Edimburgo, capital de las artes

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Edimburgo es una ciudad diferente en agosto. El Festival Internacional de Arte llena la ciudad de cientos de miles de espectadores y artistas de todo el mundo para una explosión de música, teatro, literatura, cine y arte que dura hasta principios de septiembre. Hay eventos todos los días y para todos los gustos. El Festival Internacional de Música abrió con el «Réquiem» de Verdi, dirigido por Donald Runnicles. El lunes fue el turno de Daniel Barenboim, que volvía después de 20 años de ausencia en este circuito, con la West-Eastern Diwan Orchestra, formada por jóvenes palestinos e israelíes. Anoche fue el Cuarteto de Belcea con la soprano Lisa Milne y esta noche será la Orquesta Sinfónica Escocesa con la «Tercera sinfonía» de Mahler. Pero habrá lugar para una amplia variedad de autores clásicos, una jornada de música kurda y se cerrará con dos grandes citas: «Tristán e Isolda», que ofrecerá en versión de concierto la Sinfónica de Bamberg, dirigida por Jonathan Nott; y el cierre a toda marcha, con la «Séptima sinfonía», iluminada por una fanfarria de fuegos artificiales.

En danza se presenta hasta el viernes la aclamada producción de Christopher Wheeldon de «El lago de los Cisnes», que une al Ballet de Pensilvania con la Orquesta Sinfónica Chaikovski de Moscú. También están presentes el Ballet de Escocia y el Dutch National Ballet.

Hay también teatro de todos los colores. España estará representada por La Cubana, que presenta «Nuts Coconuts», una versión especial en inglés de su exitoso montaje «Cómeme el coco, negro». La programación teatral incluye además desde «La Gaviota», de Chejov, en la versión en húngaro -sin vestuarios ni decorados- de Ketakor Szinhaz, hasta teatro Noh en japonés. La variedad es amplia. Se puede ver la obra completa del irlandés John Millington Synge y tres estrenos mundiales de autores escoceses. Entre las sorpresas está el salto que hacen dos conocidos directores de teatro al regresar a escena con sendas producciones de ópera. El francés Olivier Py dirige una ópera del británico Benjamín Britten, «Curlew River», que es un puente de culturas. Por su parte, Anthony Neilson dirigirá el estreno británico de la segunda ópera del estadounidense John Adams, «La muerte de Klinghoffer», basada en el secuestro del crucero «Achille Lauro».

En el Festival Internacional de Cine se destaca una retrospectiva del director Michael Powell, uno de los maestros de Martin Scorsese; un homenaje a los pioneros del cine documental, dos festivales de cortos y cine de todas las nacionalidades, entre ellas tres películas españolas: «Crimen ferpecto», de Álex de la Iglesia; «Astronautas», de Santi Amodeo, y «Nordeste», de Juan Solanas.

Los libros ocupan también un espacio importante en la actividad de la ciudad escocesa: una de las indudables atracciones será el polémico Salman Rushdie, que presentará su nueva novela, «Shalimar el payaso». Estarán también presentes Julian Barnes y Margaret Atwood. Entre los iberoamericanos destacan Carlos Fuentes, Javier Cercas y Rodrigo Fresán.

Si con los festivales internacionales de música, danza, teatro, cine y libros no alcanza, en Edimburgo se encuentran también los de ciencia, jazz, mundo infantil y hasta tatuajes. El Festival comenzó en 1947, durante la posguerra, como un intento de unir a Europa con todo lo creativo de su acervo cultural para olvidar y superar un siglo que, después de dos devastadoras guerras mundiales, había mostrado todo el potencial destructivo del ser humano.

Pero gran parte del atractivo y el espectáculo se encuentra en las calles mismas de esta fascinante ciudad. Durante tres semanas las fachadas góticas se iluminan con los espectáculos callejeros, con las decenas de miles de visitantes que se pasean a la búsqueda de novedades, con un babel de lenguas que trasciende los limitados confines europeos del festival para asemejarse a una verdadera aldea global del arte.

A pesar de todo esto no dejan de caer críticas contra este festival que pronto cumplirá los sesenta años. Poco antes del lanzamiento de este festival, levantó polvareda la declaración del director de uno de los más importantes centros de espectáculos alternativos, William Burdett-Coutts, quien dijo que el festival vivía anclado en el pasado y que si no se modernizaba se lo llevaría el viento.