«Gadafi tomó el poder con un golpe de Estado en la televisión»
Carlos Robles Piquer - MIGUEL BERROCAL
entrevista

«Gadafi tomó el poder con un golpe de Estado en la televisión»

Carlos Robles Piquer es diplómatico, político y doctor por la Complutense

ANTONIO ASTORGA
Actualizado:

-El Tribunal de Orden Público casi le procesa, tras 45 minutos de truenos en un Consejo de Ministros de Franco, por un texto suyo en «La Codorniz». Cuente cómo pasó...

-En la sección de humor «¡Oh Qué tiempos!» publiqué «La felicitación», que era una tomadura de pelo a la felicitación que el Gobierno, encabezado por Carrero Blanco, le dirigió a Franco en su 80 cumpleaños. Presentaba a un joven líder, y le sentó al régimen como una cornada en salva sea la parte. Yo, que era subdirector general del ministro López-Bravo, firmaba como«cf2» Juan Español hijo, pero presionaron al director de la revista, Álvaro de la Iglesia. Y vino a visitarme la Policía.

-Y recibió noticias.

-Fui denunciado en el Juzgado de Orden Público, pero al final el juez, que era un hombre bueno, razonable, consideró que no había materia, y que aquello era una broma más o menos pesada. Cuando fui exonerado, con gran cabreo de algunos en el Gobierno, claro, el ministro López Bravo me llamó y me dijo: «Tú necesitas un lavado de decreto».

-Una embajada. Y le enviaron a Trípoli.

-Y ahí me fui, a ser embajador ante Gadafi. Lo vi ocho veces, ahí está la foto en la que le presento las credenciales; él era un joven comandante, que había dado un golpe de Estado. Una cosa me mata de risa: los servicios de inteligencia. No he hallado nada menos inteligente que los servicios de inteligencia. ¿Sabe cómo Gadafi toma el poder en Libia? Pásmese. ¡Con una declaración en televisión!

-¡Toma nísperos!, como diría el inolvidable maestro de energía periodística Jaime Campmany.

Entró Gadafi con ocho oficiales y una pistola cada uno en la Televisión libia, arrinconó al locutor y dijo: «Hemos dado un golpe de Estado, tomado el poder y derrocado al rey \[que tomaba aguas en Turquía. Y desde este momento somos el Gobierno».

-Volvamos a las Españas. Primera: la República.

-La vi llegar a mis seis años desde el balcón de casa. Subían cincuenta personas con una gran pancarta y gritaban: «No se ha marchao, que le hemos echao». Era falso. El Rey se fue voluntariamente. La gestión de la República no pudo ser más desastrosa. Los Azaña, Prieto... no fueron capaces de encauzar aquello en términos de convivencia y respeto mutuo.

-¿Por qué se remueve hoy la zanja republicana?

-Nostálgicos puede haberlos hasta del infierno. Son nostálgicos de un periodo pésimo de la Historia, como la I República, un caos visible y notorio.

-Segunda España: la guerra.

-Fue una brutalidad. Los odios se quedan dentro. Tremendo, y la represión, que todos tenemos que lamentar y condenar. Murió mi madre en un bombardeo de la aviación italiana sobre Barcelona, mi padre perdió su carrera, mi hermano se fue al exilio, lo pasamos mal, como tantas familias...

-La guerra, y un carnívoro cuchillo: la posguerra.

-Muy dura. España estaba destrozada, y no recibía ayuda exterior.

-Tercera España: el franquismo.

-Del franquismo había cosas que me gustaban y cosas que no. Yo prefería un régimen más libre, abierto a las distintas opiniones. Los que trabajamos al lado de Manuel Fraga buscamos abrir horizontes.

-¿Qué no le gustó del franquismo?

-Que tardó más de lo debido en evolucionar hacia fórmulas de mayor libertad. Lo hizo, al final, en parte por la ley de Prensa; al principio fue muy severo. Siempre creí que el franquismo no era desmontable, mientras Franco viviera; era modificable, y nosotros algo hicimos. No era el régimen del futuro.

-Y cuarta España: la democracia.

-Estamos felizmente disfrutando, con todos sus problemillas y pegas, de una etapa de plenitud democrática bajo la orientación y tutela de la Corona. Es la mejor fórmula, salvo que nos volvamos locos.

-¿Ve indicios de locura en la clase política?

-No veo locura, pero sí un nivel menos alto del que uno desearía, sobre todo con este Gobierno.