Flores rojas y blancas ayer en Vélez, en la ofrenda a María Zambrano. José Antonio Berrocal

Diez años sin María Zambrano, la voz más poética del pensamiento español

«Surge amica mea et veni». Por previsorio deseo suyo, la leyenda del «Cantar de los Cantares» reza así sobre la tumba de María Zambrano en su Vélez-Málaga natal. Allí descansa desde hace diez años. Se apagaba la voz más poética del pensamiento español contemporáneo. La gran discípula de Ortega que construyó un modo poético de abordar las cuestiones trascendentales del espíritu.

MÁLAGA/MADRID. ABC/J. M. Camacho
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Flores rojas y blancas para la Filosofía. Su tierra natal se acordaba ayer de María Zambrano. Miembros de su Fundación, autoridades locales y amigos de la pensadora asistieron a una ofrenda en su tumba del cementerio municipal veleño. Fue un acto íntimo, sencillo y emotivo. Hoy está previsto que se celebre una misa en la iglesia de San Juan. Asimismo, la Fundación María Zambrano, que preside el alcalde de Vélez, Antonio Souvirón y dirige Juan Fernando Ortega, prepara una serie de conferencias, exposiciones y destacados actos culturales para el mes de abril con motivo del centenario de la escritora.

HACIA UN SABER SOBRE EL ALMA

Hija del pensador y pedagogo Blas José Zambrano, desde muy niña se traslada a Segovia donde cursó el bachillerato y conoció a Antonio Machado, gran amigo de la familia y con quien emprendería marcha hacia el exilio. En Madrid se doctoró en Filosofía y Letras y fue discípula y alumna de Ortega y Gasset, García Morente, Zubiri y Julián Besteiro. Ortega la introduce en la vida intelectual madrileña y le publica sus primeros trabajos en la «Revista de Occidente».

En 1928 intervino activamente en algunos de los movimientos estudiantiles más vivos. Colabora en «El liberal» y «La libertad» y se entrevista con Valle-Inclán, Azaña, Gregorio Marañón e Indalecio Prieto. El futuro primer esposo de su hermana le diagnostica tuberculosis y le advierte: «Tienes que elegir entre tres años de reposo y tres meses de vida», según relata Jesús Moreno en su Antología publicada en Siruela.

Desde otoño de 1928 a la primavera del 29, Zambrano se mantiene en estricto régimen de aislamiento y crea las mejores páginas de «Delirio y destino». El 11 de febrero de 1930 dirige una durísima carta a su maestro Ortega en donde ella se pronuncia con firmeza a favor de la República. Desde entonces, la pensadora participa en mítines por pueblos de toda España al tiempo que da clases en el Instituto Escuela (donde Julio Caro Baroja asiste a sus clases). La tarde del 14 de abril de 1931 asiste en la Puerta del Sol a la proclamación de la II República. Rechaza presentarse a las Cortes por el PSOE y un año después sustituye a Xavier Zubiri como profesora de Metafísica en la Universidad Central. Colabora asiduamente en «Cruz y Raya», «Los cuatro vientos» y «Azor». En 1934 aparecen en «Revista de Occidente» sus artículos «Por qué se escribe» y «Hacia un saber sobre el alma», donde Zambrano propone llevar la razón a la oscuridad del sentir. Ortega se queda perplejo y llama al despacho a su discípula: «No ha llegado usted aquí y ya se quiere ir lejos», le espeta. La escritora nace aquel día a la Filosofía.

EL EXILIO, A PIE CON MACHADO

Estrecha amistades con Bergamín, Dieste, Salinas, Guillén, Cernuda, Gaya y se casa el 18 de julio de 1936 con el secretario de la Embajada de la República Española en Chile. Recalan en La Habana y allí glosa a su maestro Ortega en diversas conferencias. En 1937 retornan a España y Zambrano define su razón poética en el análisis que hace del libro de Machado «La guerra». Confiesa debatirse entre el estoicismo y el cristianismo. En 1938 publica «Un camino español: Séneca o la resignación» y muere su padre en Barcelona, a quien Machado le dedica su último escrito, «Mairena Póstumo». Un año más tarde, María Zambrano se despide inexorablemente de España. Con su madre y su hermana transita por Figueras, La Junquera, Le Perthus en coche (salvo un trecho en el que ella, ante la negativa de Machado a subir al automóvil, camina a pie con él, sostenido por su madre). Cruzan la frontera el 28 de enero de 1939. María se va con su marido a París y desde allí a México —entabla gran amistad con León Felipe, Alfonso Reyes y Octavio Paz—. Arranca su largo exilio por medio mundo.

PRÍNCIPE DE ASTURIAS Y CERVANTES

Vive en EE.UU., La Habana, Puerto Rico, Roma, París y Suiza, desde donde regresa a España el 20 de noviembre de 1984. Tres años antes recibía el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades y en 1988 el Cervantes. María Zambrano legó su palabra esencial en obras como «Delirio y Destino», «El hombre y lo divino», «La torre», «Persona y democracia», «El pensamiento vivo de Séneca», «España, sueño y verdad», «Claros del bosque», «Horizontes del liberalismo», «Los intelectuales en el drama de España», «La agonía de Europa», «El sueño creador» o «La tumba de Antígona».