De izquierda a derecha, Craig Venter, Hamilton Smith, Francis Collins, John Sulston y Lean Weissenbach, los grandes investigadores del genoma humano, dejaron su dura competencia para fundirse en un simbólico gesto amistoso. Efe

Discurso íntegro de Don Felipe: «No queremos que la historia de los hombres sea una vez más la de sus guerras»

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Cuando en los valles de esta querida tierra asturiana los milenarios bosques presienten -como dice nuestro poeta- «las lunas anchas y los pequeños días del invierno», celebramos en esta acogedora y culta ciudad de 0viedo la primera entrega de nuestros Premios en el siglo XXI. Nos satisface decir que, tras haber realizado un largo camino, lleno de autenticidad, se han convertido en un luminoso y universal faro de convivencia y cultura.

Asturias conmemora este año el vigésimo aniversario de su Estatuto de Autonomía, y también los centenarios de la muerte de dos escritores, Ramón de Campoamor y Leopoldo Alas, «Clarín», y el bicentenario del nacimiento de Alejandro Mon, economista y hacendista ilustre. Los tres nos han dejado una obra que el transcurso del tiempo no ha hecho sino engrandecer. Campoamor, que da nombre a este hermoso teatro que nos acoge, con su poesía cercana y transparente; Clarín, inteligente e irónico, autor de una de las cumbres de nuestra literatura, la novela «La Regenta», y Alejandro Mon, reformador de la España de su época, representante de la Asturias rigurosa y emprendedora, entregada al servicio de la patria.

ALEGRÍA ENSOMBRECIDA

Por haberlos padecido en su propia carne, Doris Lessing también nos ha prevenido contra las utopías de los idealismos políticos y contra la barbarie del terrorismo, máxima aberración de las ideologías, que ella analiza de forma magistral en sus novelas.

Por todo ello, por tanta singularidad ética y creadora, por su conciencia extremadamente independiente, por el reclamo de la memoria como un grito de su escritura, es tan admirada y leída en todo el mundo. Nos unimos a ese sentimiento y le agradecemos su valioso legado, moral e intelectual.

Una nueva estrella brilla en las noches de la Tierra; una obra de la creación, en este caso, humana. Es la Estación Espacial Internacional, que ha recibido el Premio de Cooperación Internacional, resultado de un gigantesco esfuerzo liderado por las agencias espaciales de Estados Unidos, Europa, Rusia, Japón y Canadá.

Este ambicioso proyecto, en el que intervienen más de veinte mil técnicos de veinte países, no tiene como fin buscar en el espacio utópicas y costosas aventuras, sino mejorar el conocimiento de nuestro planeta para lograr su conservación, tan amenazada, y aumentar en él la calidad de vida. Laboratorios de técnicas muy avanzadas situados en la Estación nos proporcionarán un conocimiento más exacto de nuestro clima, de plantas y animales, del medio en que se desarrolla la vida, que tantas señales de cambio y riesgo nos transmite en nuestros días.

Hacer frente a los peligros que amenazan la vida en la Tierra es, pues, como señaló el Jurado que concedió este Premio, el primer fin de esta aventura científica, sin duda el más importante proyecto civil de todos los emprendidos por el hombre en el espacio que, además, proporcionará una trascendental fuente de información en los campos de la física y la biología y, en general, sobre todas las grandes cuestiones que atañen al conocimiento del espacio interplanetario.

Decía Bertrand Russell que lo único que redimirá a la Humanidad es la cooperación, pues es inútil desear el bien para uno mismo sin que a la vez se busque el bien para todos. La Estación Espacial Internacional, tan espléndidamente representada en este escenario, es un modelo excepcional de cooperación y fraternidad entre los seres humanos.

Contra los peligros de destrucción que nos acechan por una errónea utilización de técnicas y tecnologías, esta aventura espacial se abre en nuestro horizonte como un contrapeso muy firme a esos excesos, como una solución para sanar las múltiples heridas que le hemos causado a nuestro hermoso planeta.

RESPETO A LA NATURALEZA

No menos importante para esa defensa de la vida y la diversidad en la Tierra es la actividad de la Red Mundial de Reservas de la Biosfera de la Unesco, galardonada con el Premio de la Concordia.

La Red Mundial de Reservas de la Biosfera viene haciendo realidad, desde hace treinta años, la anhelada búsqueda de equilibrio entre el desarrollo social y económico y el respeto a la Naturaleza. El programa «Hombre y Biosfera» está lleno de planteamientos y de soluciones no sólo de carácter medioambiental, sino también cultural y humano. Preservar grandes zonas naturales aún indemnes, verdaderos tesoros de la Humanidad, es un reto que no admite demoras, en el que hay que seguir profundizando y que debe seguir expandiéndose.

Más de 400 Reservas de la Biosfera conforman esta red, de la que España participa con veinte. Ordesa y Sierra Nevada, las islas de Lanzarote y Menorca, o Muniellos, Somiedo y, ahora también el parque natural de Redes, aquí, en Asturias, son sólo algunos de esos privilegiados espacios que debemos seguir protegiendo y ampliando. En este sentido, la idea de incluir otros espacios de la bellísima Cornisa Cantábrica en la Red de Reservas de la Biosfera, puede convertir a esta zona en un riquísimo patrimonio natural de insospechadas y muy positivas consecuencias para sus tierras y sus habitantes.

Estamos, pues, ante un organismo que toma grandes y sabias medidas, como la de propagar lo que solemos entender por «desarrollo sostenible», una práctica que propone un uso racional de los recursos naturales y que concilia los términos conservación y desarrollo. Es esta una actitud basada en una idea del progreso equilibrada y preservadora que dirige modélicamente la interacción entre el territorio y el hombre, con profunda visión de futuro.

Manuel Estiarte, jugador español de waterpolo, recibe el Premio de los Deportes. Una vez más, en un mundo convulso por muchos y graves problemas -algunos de los cuales amenazan a nuestra juventud- resaltamos el carácter saludable y ejemplar de la práctica deportiva así como las grandes virtudes que la competición aporta al desarrollo humano.

No es raro, por ello, que habiendo coincidido el fallo de este galardón con los gravísimos atentados ocurridos en Nueva York y Washington, el jurado haya subrayado en el acta la importancia del deporte como símbolo ideal de unión y de paz entre los pueblos, como una nobilísima actividad que es radicalmente contraria a tanta crueldad.

En la figura de Manuel Estiarte coinciden muchos valores y éxitos deportivos que conviene resaltar aquí. Ha participado en seis juegos olímpicos, siendo el máximo goleador en cinco de ellos, y ha jugado más de 300 partidos como internacional con la selección española. Medallas de oro y de plata, campeonatos y subcampeonatos del mundo, copas de España, Italia y Europa y supercopas están presentes en su amplio currículum como deportista.

Pero Manuel Estiarte ha destacado a lo largo de su carrera también por sus excelentes cualidades humanas, que ya brillan desde su temprana labor como jugador juvenil, o en su comportamiento como capitán y como líder indiscutible. Esas mismas virtudes y su sentido social del deporte le han movido no sólo a rehuir cualquier tipo de protagonismo sino también a comprometerse en actividades paralelas, como la de ser miembro de la Comisión Internacional de Atletas y del Comité Olímpico Internacional, o abanderado español en Sidney 2000.

No hay que olvidar tampoco que Manuel Estiarte ha triunfado en un deporte minoritario y que, en consecuencia, no cuenta con la ventaja y difusión de otros. Pero no por ello brilla menos su ejemplo. Con el galardón que hoy se le concede reconocemos también los méritos de la selección nacional de waterpolo, y los de todos aquellos que practican o aman este deporte, especialmente humilde y esforzado.

Antes de finalizar mis palabras deseo expresar mi gratitud hacia quienes nos entregan tanta generosidad: a los Jurados de los Premios, a los Patronos y a los Protectores de la Fundación, y a todos aquellos que hacen posible, con muchas horas intensas y muchos días sin apenas noche, este gran día. A Asturias y a la ciudad de Oviedo les agradezco también de corazón su siempre cálida acogida y su ayuda inestimable para el engrandecimiento de esta institución y de los valores que pretende proyectar. Asimismo quiero dar las gracias a nuestros galardonados por haber acudido a este inolvidable y solemne encuentro, en el que también están presentes muy altas representaciones culturales, sociales y políticas a las que expreso mi reconocimiento.

BOMBEROS DE NUEVA YORK

Cuando todavía los heroicos bomberos de Nueva York trabajan sin horas entre hierros, escombros y fuego,  desde esta Asturias, desde la España llena de vida y de nobles metas que se manifiesta en este acto, queremos ir al encuentro solidario con el pueblo de Estados Unidos, con las víctimas inocentes del brutal acto terrorista sufrido por ese querido país, entre las que se encuentran ciudadanos españoles, a quienes recordamos con especial emoción. Tampoco queremos olvidar a todas aquellas personas que, en cualquier país del mundo, han pagado con sus vidas y su sangre la locura de la violencia terrorista. Enviamos nuestra gratitud y todo nuestro apoyo a quienes lejos de sus hogares están defendiendo el más sublime bien, la libertad de todos.

Que las llamas pacíficas que hemos visto temblar en las manos de los habitantes de Manhattan venzan a las llamas del horror y de la muerte. Que las conciencias y las voluntades encuentren en Oriente Medio su cauce de concordia. Que sean las palabras vibrantes y emocionadas de los poetas las que nos iluminen en esta hora difícil del mundo. Hoy más que nunca, soñamos con una Humanidad para la que no exista el desaliento, en la que sea realidad la hondura expresada en estos versos:

Que no se quiebre todavía el hilo

sin fin de la esperanza y la memo-

[ria dure

bajo la luz tendida de la tarde.