Pilar Pérez Llopis, en el campanario empuñando sui fusil
Pilar Pérez Llopis, en el campanario empuñando sui fusil - ABC

Desvelado el misterio de la miliciana desconocida

Tras dos décadas de investigación, Manuel García ha descubierto al fin que su madre Pilar fue la combatiente que apareció en la portada del 14 de abril de 1936 en ABC

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Toda buena historia merece un comienzo a su altura. Y la que hoy ocupa estas líneas cumple tan a rajatabla esa premisa que bien podría empezar como los cuentos de Charles Perrault… Había una vez, allá por septiembre de 1936, una joven miliciana de mono azul y alpargatas de cinta blanca que, en plena Guerra Civil, recibió la visita de un fotógrafo mientras se hallaba en el frente de Aragón. Aunque en la actualidad es imposible saber por qué (quizá por su buena planta, quizá por la mera casualidad), al reportero le llamó la atención la fuerza que inspiraba y decidió hacerle una fotografía en lo alto de un campanario.

Fusil en mano, la chica quedó inmortalizada para siempre recostada bajo la campana de la torre. La instantánea debió gustar al editor de ABC, el diario para que el que trabajaba el periodista, pues la ubicó en una posición inmejorable: la portada del periódico del 14 de octubre.

Sin nombre

La pega fue que, en el texto que acompañaba a la instantánea, el fotógrafo no incluyó el nombre de su modelo. Así pues, aquella joven pasó a la historia como «una miliciana» que «vigila el campo enemigo desde la torre de la iglesia de un pueblo aragonés». Una combatiente anónima, entre otras muchas. Después los caminos de ambos se separaron. El periodista obtuvo su trofeo y, tras publicarse, el retrato se perdió en los archivos.

Sin embargo, aquella sesión impactó lo suficiente a la joven como para que, décadas después, y ya con alguna que otra cana, le contara a uno de sus hijos que había sido portada de un diario con tanta solera como ABC. Ese chico es el hoy abogado de 72 años Manuel García. El mismo hombre que, durante dos décadas, buscó desesperado la imagen sin éxito. ¿Recordaba mal su madre el nombre del diario? ¿La historia había sido producto de su imaginación?

Todas estas preguntas rondaban por la cabeza de Manuel cuando, hace apenas un mes, vislumbró en la prensa local la portada del nuevo libro de Pedro CorralEso no estaba en mi libro de la Guerra Civil», Almuzara, 2019). Una bella composición elaborada por Antonio Cuesta que muestra a una miliciana enarbolando un fusil y sentada en lo que parece ser una torre. Aunque sin campanas. «Vi su cara. Era ella», afirma a este diario.

El rompecabezas empezaba a tomar forma, aunque faltaban piezas. Emocionado, contactó con la editorial, desde donde le corroboraron que, efectivamente, se habían basado en una instantánea en la que había una joven y un campanario para hacer la cubierta. También le informaron de que el retrato había sido comprado en Estados Unidos. Pero la mayor parte del trabajo ya estaba hecho y, tras unas rápidas pesquisas con el autor de la obra, pudo hallar la página perdida de ABC con su madre posando.

Misterio descubierto

Con ello desveló un misterio (el nombre de la miliciana, Pilar Pérez Llopis, fallecida en 1999) y demostró algo que todos sabemos, pero que en ocasiones olvidamos: las madres siempre tienen razón. El punto y final del cuento bien podría haberse puesto aquí, pero dos décadas de investigación dan para mucho y han permitido averiguar a Manuel, el mismo que hoy mira ilusionado la instantánea en la sede de ABC y apenas puede hablar debido a la emoción, que su progenitora tuvo un papel destacado en la Guerra Civil.

Gracias a sus pesquisas ha descubierto, por ejemplo, que la mujer que le crió (a veces con mano dura, pues recuerda que era una dama «de armas tomar») apareció también en la portada de La Vanguardia del 20 de septiembre de 1936 y que, según una entrevista que le hizo el mismo diario durante la contienda, tuvo el honor de ser la «primera mujer de España oficialmente sargento».

Instantáneas de Pilar Llopis
Instantáneas de Pilar Llopis - GUILLERMO NAVARRO

Así lo confirma a ABC, entre recortes de periódico, fotos y alguna que otra lágrima de ilusión por tener el privilegio de estar en la misma sala que Manuel, el periodista e investigador Pedro Corral. «En septiembre de 1936 el presidente Largo Caballero acababa de disolver el ejército para expulsar a todas las unidades que habían participado en la sublevación y lo había refundado con el nombre de Ejército Popular de la República. Sin duda fue su primera suboficial», explica.

Pasar página

Gracias al mismo artículo, este abogado también ha descubierto cosas que su madre jamás le había contado, como que ayudó a desenmascarar a dos militares que pretendían pasar al bando franquista y que colaboró de forma activa en batallas acaecidas en Aragón. Algo que, en palabras del escritor, no era habitual. «A pesar de la propaganda, la mayor parte de las milicianas actuaban en retaguardia limpiando, cosiendo o fabricando munición», completa.

Cuando fue entrevistada, Pilar se había convertido en la responsable de intendencia del batallón de Milicianos Pablo Iglesias, y cumplía su cometido con mano de hierro. «No toleraba que las milicianas fueran a lucir el uniforme y la pistola, las organizaba para que trabajaran», añade Manuel. Tras la guerra, sin embargo, decidió abandonar aquella vida y apenas habló de sus gestas con sus hijos. «Pasó página, para ella eran cosas del pasado», completa.

García y Corral, durante la entrevista
García y Corral, durante la entrevista - GUILLERMO NAVARRO

Su familia, eso sí, es un ejemplo de libertad de opinión y de hermanamiento. No en vano, su marido (capitán republicano) trabajó tras la contienda para el gobierno de Franco y pasó de votar a Adolfo Suárez, a depositar su confianza en José María Aznar. «Aunque ella siempre fue de izquierdas, en casa jamás escuché una discusión política», finaliza su hijo.

El mito de las amazonas republicanas

La historia de las milicianas republicanas navega entre la realidad y el mito. Cuando comenzó la Guerra Civil se multiplicaron las imágenes de mujeres anarquistas, comunistas y socialistas armadas y preparadas para enfrentarse al enemigo. La estudiosa del feminismo Mary Nash, sin embargo, afirma en sus obras que esta apariencia de guerreras no era más que mera propaganda que buscaba llamar a los hombres a alistarse y que solo una minoría de chicas empuñaron un fusil.

No obstante, eso no impidió que algunas como Rosario La Dinamitera o Casilda Méndez participaran de forma activa en la contienda y se hicieran famosas. Tras la refundación del Ejército Popular, Francisco Largo Caballero insistió en que se retiraran y llevaran a cabo labores como fabricar munición, ensamblar aviones, trabajar en fábricas textiles o lavar la ropa de los militares. Al final, y por desgracia, se las llegó a equiparar con prostitutas desde ambos bandos para favorecer su marcha de la primera línea. No obstante, eso no impidió que fueran determinantes en este período.