowder, Explosives and the State: A Technological History», los fuegos artificiales nacieron cuando un estudioso de la alquimia, buscando la fórmula para prolongar la vida humana, mezcló carbón con nitrato de potasio (un conservante de alimentos por aquel entonces) y azufre. Al calentar la mezcla todo explotó.

Así lo señalaba un texto del siglo IX: «Se producen humo y llamas, de modo que se quemaron las manos y las caras [los científicos], e incluso se quemó toda la casa donde trabajaban».

Más tarde, ese polvo empezó a introducirse en cañas de bambú o tubos de papel, y se utilizaba para amenizar ceremonias religiosas y festines de año nuevo. Se creía, además, que el ruido de las explosiones ahuyentaba a los espíritus malignos.