Emilio Lledó: «Epicuro era un rebelde, un político absolutamente incorrecto»

TEXTO: ROSA MARÍA ECHEVERRÍA FOTO: JOSÉ LUIS ÁLVAREZ
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Se acaba de reeditar «El epicureísmo» y, según su autor, la filosofía de la corporeidad y del placer no constituyó en ningún momento esa grosera versión ideológica que una parte de la tradición nos ha entregado. Epicuro fue un globalizador que imaginó una esperanzada política del amorLas paredes de su alma están empapeladas de libros, igual que las habitaciones y los pasillos de su casa. Cada libro es un amigo con el que este catedrático de Historia de la Filosofía se comunica, un amigo con el que discute con frecuencia y se reconcilia al minuto. Por eso afirma que se podría escribir su propia biografía a través de sus libros. Tiene distribuida la casa en lugares estratégicos de trabajo. La mesa del salón le sirve para sus actividades de la Real Academia Española, la mesa del cuarto de su hijo para la correspondencia y así distribuye su horario, de mesa en mesa.

Epicuro, su criatura, ha vuelto a la vida en la reedición de «El epicureísmo» (Taurus), ese personaje que «frente a la mística de las palabras vacías, de los consuelos imposibles y de los premios o castigos de otro mundo, levantó la firme muralla de un mensaje revolucionario».

-¿Quién era en realidad este personaje? ¿Un hedonista? ¿Un utópico? ¿Cómo lo definiría?

-Epicuro era un rebelde, un político absolutamente incorrecto. Lo que a él le interesaba era la política como expansión de la felicidad, como expansión de la vida, una política que tiende a expandir universalmente la seguridad, la felicidad, la justicia, la sabiduría, la belleza... lo que se considera como valores humanos elementales. No se trata de hablar tan sólo de los derechos y los valores humanos para incluirlos en las Constituciones. No, no... se trata de la práctica del derecho humano nuestro de cada día.

-¿Cuál es ese derecho humano nuestro de cada día?

-Es el derecho a la vida, el derecho a la felicidad, entendido no como un derecho a la felicidad sólo, sino como un «bienser», crear seres humanos con estímulos que no sean odiadores del otro, no crear ejecutivos agresivos, expresión que siempre me ha hecho gracia, porque no sé qué ejecutan ni a qué agreden. Es como lo de las armas de destrucción masiva, un día crearán ejecutivos de destrucción masiva. Pero lo importante no es tener, lo importante es ser.

-Según afirma, Epicuro lanzó uno de los mensajes más creadores del pensamiento filosófico. ¿Por qué se ha tergiversado su lenguaje?

-Eso mismo viene en la tradición grecolatina. El propio Horacio habla de que él es un lechón de la piara de Epicuro. En fin, compararte con un cerdo... Además Epicuro era lo más opuesto, un asceta. Utilizando la terminología tradicional, era un ser espiritual, porque la espiritualidad quiere decir que se entrega a los demás, que ama o que quiere amar a los demás. Es esa idea del amor universal que puede parecer utópica, pero que es uno de los componentes más estimuladores de la existencia y del progreso. En vez de pensar que el hombre es un lobo para el hombre, ¿por qué no considerar que es un ser humano para el ser humano? Después de tantos siglos en los que hemos luchado por crear una ideología de la justicia, del bien y de la belleza, ¿por qué no seguir luchando para que el hombre sea un amigo para el hombre?

-¿Es la amistad ese lazo invisible que une a los seres humanos ideológicamente más distanciados?

-Sin duda, este es uno de los fragmentos más bonitos de Epicuro. La amistad vuela por el mundo incitándonos a todos a ser felices. Epicuro fue un globalizador. Es verdad que el mundo de Alejandro Magno y del helenismo era un mundo globalizante. Surge por primera vez la palabra «cosmopolita». Frente al nacionalismo mequetrefe y pequeño es hermoso sentirte humano con los humanos, aceptando después las diferencias. Los pulmones y los ojos de los hombres son muy parecidos. Ahora que está tan de moda la globalización, universalicemos la lucha por la igualdad. Es verdad que no todos somos iguales, porque los niveles de educación y cultura nos desigualizan, pero se trata de una lucha y esta sí que es una guerra bonita.

-¿Qué diría Epicuro si levantara la cabeza?

-Atacaría a la sociedad de consumo. Hemos avanzado mucho, pero el consumismo que sólo produce pseudoriqueza y que acaba consumiendo al consumidor es muy peligroso porque nos ciega, nos entorpece la mente. Una de las características de la mente humana es la capacidad de pensar. Se habla de la libertad de expresión pero lo importante es la libertad de poder pensar sin estar manipulados.