Juan Muñoz, junto a la maqueta de uno de sus proyectos, que cuentan con el reconocimiento internacional, ABC

La esquizofrenia inspira el proyecto de Juan Muñoz para la Tate Modern

LONDRES.José Manuel Costa, corresponsal
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Juan Muñoz presentó ayer en Londres lo que sin mayores dudas puede calificarse como el mayor proyecto museístico que pueda encargarse a un artista. Tras Louis Burgoise, el madrileño será el segundo de los cinco artistas invitados bajo el patrocinio de Unilever para intervenir en la ya casi famosa «sala de turbinas» de la Tate Modern, ese nuevo museo que en un cortísimo espacio de tiempo se ha convertido en un referente central del arte contemporáneo.

PROYECTO GIGANTESCO

Habrá quien sospeche de las hipérboles, pero en esta ocasión los números hablan un lenguaje unívoco: el espacio que ocupará la obra mide aproximadamente 62 metros de largo por unos 27 de ancho y unos 30 de alto. «Son unas magnitudes que casi dan miedo», dice un Juan Muñoz que ahora procura aparentar tranquilidad: «A estas alturas ya está todo hecho. Ya no hay nada que cambiar, todo está pagado o contratado. Sólo hay que preocuparse de que se realice sin problemas».

La obra se llama «Double Bind» (Doble Atadura) y tiene relación con estudios sobre esquizofrenia. Y como la mente en esa condición, tiene dos aspectos: dos grandes ascensores que llegan hasta el techo, y una zona baja, cubierta, que debe adquirir cierto aspecto de garaje barroco. En él se dispondrán varias decenas de figuras, «aunque éste es el único aspecto en el que todavía no estoy seguro. Las figuras existen, el espacio se construirá, pero situar las figuras dentro del espacio y lograr un diálogo entre ellas es algo que solo puede ajustarse al final».

Por supuesto, la estructura de un montaje de este tipo no entra en las capacidades del artista «manual», debe realizarlo una empresa y cuál mejor que una en cuyo currículum entran las giras de grupos musicales como U2 o los Rolling Stones. El periodo de montaje durará prácticamente un mes (la inauguración de la obra será el 12 de junio). Durante más o menos dos semanas habrá veintiséis personas trabajando en dos turnos para montar la estructura y los 1.200 metros cuadrados de paneles de madera pintada. Los últimos diez días serán utilizados por Muñoz y sus ayudantes para instalar las figuras.

Pero los restos no vienen sólo del espacio. La Tate Modern acoge los fines de semana casi 15.000 personas diarias «y eso es algo que hay que tener en cuenta. Yo no soy un gran amante de las multitudes en los museos y prefiero verlos cuando están cerrados o dedicarme, como en el Museo del Prado, a esos pintores que no salen en los libros de texto y ante los cuales te encuentras solo. Pero eso no es algo que yo quiera imponer en todas las situaciones y me gustaría que toda esa gente disfrutara con la obra y salieran pensando que les ha cambiado algo. Mi misión es encontrar soluciones».

ARTE ESPAÑOL

No vaya a creerse que este proyecto indica una excelente salud del arte español en el extranjero. Más bien es raro poder acompañar a un artista de nuestras tierras en los prolegómenos y la preparación de un tinglado de grandes magnitudes y proyección como el de la Tate Modern. A pesar de las cíclicas proclamas de optimismo, la presencia del arte español fuera de nuestras fronteras sería prácticamente nula si algunos artistas, entre los que se encuentra Juan Muñoz, no hubieran entendido a tiempo que no cabe esperar gran cosa ni de nuestro mercado ni de nuestras autoridades, presentes o pasadas. Y sin embargo, éste es un artista español. Debe tener algo que ver con el «Double Bind».