Pies de una estatua griega adquirida por los tartesios, prueba de rutas comerciales
Pies de una estatua griega adquirida por los tartesios, prueba de rutas comerciales

El edificio incendiado donde los Tartesios sacrificaron 52 caballos, premio Nacional de Arqueología

El galardón de la Fundación Palarq reconoce la investigación que se lleva a cabo en el asombroso yacimiento de Casas del Turuñuelo (Badajoz)

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Los restos de un sacrificio ritual masivo, con 52 caballos hallados en posición anatómica, son, de momento, la guinda, pero antes de eso los investigadores ya se habían quedado boquiabiertos con la extrañísima bañera-sarcófago que apareció en la primera excavación y la escalinata monumental de tres metros de altura que emergió durante la segunda. Una estructura que, dicho sea de paso, nadie imaginó que pudiesen idear (no digamos ya construir).

Será que el mito, poco a poco, se va tornando realidad. «Ahora tenemos unas ventanas tapadas y no sabemos lo que nos podemos encontrar detrás», subraya el doctor Sebastián Celestino Pérez, arqueólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y responsable de «Construyendo Tarteso», proyecto que rastrea el valle medio del Guadiana en busca de aquella gran civilización que floreció en la Península Ibérica entre los siglos VIII y IV a.C.

Restos de la hecatombe de 52 caballos y otros animales
Restos de la hecatombe de 52 caballos y otros animales - ABC

«Es la primera vez que Tarteso pasa del mito a la realidad arqueológica», añade Celestino, cara visible de un proyecto que fue ayer distinguido con el primer premio Nacional de Arqueología y Paleontología, un galardón impulsado por la Fundación Palarq y dotado con 80.000 euros que quiere reconocer e impulsar el trabajo de Pérez y su equipo en el yacimiento de Casas del Turuñuelo, en Badajoz.

Yacimiento «espectacular»

«Es un yacimiento espectacular por varias razones: una de ellas es el primer sacrificio ritual documentado del Mediterráneo; la otra, esas estructuras de tierra batida en dos niveles», destacó en el momento de anunciar el galardón Luis Monreal, director general de la Fundación Aga Khan y portavoz de un jurado formado por el paleontólogo Yves Coppens; el vicepresidente del Royal Archaeological Institute, Andrew Selkirk; el director del MNAC, Pepe Serra; el catedrático de arqueología Josep Guitart y el periodista Jacinto Antón. «El yacimiento aporta una visión muy relevante para la sociedad y pone de forma muy concreta a una sociedad mítica encima del mapa», añadió Monreal.

En concreto, puntualiza Pérez, el galardón implica dejar de lado definitivamente unas leyendas alimentadas por la mitología griega y romana asociadas a héroes milenarios para centrarse en lo que los investigadores denominan «realidad arqueológica».

O, dicho de otro modo, empezar a reconstruir las huellas y los rastros de aquella confluencia de la cultura fenicia y la población indígena que se dio en el suroeste de la Península Ibérica entre los siglos VII y IV antes de Cristo. Eso, asegura Celestino, fue Tarteso, y eso es precisamente lo que están sacando a la luz unas excavaciones que, a tenor de lo que explican los investigadores, apenas si han comenzado a arañar la superficie. «No hemos excavado ni el 20% del yacimiento, pero cada hallazgo es más sorprendente que el anterior», destaca el director del proyecto.

Entre esas sorpresas, Pérez destaca los restos de 70 animales (52 de ellos, caballos) enterrados de forma ritual y que, añade, constituyen la primera hecatombe documentada de todo el Mediterráneo; el empleo por primera vez en la península del mortero de cal para la fabricación de los sillares de la escalinata; o el edificio protohistórico mejor conservado del Mediterráneo occidental. Es precisamente ahí, en ese edifico de hace más de 2.500 años, donde están esas ventanas tras las que esperan encontrar nuevas y jugosas claves para «la configuración de la primera gran cultura de la Península». Eso sí: el estado de conservación del edificio responde, como suele ser habitual en estos casos, al trágico rito de quemar y sepultar un lugar antes de abandonarlo para siempre. Fuego y hecatombe para intentar borrar unas huellas que, gracias precisamente a eso (y a la mezcla de arcilla y ceniza), son ahora más visibles que nunca.

Si a todo esto le sumamos otros hallazgos insólitos, como los pies de una escultura de mármol de las Cícladas que viene a confirmar que la cultura tartésica también formaba parte de las redes comerciales del Mediterráneo, o las sorprendentes soluciones técnicas y arquitectónicas del edificio, lo que tenemos es una civilización que, según Celestino, de no haber desaparecido abruptamente hacia el 500 antes de Cristo, se habría medido con la cultura griega a la hora de levantar grandes templos. Y es que, como destacó Monreal, «Tarteso fue una entidad política plural, interrelacionada con todo el Mediterráneo, prefigurando la globalidad de nuestros tiempos».

Estreno de altura

Esta inmersión en la realidad de Tarteso permite que el premio Nacional de Arqueología y Paleontología se estrene con nota, con un proyecto que, según los responsables del galardón, «pone de relieve su capacidad de interesar y emocionar a amplias capas de la sociedad española y llevarla hacia la historia de su pasado».

En la contienda final, «Construyendo Tarteso» se impuso a media docena de proyectos entre los que descataban investigaciones sobre la cultura argárica, metodologías de estudio de campos de batalla y asedio en la II Guerra Púnica y proyectos sobre los orígenes de la agricultura y la ganadería en Próximo Oriente, entre otros.