Donald Trump, en la celebración del Desayuno de Oración Nacional, el jueves en Washington
Donald Trump, en la celebración del Desayuno de Oración Nacional, el jueves en Washington - EFE

El español, una fuerza incontrolable en EE.UU.

Nuestro idioma se cuela a diario en la vida política, empresarial y cultural de la primera potencia mundial

WashingtonActualizado:

Como cada primer jueves de febrero desde hace medio siglo, el presidente de Estados Unidos participó este año en el Desayuno de Oración Nacional en Washington. Lo que, sin embargo, no sucedía en tiempos de John F. Kennedy o Ronald Reagan era que el rezo se hiciera en español, como ocurrió en esta ocasión. El embajador de Guatemala, Manuel Espina, presente en el hotel Hilton, dijo unas oraciones por Donald Trump y su familia: «Recemos por que Dios le dé la sabiduría y el conocimiento para liderar este país bajo sus principios, que Dios le bendiga».

Aunque carece de tutela o patrocinio oficial de ningún tipo, el español se ha convertido en una fuerza incontrolable en la primera potencia mundial y se cuela a diario en la vida política, empresarial y cultural a pesar de quienes quieren mantener el inglés como lengua franca. Entre ellos se cuenta, por cierto, el presidente, que desde su campaña electoral ha expresado públicamente su intención de que se reconozca el inglés como idioma oficial en el país, de momento sin mucho éxito.

Metamorfosis del idioma

Con casi 49 millones de hispanohablantes, EE.UU. es, tras México, el segundo país con mayor número de personas que tienen el español como lengua materna, incluyendo residentes con y sin papeles. Según el censo, hay unos 58 millones de hispanos en EE.UU., una parte de los cuales se maneja sólo en inglés. A estos hay que añadir los como mínimo 11 millones de inmigrantes en situación irregular, una mayoría de los cuales proviene de Centroamérica y México.

Este colectivo ha hecho suya la lengua, apropiándose de palabras que se han metamorfoseado por su convivencia con el inglés, como por ejemplo «aplicar» a un trabajo, «rentar» un «carro», «manejar» una «van», aspirar la «carpeta», comer «bagels» o «pretzels», ir a una «parada» a favor de los derechos humanos o «hanguear» con los amigos.

Un avance imparable

EE.UU. tiene su propia academia de la lengua, homologada a la Real Academia Española. Se trata de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, que fundó en 1973 el filólogo exiliado durante el franquismo Tomás Navarro Tomás y que hoy dirige el gaditano Gerardo Piña-Rosales. Custodia de un idioma que se habla en EE.UU. desde hace cinco siglos, esta organización funciona sin recursos, ya que no recibe fondos ni del Gobierno norteamericano ni de ningún otro. Sí celebró en septiembre en la Biblioteca del Congreso en Washington un simposio en el que dio cita a estudiosos, filólogos, literatos e hispanistas y analizó, entre otros asuntos, vías para contener la creciente hispanofobia en EE.UU.

Lo cierto es que el español en EE.UU. avanza sin cuidados ni tutelas. Es el resultado del legado español en América y de la existencia misma de este país en un continente con 420 millones de hispanohablantes. Baste como ejemplo una visita del vicepresidente Mike Pence a Florida el 1 de febrero, plagada de constantes proclamas en español: «Viva la libertad», «Queremos una Venezuela libre», «Viva Cuba libre», «Estamos con vosotros». Desde que en 1960 Jacqueline Kennedy grabara un mensaje en español pidiendo el voto para su marido, este idioma se ha hecho más presente en las campañas políticas a medida que ha ido creciendo la población de inmigrantes llegados desde el sur del continente.

El «jaleo» de José Andrés

Hoy, en EE.UU. el español es altamente recomendable, casi imprescindible para quienes quieran triunfar en Washington. Es un secreto a voces que los hermanos Julián y Joaquín Castro –estrellas emergentes del Partido Demócrata, candidato a la presidencia el primero y diputado por Texas el segundo– tienen el impedimento de no hablar español a pesar de ser de ascendencia mexicana. En comparación, quien hasta el mes pasado presidía el Consejo España-EE.UU., el senador y candidato a la vicepresidencia en 2016 Tim Kaine, es capaz de dar discursos íntegros en este idioma.

Mucha presión hay sobre el chef español José Andrés para que se presente a senador, tras ser propuesto para el premio Nobel de la Paz por alimentar a Puerto Rico tras el paso de un huracán. José Andrés, que fue invitado el martes al discurso sobre el Estado de la Unión de Trump, es responsable de que los norteamericanos se hayan acostumbrado a pronunciar una palabra en principio tan complicada para ellos como «jaleo», pues es el nombre que le ha dado a una exitosa cadena de restaurantes con sucursales en Washington, Las Vegas y Orlando.