El director de teatro ruso Kirill Serebrennikov
El director de teatro ruso Kirill Serebrennikov - REUTERS

Revuelo en el mundo de la cultura rusa por la detención de un famoso director teatral

Kiril Serébrennikov ha participado en varias manifestaciones de protesta contra el presidente ruso, Vladímir Putin, y criticado la creciente influencia de la Iglesia Ortodoxa en Rusia

Corresponsal en MoscúActualizado:

Aunque se veía venir, la orden de arresto domiciliario dictada este miércoles por el juzgado del distrito moscovita Basmanni contra el director de teatro ruso, Kiril Serébrennikov, ha causado indignación y sorpresa en gran parte del mundo cultural e intelectual del país. Se le acusa de haber malversado la suma de 68 millones de rublos (unos 980.000 euros) de un subsidio concedido por el Estado para la realización de un proyecto llamado «Plataforma» cuando dirigía la compañía teatral Studio-7.

Él se declara inocente y ha calificado de «absurdas» las acusaciones. Su abogado, Dmitri Jaritónov, ha sostenido que el proyecto «Plataforma» «se realizó al cien por cien» y todo el dinero recibido se utilizó para cubrir la totalidad de los gastos. Sin embargo, el Comité de Instrucción de Rusia ha considerado que el dinero no se empleó con el objetivo programado y fue a parar a bolsillos privados.

Sea como fuere, lo cierto es que a los opositores al régimen de Vladímir Putin nunca se les imputa por delitos políticos, que no existen en la legislación rusa, sino por delitos penales. Tal ha sido el caso de Alexéi Navalni, Mijaíl Jodorkovski y tantos otros. En el caso de Serébrennikov la tendencia general es pensar que su caso está también amañado y su presunta infracción no es más que un invención cuyo objetivo es destruirle profesionalmente.

Este miércoles se han concentrado junto al edificio del juzgado Basmanni varios centenares de personas para seguir la decisión de la jueza, Elena Lénskaya, y mostrar su apoyo al director teatral. Al saber que había sido puesto bajo arresto domiciliario, prorrumpieron en abucheos y gritos de «¡vergonzoso, vergonzoso!»

Y es que Serébrennikov ha participado en manifestaciones de protesta y criticado la creciente influencia de la Iglesia Ortodoxa y ciertos aspectos de la política del presidente Vladímir Putin, aunque sin nombrarle directamente, al menos en público.

Solidaridad del mundo de la cultura

Representantes del mundo de la cultura como el director del Teatro Bolshói de Moscú, Vladímir Urin, la viuda de Alexánder Solzhenitsin, la escritora Ludmila Ulítskaya o el cineasta Alexéi Guerman se han solidarizado con él y exigido su inmediata puesta en libertad. El célebre escritor Borís Akunin está convencido de que «quien ha ordenado iniciar este proceso contra Serébrennikov no ha sido el Comité de Instrucción sino Putin». El diario Védomosti cree que existe la intención de «intimidar a quienes forman parte de la comunidad de creadores».

La hermana del adinerado empresario ruso, Mijaíl Prójorov, Irina, ha afirmado estar dispuesta a pagar una fianza para propiciar la puesta en libertad de Serébrennikov, a quien ha calificado de «orgullo de Rusia». Pero la decisión ha sido que se mantenga en casa por lo menos hasta 19 de octubre.

El inculpado, director del Centro Gógol y también cineasta, ya fue arrestado y llevado por la fuerza a declarar en mayo. Ahora ha vuelto a ser detenido martes. Tuvo que pasar una noche en el tristemente famoso penal de «Matrósskaya Tishiná» de Moscú. Si es reconocido culpable, podría pasar 10 años en la cárcel. Obtuvo en 2016 el premio François Chalais en Cannes por su película «El discípulo» y su última cinta, «Traición», fue presentada en la Mostra de Venecia.

Este mes, Serébrennikov recibió el premio «Europa, nueva realidad teatral», que deberá recibir en Roma en diciembre. Este galardón se concede desde 1990 y lo han recibido entre otros el británico Jeremy Irons y la francesa Isabelle Huppert.