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Diez años de los pabellones de la Serpentine Galery en forma de libro

Una década de arquitectura efímera, la de los pabellones de la Serpentine Gallery, en Londres, es analizada en un volumen publicado por la editorial Taschen

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Sí, diez más uno igual a once, porque once son los pabellones de arquitectura efímera que se han expuesto en la mítica Serpertine Gallery, en el centro de Kesington Gardens en el Hyde Park de Londres, desde que a sus responsables se les ocurriera la feliz idea de abrir sus vetustas puertas a la arquitectura contemporánea. Al libro recién editado por Taschen –como siempre, con todo lujo de detalles fotográficos y de bocetos– y que ocupa estas líneas, le falta uno, el último, el proyectado por Peter Zumthor, que se presentó el 1 de julio y que aún se podrá visitar hasta el 16 de octubre.

El libro contiene lo mejor de la arquitectura conemporánea, desde Zaha hasta Nouvel

Evidentemente, no se trata de un error de edición o de una censura intencionada por parte del autor del libro, Philip Jodidio. Tan solo que el lujoso tomo celebra la década, un cumpleaños redondo, que empieza con Zaha Hadid y se cierra con Jean Nouvel. Lo bueno de poder hablar del siguiente (o del actual) en la lista de invitados es que se certifica la continuidad de una de las citas obligadas de todos los veranos londinenses. Más de doscientas cincuenta mil personas visitan cada año las instalaciones ideadas por los grandes colosos de la arquitectura de este siglo XXI, cuyo tamaño y proporciones no es tan espectacular como el de algunos de sus edificios que dibujan el sky line de las grandes metrópolis que este mundo ha dado. Pero el tamaño, que en este caso importa, no tiene que ver con la obra en sí sino con el autor que la rubrica.

La selección ideal

Atiendan a los diez nombres o elegidos, en orden cronológico: Zaha Hadid, Daniel Libeskind, Toyo Ito, Oscar Niemeyer, MRDV, Alvaro Siza y Eduardo Souto de Mora con Cecil Balmond, Rem Koolhaas, Olafur Eliasson y Kjetil Thorsen, Frank Gehry, SANAA o Jean Nouvel. Eso, un conjunto ideal o de galácticos de la arquitectura, cuyos seleccionadores, también estelares, han sido Julia Peyton Jones y el sacrosanto Hans Ulrich Obrist, quien señala en una larga entrevista introductoria que «muchas invenciones esenciales de la arquitectura proceden de pabellones y exposiciones temporales. Si nos fijamos, por ejemplo, en el pabellón Mies van der Rohe en Barcelona (1929), el pabellón de Finlandia de Alvar Aalto para la Exposición Universal de París (1937)... se les considera parte no escrita de la arquitectura del siglo XX. Como no se trata de estructuras duraderas, no son consideradas parte del canon. De estas formas más ligeras y no destinadas a ser eternas nace la experimentación».

Taschen no ha incluido arquitectos con obra en Reino Unido, pues es un país muy clásico

Aquí tienen una de las claves fundamentales que define esta década de proyectos de la Serpentine Gallery. La otra tiene que ver con la norma no escrita, pero sí impepinable, de que los arquitectos elegidos no pueden tener obra construida en el Reino Unido. Y aunque pueda parecer increíble, ninguno de los grandísimos antes citados tiene edificio en las islas. ¿Las razones? No hay otra que, en esto de la arquitectura contemporánea, romper las líneas clásicas o los escenarios más naturales, los británicos han sido muy recelosos. Ahí tienen al Príncipe Carlos como principal baluarte entre los detractores de todo atisbo de modernidad o el histórico caso del edificio de Mies van der Rohe que nunca llegó a construirse junto a la Catedral de San Pablo. La Serpentine Gallery, en cierto modo, ha conseguido cambiar estas reticencias. A las cifras de visitantes nos podemos remitir, y no todos son turistas.

Uno por uno

Vayamos uno por uno con los trabajos que dibujan esta década. La primera en la línea de salida, en el año 2000, no podía ser otra que Zaha Hadid, quien, por mucho que nos lo adornen con sofisticadas palabras, no hizo otra cosa que levantar una suerte de carpa de líneas geométricas (al amplio álbum de fotos del libro nos podemos remitir). Sin duda, no es el proyecto más lucido de cuantos han pasado por estos jardines. Puede que por este motivo, para resarcirse y resarcirla de ser una pionera decepcionante, en el año 2007 se la invitó a erigir una instalación mucho más próxima a su estilo ya característico.

Niemeyer demuestra que muchos no le llegan a la suela de los zapatos

El año 2001 fue para Daniel Libeskind con una estructura que, en cierto modo, recuerda la capa metálica del Guggenheim de Bilbao (no es por ser malos, pero el edificio de Gehry se inaugura unos años antes), aunque él diga que se inspira en el arte del plegado japonés (origami), que también puede ser. Toyo Ito llegó en 2002 con una especie de cubo que, pese a ser un proyecto arquitectónico, se asemeja a una gigante y geométrica escultura por cuyo interior podía transitar el público. 2003 fue para el brasileño Niemeyer, un maestro entre tanto «jovenzuelo», a quien había que rendirle un homenaje. Su trabajo: una de sus clásicas construcciones hechas de línea pura. Sorprendente ligereza y simplicidad que demuestran cómo todavía hay muchos que no le llegan a la suela de los zapatos.

Un año frustrante

2004 fue un año frustrante porque el diseño del colectivo MRDV no se pudo llevar a cabo. Demasiado complejo, todo él recubierto por un manto de césped o de verde natural (así se puede ver en las infografías). Los portugueses Álvaro Siza y Eduardo Souto de Mora llegaron en 2005 con un pabellón en el que combinaban la madera y la energía solar. Brillante. En 2006, el tándem formado por Koolhaas y Cecil Balmond pone literalmente un huevo (cósmico). 2007 es para Olafur Eliasson y Kjetil Thorsen. Artista y arquitecto, respectivamente, que inventan un pabellón con rampas curvas. Gehry llega en 2008 para volver a sus orígenes con una pieza de madera que recuerda sus primeras obras. Genial y, en absoluto, pretenciosa. En 2009, los SANAA componen una cubierta flotante de aluminio. 2010, Nouvel se pone tan «colorao» como en el Museo Reina Sofía.