Darío Villanueva
Darío Villanueva - Juan Manuel Serrano Arce
Discurso íntegro

Darío Villanueva: «Cuando todo lo que nos rodea parece un dédalo de incongruencias, conviene regresar a los principios»

Discurso íntegro de Darío Villanueva, director de la Real Academia Española y presidente del jurado, durante la gala de entrega de los de los Premios Internacionales de Periodismo ABC

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Majestades; Presidenta-editora de ABC y Presidente de Vocento; Excelentísimas Autoridades; Señoras y Señores:

En la memorable ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias que tuvo lugar en Oviedo hace apenas una semana, recibió el de Letras el escritor Adam Zagajevski.

Los comienzos de su carrera literaria estuvieron marcados por las agobiantes turbulencias históricas vividas por su admirable país, Polonia, que hoy navega a nuestro lado por las aguas serenas, no exentas de alguna que otra galerna, de la Unión Europea, esa utopía razonable en la que tantas y tantos ciudadanos del viejo continente tenemos siempre puestas nuestras mejores esperanzas.

En su etapa inicial como poeta, ensayista y narrador, Zagajevski participó en un grupo o generación literaria del 68, conocido como la «nueva ola», que se alzó contra las falsificaciones de la realidad y la apropiación del lenguaje por parte de la ideología y la propaganda política del régimen. Contra viento y marea, Zagajevski y sus compañeros de la revista Zapis se guiaban por dos lemas tan simples como incontrovertibles: «Dí la verdad» y «Habla claro».

Cuando todo lo que nos rodea parece un dédalo de complejidades e incongruencias, conviene regresar a la simpleza matricial de los principios y las evidencias fundamentales.

Se me figura, así, que en aquellos dos lemas se encerraba una fidedigna carta de marear no solo para los poetas polacos de los años setenta y ochenta del siglo pasado, sino también para los periodistas de todos los tiempos, incluidos, claro está, los españoles e hispanoamericanos de hoy en día. Profesionales insustituibles para la comunicación y la cohesión social que el diario ABC viene premiando desde hace ya casi una centuria.

Como muy grato complemento a la decisión que el pasado 30 de mayo tomamos por unanimidad Juan Manuel Bonet, Luis Alberto de Cuenca, Ramón Pérez Maura, Ignacio Sánchez Cámara y quien les habla, vaya el testimonio de nuestra admiración y nuestros parabienes a José Luis Garci, Cristián Zegers y Andrés Rábago, a quien muchos conocerán mejor por los seudónimos de Ops o El Roto, como merecedores de los premios Mariano de Cavia, Luca de Tena y Antonio Mingote, respectivamente.

El poeta argentino Jorge Luis Borges consideraba como sinónimos el universo y la biblioteca, y reservaba, incluso, para esta última la identificación con el paraíso.

En ese mismo registro, no me parece inapropiada la consideración del periódico como un auténtico microcosmos, como la representación cotidiana de nuestro mundo a escala reducida.

El periódico nos proporciona, día a día, el testimonio de los acontecimientos y de los hechos, así como las interpretaciones de su significado. Asoman a la vez en sus páginas, sin solución de continuidad, las ideas y sus aplicaciones a la realidad; lo trascendente y lo anecdótico; las contradicciones entre los intereses y entre los diferentes modos de pensar; lo amable junto con lo dramático. Todo ello transmitido a través de las palabras y de las imágenes, que tanto pueden significar las unas como las otras. Y siempre con una cualidad expresiva que es también atributo de la mejor poesía: la concisión.

Los premios de ABC distinguen a la vez un artículo o crónica, un chiste, caricatura o dibujo, y una trayectoria periodística sobresaliente en defensa del rigor ético, la exigencia literaria y la independencia informativa. Este último galardón, el Luca de Tena, ha correspondido este año a Cristian Zegers Ariztía, director del diario chileno El Mercurio. La prensa escrita, amén de su valor cultural e informativo, representa asimismo uno de los pilares de las que bien podemos denominar «industrias de la lengua». Lengua que para los tres premiados de hoy es la misma, el español ecuménico que con asombrosa unidad sirve de vehículo de comunicación a cientos de millones de personas a ambas riberas del Océano.

Siempre que se me pone a tercio, y creo que esta circunstancia se da ahora, me gusta citar una frase escrita por la Real Academia Española en 1871, medio siglo después de las primeras independencias americanas. Dice así: «Los lazos políticos se han roto para siempre; de la tradición histórica misma puede en rigor prescindirse; ha cabido, por desdicha, la hostilidad, hasta el odio entre España y la América que fue española; pero  una misma lengua hablamos, de la cual, si en tiempos aciagos que ya pasaron usamos hasta para maldecirnos, hoy hemos de emplearla para nuestra común inteligencia, aprovechamiento y recreo». 

Gracias, Garci; gracias, Zegers; gracias Rábago por todo lo que contribuís a ese triple objetivo, siempre vigente: la común inteligencia, aprovechamiento y recreo de quienes hablamos español.