Hannah Arendt

El editor de Hannah Arendt, Hans Rossner, fue comandante de las SS

RAMIRO VILLAPADIERNA. Corresponsal
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BERLÍN. Arendt, la escritora que viajó a los orígenes del totalitarismo y regresó con nombre propio en la filosofía del siglo XX, no lo sabía; pero él sí: el ex comandante de las SS Hans Rossner y director de la editorial que publicaba a Arendt, se cartea con ella, admirado, durante décadas. Tal vez como vio Viktor Frankl, ese otro filósofo del Holocausto, bajo toda bestia redimida existe al final un ser humano.

«Lo que escribe Vd. sobre la Humanidad y la verdad pertenece para mí a lo más luminoso y excelso que en mucho tiempo se haya podido decir». Así se lo hace saber el ex comandante de las SS Hans Rossner a la autora de «Orígenes del totalitarismo» y «La condición humana», a la que tenía a sueldo en la gran editorial muniquesa Piper.

Todavía hoy, junto al escritorio de Rossner hay una foto enmarcada de la filósofa. «Realmente la veneraba», dice su viuda, sobre la relación de su marido con la escritora judía de Hannover, en «Generation des Unbedingten (La generación de lo inevitable)», del historiador Michael Wildt.

Algo debió de cambiar en el cerebro de este intelectual de las SS que se doctoró con una tesis sobre la «Judaización de la vida espiritual alemana» y se alistó con 23 años en el servicio de información de las SS. Para Wildt, según adelanta «Der Spiegel», es un «ejemplo de la fría normalidad con que los autores volvieron a confrontarse a sus víctimas en la Alemania de la postguerra».

Rossner había sido un entusiasta de la primer hora y vigiló la pureza de la penetración nacional-socialista en círculos intelectuales, denunciando incluso a colegas. En 1940 se alistó en la central del terror y organizadora material del Holocausto, la Oficina Central de Seguridad del Reich (RSHA). El propio Heinrich Himmler firmó su ascenso a comandante de las SS.

Tras la guerra, antiguos camaradas lo ayudaron a iniciar una nueva vida en la editorial Stalling. El gran editor de Munich, Karl Piper, lo contrataría después como director; destacó en los años 60 por su comprensión hacia los círculos radicales juveniles. Nadie sabría que en 1965 fue interrogado y se negó a testificar contra ex camaradas. Por entonces, Hannah Arendt era la estrella de la editorial y Rossner mantenía con ella una subyugada relación epistolar, coronada con varios encuentros personales.

En la correspondencia revelada, Rossner elogia la nueva obra de Arendt sobre la ilustrada hebrea Rahel Varnhagen; asimismo tuteló el reportaje novelado sobre el juicio sumario de su antiguo jefe supremo en las SS, Adolf Eichmann, organizador de la deportación de todos los judíos de Europa.

Rossner pidió únicamente un dictamen jurídico a los abogados sobre las posibilidades de una querella por difamación. La polémica obra se publicó con el título «Informe sobre la banalidad del mal».

A la muerte de Arendt, Rossner discutió la reedición de algunas de sus obras, alegando una caída en las ventas, pero Karl Piper insistió en «la validez del pensamiento» de Arendt. El historiador alemán Wildt no cree siquiera que en esa última objeción de Rossner pudiera haber resucitado el nazi dormido.