Enrique Baquedano

Excavando en Olduvai

Los españoles estamos allí gracias a la sabiduría, esfuerzo y tenacidad de mi socio Manuel Domínguez-Rodrigo, codirector conmigo del proyecto y líder del equipo

Enrique Baquedano
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El interés creciente de la sociedad española por el avance de las investigaciones sobre la evolución humana, y el concurso muy meritorio de algunos profesionales de la comunicación, está difundiendo el trabajo que algunos arqueólogos españoles venimos liderando en la garganta del rio Olduvai (Reserva del cráter del Ngorongoro, Tanzania).

En efecto, las tareas que desde el Instituto de Evolución en África dirigimos (con la participación de varias instituciones españolas como las universidades de Alcalá, Complutense, Valladolid, la UNED, y además el CENIEH o el CSIC, en un proyecto en el que también participan centros extranjeros tan prestigiosos como las universidades de Carolina del Norte, Harvard, el MIT o Edimburgo, así como el CNRS francés) desde hace más de una década están saltando de las publicaciones científicas con mayor impacto a los medios generalistas para disfrute de toda la sociedad.

Sí, la sociedad española manifiesta en todos los estudios de opinión realizados un interés por estas cuestiones evolutivas muy superior al de países muy avanzados socialmente en esta materia, como Francia, y muy por encima de otros lugares como Estados Unidos donde, a pesar de tener excelentes equipos de investigación, el gran público acostumbra a ser muy retardatario ante las ideas evolucionistas.

Desde mediados de los años 90 el excepcional trabajo de investigación y difusión realizado por el equipo de Atapuerca ha convertido a España en una de las primeras potencias mundiales en paleoantropología y a la sociedad española en una de las más avanzadas y cultas en estos asuntos.

En este contexto, los arqueólogos (y paleontólogos, geólogos, restauradores, etc) de nuestro país accedieron en 2006 al estudio de los niveles inferiores, los lechos I y II de Olduvai Gorge. Los más antiguos de aquellos barrancos abiertos por un río estacional en el corazón de la sabana, en la planicie del Serengeti.

Allí la familia Leakey y otros grandes investigadores como Glynn Isaac, Lewis Binford, Donald Johanson o Robert Blumenschine han reconstruido los primeros pasos del comportamiento humano. Por ello la UNESCO bautizó a Olduvai como la Cuna de la Humanidad. Allí se describieron las primeras herramientas líticas, unos sencillos cantos tallados, que fueron bautizados por Louis Leakey como la industria olduvayense. Y también la especie que debió manufacturarlas, el Homo habilis, dando lugar a la aparición del género Homo, al que pertenece nuestra especie, los sapiens.

Los españoles estamos allí gracias a la sabiduría, esfuerzo y tenacidad de mi socio Manuel Domínguez-Rodrigo, codirector conmigo del proyecto y líder del equipo.

Acabo de regresar de Olduvai y él aún permanece allí, cerrando la campaña de excavación que todos los veranos nos lleva con los massais. Acompañados por ellos y por la exuberante fauna que en estación seca mendiga unas briznas vegetales y de agua a una tierra muy poco generosa. Salvo en belleza.

Los arqueólogos españoles con la colaboración de los tanzanos y de nuestro equipo internacional, queremos continuar trabajando allí en años futuros para seguir produciendo los descubrimientos más apasionantes sobre el origen del comportamiento hominino.

Y que ustedes y nosotros podamos disfrutarlo.

Enrique Baquedano es arqueólogo.

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