La editora Sigrid Kraus y la «scout» Koukla MacLehose lo descubrieron

D. MASSOT
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BARCELONA. Digan lo que digan, quienes esta vez han atrapado la «snitch» dorada y han ganado la partida son los lectores, los que han hecho de Harry Potter el mejor camino para devolver a niños y adultos el gusto por la lectura. J. K. Rowling tuvo listo el manuscrito del primer volumen a mediados de 1995 y consiguió que el agente literario Christopher Little accediera a buscarle editor. Bloomsbury, una de las firmas de mayor prestigio en el ámbito editorial anglosajón, presidida por Nigel Newton, compró los derechos de la obra y lo publicó en junio de 1997.

Quien tiene el mérito de haber descubierto a Harry Potter para España es Sigrid Kraus, la editora de Salamandra, que apostó desde el primer momento por el libro cuando apenas se le daba importancia.

En la «cadena» de Harry hay, además, una tercera mujer que hizo posible que el personaje de J. K. Rowling llegara a varios países europeos. Es Koukla MacLehose, una «scout» cuyo oficio consiste en otear el horizonte de la literatura en lengua inglesa para informar de las novedades a sus clientes de otros países. Es el gran contacto de los mejores editores españoles.

MacLehose tenía un manuscrito de «Harry Potter y la piedra filosofal», que Christopher Little le había hecho llegar a su despacho. Lo había leído, pero decidió que era una historia muy del Reino Unido y talvez sólo de niños, de manera que descartaba su edición al otro lado del Canal de la Mancha. Un día Koukla estaba en casa y, como cada noche, leyó unas páginas a sus hijos, esta vez del texto que tenía a mano. Esa noche y la siguiente y la siguiente. Al ver el interés de los pequeños, intuyó que algo ocurría con Harry. De modo que el mérito es de ellos.