El ministro de Cultura italiano, Dario Franceschini
El ministro de Cultura italiano, Dario Franceschini - ABC

Dario Franceschini: «Buscamos un turismo sostenible que respete el arte y aprecie la excelencia»

El ministro de Cultura italiano está revolucionando el sector con medidas como la ley del cine, el «Art bonus», la contratación de 30 nuevos directores de museos o el proyecto de limitar el público en los lugares más turísticos

Corresponsal en RomaActualizado:

Es un enamorado de nuestro país y lo pregona con orgullo: «He hecho viajes fantásticos a España desde joven. Tengo un amor sin límites hacia España». Dario Franceschini (Ferrara, 1958), con origen político democristiano, es el ministro más poderoso del Gobierno italiano porque encabeza en el Parlamento la corriente más numerosa e influyente del Partido Democrático (PD), del que fue secretario general. Está revolucionando el Ministerio de Cultura y Turismo, consciente del peso trascendental que estos dos campos deben tener en Italia: «Como ministro de Cultura estoy dirigiendo el ministerio económico más importante del país. Y no es una broma. Italia es un país fuerte en muchos sectores, pero es una superpotencia en cultura y en turismo cultural», manifiesta Dario Franceschini en una entrevista concedida a ABC.

El Gobierno español le concedió el pasado año la condecoración de la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio. Abogado, escritor, tiene dos hijas de su primer matrimonio: Caterina (1990) y María Elena (1997), y una tercera hija, Irene (2015), de su segundo matrimonio con Michela Di Biase (Roma 1980), joven y brillante jefa del grupo del PD en el Ayuntamiento de Roma.

—Italia se ha apuntado un éxito al organizar hace una semana en Florencia el G7 de la Cultura, que se celebraba por primera vez. ¿Por qué ha hecho esta ofensiva de la cultura en el G7 y con qué resultados?

—La cultura asume hoy una dimensión internacional. La tutela del patrimonio amenazado del terrorismo, de las guerras y de las calamidades naturales es, justamente, un tema internacional. Y si el patrimonio mundial, según la definición de la Unesco, es patrimonio de la humanidad, es necesario que sea la comunidad internacional la que se movilice para defenderlo. Esto es muy importante. Además, en un momento en el que en el mundo hay tantas tensiones, la cultura como tema de diálogo adquiere una gran dimensión política.

—El cambio que ha introducido en los museos italianos ha sido considerado «revolucionario». ¿En qué se ve ese cambio?

—En muchas cosas. Hemos contratado 30 nuevos directores mediante concurso internacional (siete son extranjeros). Los museos italianos tienen colecciones, por cantidad y calidad, extraordinarias, únicas en el mundo. Pero el turista de hoy no quiere ver solo una colección importante. Quiere vivir una experiencia. Un museo debe tener instrumentos multimedia, didácticos, cafetería, lugares para los niños, restaurante… Esta parte faltaba. Los museos italianos pretenden no solo tener grandes colecciones, sino también ser abiertos y dinámicos. Están cambiando muchas cosas. Y los números que tenemos son de gran crecimiento. Mientras en otros países decaen los ingresos, nuestros museos estatales han pasado de 38 millones de visitantes en 2013 a 45,5 millones en 2016. Es decir, 7,5 millones de incremento en tres años.

—En ello ha influido la promoción de los museos permitiendo la entrada gratis el primer domingo de cada mes.

—Esto ha sido importante. Pero el crecimiento notable ha sido en los visitantes de pago. La visita gratuita tiene sobre todo un valor educativo. Han acudido no solo turistas, sino sobre todo familias, abuelos con hijos y nietos, que van a ver los museos de la propia ciudad. Es un hecho social y pedagógico. Son también numerosas e importantes las visitas dominicales gratuitas. El pasado año fueron 3,5 millones.

—Una importante iniciativa de su ministerio fue el «Art bonus», que permite fuertes beneficios fiscales a quien invierte en cultura. ¿Cuáles son los resultados?

—Hemos tenido más 170 millones de euros de donaciones y más de 3.500 donantes. Es un fenómeno destinado a crecer muchísimo, porque es un objetivo fuerte, una oportunidad para privados y también de imagen para las empresas, para las fundaciones… Faltaba una legislación fiscal de ventajas. Así está renaciendo el mecenazgo

—Una política fundamental de su ministerio es multiplicar la oferta cultural y turística de Italia. Ha dicho usted que no pueden estar cientos de miles de personas en el puente Vecchio de Florencia, el de Rialto de Venecia o en la Fontana de Trevi de Roma. Y habla de imponer límites. ¿Cómo se regularán?

—Hay lugares que tienen una capacidad máxima. En la Fontana de Trevi no pueden estar 100.000 personas al mismo tiempo. Además, las ciudades de arte son lugares frágiles, que deben ser respetados. En consecuencia, en primer lugar, se trata de una elección estratégica sobre la que estamos trabajando con el Plan Estratégico del Turismo, que acabamos de aprobar para los próximos cinco años. Un plan que consiste en multiplicar los lugares italianos que atraen turismo internacional. En segundo lugar, en sitios donde hay demasiada gente, como la citada Fontana de Trevi o San Marcos de Venecia, cuando se supera un número máximo de personas y la situación se convierte en peligrosa, se debe regular el acceso. Es un tema que se debe tratar con los alcaldes. No es cuestión de imponer un billete de entrada, porque las ciudades deben ser abiertas y no pagar por el ingreso.

—Una cuestión fundamental de su política ha sido unir turismo y cultura. ¿Cuáles son las líneas maestras de esa estrategia?

—Italia es como un gran museo al aire libre y hay que poner en valor todos los lugares del país, particularmente del sur, y atraer turismo internacional. No solo hay tres grandes ciudades de arte: Venecia, Florencia y Roma. Hay otras ciudades también con arte, arqueología… infinidad de lugares que pueden atraer turismo internacional. En segundo lugar, se trata de proyectar un turismo sostenible, que respete el arte, el paisaje y que aprecie la excelencia. No un turismo de «mordi e fungi», sino un turismo cultural de gente que viene al país para conocerlo, estudiarlo y respetarlo. Hablo de millones de personas, pero queremos apuntar hacia la parte alta de ese turismo.

—La tendencia del turismo en Italia será cada vez más hacia la cultura y menos a sus costas. ¿Cómo se está jugando Italia esta carta de la cultura?

—El turismo italiano históricamente atrae por la cultura, el mar, la montaña, los lagos, el turismo balneario ligado a la salud… Pero hay muchos países que pueden ofrecer sitios estupendos a precios competitivos. Lo que Italia puede ofrecer como valor añadido es ligar al turismo su patrimonio cultural. En el fondo, en cualquier lugar del mar en Italia, a algún kilómetro de distancia, se encuentra un centro histórico estupendo, hay música, hay folclore… toda una gran oferta del patrimonio cultural.

—En turismo, España ha logrado mayor incremento que Italia. ¿Hay algo que Italia y España pueden enseñar o aprender recíprocamente?

—Seguramente hay cosas. España ha estado fantástica en el crecimiento turístico y en dar valor a su propio patrimonio. Italia tiene en esto mucho que aprender. Italia ha tutelado quizás un poco mejor las costas.

—En Italia alguien dijo que con la cultura no se come. Pero usted trabaja para que la cultura sea un motor que relance la economía del país. ¿Con qué presupuesto cuenta?

—Cuando nació el Gobierno Renzi, y luego con Gentiloni, yo pedí ir al Ministerio de Cultura, porque desde hacía años sufría al ver las enormes potencialidades que había y sin embargo la política nacional recortaba los recursos. Nadie quería hacer este trabajo. Cuando me preguntan cómo me siento como ministro de Cultura, respondo: “Me siento llamado a guiar el Ministerio económico más importante del país”. Y no es una broma. Es verdad: Italia es un país fuerte en muchos sectores, pero es una superpotencia en cultura y en turismo cultural. Han cambiado muchas cosas, porque el presupuesto de mi ministerio ha aumentado un 37%, estamos en más de 2.000 millones de euros.

—El cine tiene también dificultades en Italia. Pero se acaba de aprobar una nueva ley, que prevé un fondo anual de 400 millones de euros con la esperanza de relanzarlo.

—El cine es cultura, pero también es industria. La ley del cine se esperaba desde hace algún decenio. La hemos elaborado con las organizaciones que se ocupan de cine. Ahora no solo hay más recursos, que es un dato importante, sino que hay reglas nuevas. Hay un «tax crédito» para favorecer las producciones. Contemporáneamente se dan recursos para las primeras obras, se fomenta la reapertura o reestructuración de salas cinematográficas… No es lo mismo ver una película en un cine que en un smartphone o una tableta. Hay que ayudar a la cultura y a la industria.

—Las relaciones entre España e Italia son muy buenas. ¿Se pueden mejorar?

—Las relaciones son óptimas. Y lo serán siempre cada vez más. En los próximos días se inaugura una exposición española con muchas obras también italianas en el lugar italiano más prestigioso (el 14 de abril se abre al público en Roma la exposición «De Caravaggio a Bernini. Obras maestras del Seicento italiano en las Colecciones Reales de España»). Será inaugurada por el presidente de la República. Es otra cosa hermosa que refuerza las relaciones entre Italia y España. Italianos y españoles se aman recíprocamente. Todo es, por tanto, fácil.

—Además de abogado y político, usted es escritor. ¿Cuál es su autor preferido?

—Ser escritor es una pasión que he tenido siempre. He escrito cuatro novelas, pronto saldrá la quinta. La tercera se publica en abril en Francia. Mi autor preferido es Gabriel García Márquez, que me apasiona como escritor. Algún crítico en Francia ha hablado de realismo mágico italiano al comentar mi estilo. ¡Ojalá..!

—Italia vive un momento político delicado. El populismo es transversal, a derecha e izquierda; su partido, el PD, ha sufrido una escisión, y las elecciones se avecinan. ¿Será un periodo de inestabilidad para Italia?

—El problema de la onda populista es global. Desgraciadamente, atraviesa todo el mundo porque utiliza todos los miedos de este tiempo: el miedo a la diversidad, a la inmigración, el miedo a perder los niveles de bienestar alcanzados… Este viento que atraviesa todo el mundo se transforma después en cada país, pero es el mismo viento. En Italia no será fácil. Cuando hay tres polos políticos, centroderecha, centroizquierda y Grillo, con un 30% de votos más o menos cada uno, y un Parlamento con Cámara y Senado (tienen el mismo poder), es muy difícil que un polo solo tenga la mayoría en las dos cámaras. Desgraciadamente, este es un dato objetivo. Si hubiera ganado el «Sí» en el referéndum hubiera sido todo mucho más sencillo. Así sabemos que nos espera una estación difícil. Pero la gestionaremos.