Darío Villanueva, director de la RAE
Darío Villanueva, director de la RAE - ABC

Darío Villanueva: «No me voy por un calentón»

Asegura que se marcha satisfecho después de 9 años dedicados a la Academia. Dejará listo el dictamen de lenguaje de género en la Constitución antes de diciembre

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Ayer, pocas horas después de anunciar su próximo abandono del cargo de director de la Real Academia Española (RAE), Darío Villanueva atendía a ABC, antes de volar a Washington para celebrar los 45 años de la Academia Americana de la Lengua. Las críticas de algunos académicos, que le acusan de no haber estado a la altura de los desafíos de la Docta Casa, le parecen profundamente injustas: «Francamente, es una puñalada -asegura en conversación telefónica-, es algo que responde a una interpretación muy sesgada de muy pocas personas de la Academia y me deja en muy mal lugar. Creo que la verdad prevalecerá».

-¿Cuándo decidió su salida?

-Tomé la decisión en mi fuero interno y familiar en 2016. Hice un repaso de mi trayectoria académica. Ingresé en la RAE en 2008. En diciembre de 2009, estando hospitalizado, recibí una llamada de la Academia diciendo que me habían hecho secretario. Lo fui cinco años con Víctor García de la Concha y luego con José Manuel Blecua. Y después he sido director otros cuatro. He cumplido.

-¿Cree que ha respondido a los desafíos que tenía la institución?

-Sabía dónde me metía. Mi discurso de ingreso coincidió con la caída de Lehmann Brothers. No creo que haya ninguna relación de causa-efecto entre una cosa y otra -bromea-. De repente viene una debacle económica. Y la RAE sufre eso en cuatro líneas. El descenso de un 60% de la aportación del Estado. Bajan los rendimientos de la Fundación Pro RAE. La venta de los diccionarios se acabó con la sociedad digital. Y los patrocinadores acusan la recesión y algunos incluso se retiraron.

-Entonces, ¿no se va por nada de eso? ¿Está satisfecho?

-No ha sido un calentón, ni responde a nada puntual. Vengo de firmar un convenio en China porque se pondrá el español allí en bachillerato y secundaria para 65 millones de estudiantes. La operación tiene gran magnitud y está ligada a la visita del presidente de China en noviembre a España. Estoy satisfecho porque sabía en lo que me metía (no me chupaba el dedo), conocía la situación financiera. Mi primer logro fue que la Obra Social La Caixa patrocinase el diccionario en línea para compensar la pérdida de ventas de la obra. El Diccionario Histórico estaba parado y conseguí que Inditex ayudase a ponerlo en marcha. Se ha hecho el Enclave RAE, una plataforma magnífica. Y he puesto en pie la planta del diccionario digital. Está consensuada con todas las Academias de la Asociación. Hemos creado la Academia del Guinea Ecuatorial y se han puesto las bases para la judeoespañola.

-Siente que deja la RAE en buen lugar y en marcha, entonces.

-Decir que tenía miedo a no ser reelegido o que he sido incapaz de hacer frente a los retos de la Academia es profundamente injusto por todo eso. Como secretario organicé el III Centenario, corrió sobre mis espaldas y fue un momento de proyección socialmente reconocido. He llevado las cosas adonde he podido.

-¿Qué opina de lo que dicen que se busca un gestor para sustituirle?

-No estoy buscando nada. La dirección de la RAE tiene un componente intelectual fundamental. Y se elige un director. Luego hay una dimensión diplomática. El idioma es un activo de la diplomacia de España en el mundo. También la relación con los poderes políticos y la Corona, la gran patrona de la Academia desde su constitución. Y ahora la gestión económica es perentoria. Eso no le pasaba a don Ramón Menéndez Pidal. Ahora es el 80% del trabajo. Buscar recursos, abrir vías, desarrollar la sociedad mercantil Rae Gestión, atender a una plantilla de 85 personas.

-Y se va en plena polémica sobre el género.

-La Academia tiene que responder al brete del dictamen. En América están expectantes acerca de nuestra respuesta. No va a haber grande sorpresas, la doctrina de la RAE es muy conocida. Va a quedar resuelto antes de que yo deje la dirección. Nadie piensa hoy que hay mimbres políticos para una reforma de la Constitución.

-Entre los recortes y otras cosas, ¿siente que los Gobiernos han abandonado a la RAE?

-Lo triste es que en la agenda de nuestros políticos no está la cultura. No existe, simplemente. No es que sea menos o más prioritaria, es que no existe. Se nos abren las carnes al comparar con lo que pasa en Francia, donde siempre está enhiesto el estandarte de la cultura y de la lengua. En el tema de género la Academia Francesa hizo una declaración sucinta y contundente y contó inmediatamente el respaldo del gobierno.

¿Ahora que se prepara para irse, echará algo de menos?

Tengo cosas que hacer, he escrito algunos libros. No estoy castrado intelectualmente. Tenía la decisión tomada pero un director no puede estar diciendo «me voy me voy», porque parece que quiere que la gente le pida que no se vaya. Ahora, de manera gallarda he anunciado mi voluntad y he dado mi explicación breve. No comparto las interpretaciones que se han publicado sobre mi mandato.