Aida Gómez

Cultura zanja la crisis del Ballet Nacional con la destitución de Aida Gómez

La crisis creada en el Ballet Nacional de España en las últimas semanas culminó ayer con la destitución de su directora, Aida Gómez. El director general del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música, Andrés Amorós, comunicó a la bailarina que su decisión no respondía a cuestiones artísticas, sino a la insostenible situación que se vive actualmente en el seno del Ballet.

MADRID. Julio Bravo
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El ambiente era en las últimas semanas de una tensión insoportable. El conflicto laboral vivido en el Inaem por la creación del convenio laboral único (que deja a los bailarines en una situación de desventaja respecto a otros estamentos artísticos dependientes de la Administración) creó un río revuelto que fue aprovechado para airear las protestas contenidas contra la gestión de Aida Gómez. Fueron frecuentes las críticas a su manera de dirigir la compañía, con serias quejas de favoritismo y acusaciones, más graves todavía, de maltrato psicológico, amenazas e insultos hacia los bailarines por parte de la directora y de su equipo directivo, Hans Tino —gerente de la compañía— y su hermano Raúl Tino, hasta hace unas semanas adjunto a la dirección.

Tras hacerse público que existían en el Ministerio de Cultura una treintena de denuncias hacia Aida Gómez y su gestión —denuncias que en el propio Inaem se calificaban como irrelevantes en algunos casos, y merecedoras de estudio en otros—, se sucedieron las manifestaciones en contra de la bailarina. Con el comité de empresa del Ballet Nacional como principal ariete, en la crisis han terciado artistas que formaron parte en etapas pasadas de la compañía, como Merche Esmeralda, junto a otros destacados bailarines que han abandonado la formación durante la época de Aida Gómez, como Lola Greco, Francisco Velasco u Óscar Jiménez.

En sentido contrario se han manifestado otras voces. José Antonio, ex director de la compañía, decía horas antes de la destitución de Aida que «es evidente que hay una mano negra, o varias, detrás de esta crisis. Por encima de todo, hay que tener un respeto artístico por una persona por quien no se está teniendo. Se está entrando en el plano personal, y se están reviviendo situaciones parecidas a las que se vivieron en otras épocas. Yo tuve que aguantar mucho: insultos, amenazas, incluso violencia física en el escenario. Y muchos de los que ahora hablan tienen mucho que callar. Un ballet lo tiene que dirigir su director, no los bailarines. Todos tienen derecho a expresar sus opiniones, y a exponer sus criterios, pero con respeto, y ahora a Aida no se le tiene ese respeto».

Si al principio el Inaem daba, con su silencio, un velado respaldo a Aida Gómez —«el Ballet Nacional no es una unidad de producción enferma, y nos consta que, como tal colectivo, no está en contra de Aida Gómez, ya que la sensación que nos han transmitido muchos de los bailarines es precisamente la contraria»— dijo a ABC un responsable del Instituto—, la preocupación fue en aumento con el paso de los días, especialmente tras las reuniones, marcadas por la tensión, con los miembros del comité de empresa, para los que la única solución al conflicto pasaba por la destitución de la directora. La situación llevó a Andrés Amorós a nombrar, la pasada semana, un mediador en el conflicto: Luis Alonso, un técnico del Inaem, que estuvo con la compañía durante los últimos días y que anteayer entregó un informe —que, al parecer, tampoco ha sido determinante para la decisión de Amorós—.

AMORÓS PIDE CONSEJO A GADES

También ha sido significativa la postura de los bailarines. Si el día en que estalló el conflicto hubo un amplio grupo que, capitaneado por el primer bailarín Antonio Najarro, salió en defensa de su directora y de «sus métodos de trabajo», con el paso de los días este apoyo se ha ido diluyendo y del silencio se ha pasado a un comunicado emitido hace apenas unos días en los que una veintena de bailarines se sumaba a las críticas contra la dirección del Ballet. Lo que muchos lamentan es que en todo este tiempo hayan sido muy pocos los que hayan hablado de danza, y que nadie haya cuestionado la labor artística de Aida Gómez.

Al Inaem le queda ahora una difícil papeleta, la del relevo de Aida Gómez. De momento, un técnico del Ministerio se hará cargo de la compañía, que seguirá su trabajo y cumplirá los compromisos adquiridos. Andrés Amorós se reunió ayer con Antonio Gades (que después de más de diez años de ausencia había vuelto a la compañía para montar su última obra, «Fuenteovejuna», y dejarla en el repertorio del Ballet) para explicarle la situación y, seguramente, pedirle consejo sobre el posible sucesor de Aida.

La bailarina madrileña había llegado al cargo hace tres años, bajo la dirección general de Tomás Marco. En su cartera llevaba como primer encargo el rejuvenecimiento y la modernización de la compañía, que se encontraba en un peligroso letargo.