Cuenta atrás para la reapertura de Palmira

El balance de daños ocasionados por los combates y por la agenda de «limpieza cultural» y el saqueo aplicados por los yihadistas causó graves daños en el conjunto arquitectónico

Corresponsal en JerusalénActualizado:

Después de sufrir siete años de guerra y de caer dos veces en manos del grupo yihadista Daesh, las autoridades sirias esperan reabrir Palmira al turismo el próximo verano. Se abre una plazo de menos de doce meses para intentar curar las heridas sufridas y devolver todo su esplendor a uno de los conjuntos arquitectónicos grecorromanos más impresionantes de la región. «Tenemos un proyecto en marcha para reparar todos los daños sufridos por la ciudadela de Palmira y contamos con buenas propuestas de potencias mundiales para restaurar sus obras de arte, lo que significa es que el lugar estará totalmente para recibir turistas el próximo verano», declaró a la agencia rusa Sputnik el gobernador de la provincia de Homs, Talal Barazi. Desde el día de su liberación de manos de los yihadistas, la conocida como «perla del desierto» está bajo al supervisión de expertos locales y de un equipo llegado del museo Pushkin de Moscú, que está al frente de las labores de una restauración respaldada también por la Unesco.

Palmira, punto de paso de caravanas y cruce de culturas y civilizaciones, está en los libros de historia por haber albergado la capital del reino de Zenobia, pero también ocupa un lugar destacado en la historia particular del califato ya que el EI logró conquistar este oasis en mitad del desierto, situado 240 kilómetros al norte de Damasco, en dos ocasiones. Tras arrasar Nimrud, joya del imperio asirio fundado en el siglo XIII, Hatra, ciudad de 2.000 años de antigüedad, y el museo de Mosul, los tres puntos en el norte de Irak, los seguidores del califa, Abu Baker Al Bagdadi, izaron por primera vez su bandera negra frente a la plaza del museo de Palmira en mayo de 2015. El sueño del califa de establecerse en este punto estratégico en el corazón de Siria duró apenas diez meses, hasta que el Ejército sirio, con el apoyo de Rusia, logró expulsarles. Fue una victoria efímera porque en diciembre de ese año, aprovechando que toda la atención estaba puesta en la batalla por Alepo, el EI lanzó una operación sorpresa y recuperó el control de las ruinas y de la ciudad moderna de Tadmur, levantada a las puertas del conjunto arqueológico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en los ochenta. El estallido de la guerra hizo que el organismo internacional la incluyera en su lista de «patrimonio en peligro» en 2013, como al resto de lugares históricos de Siria.

El balance de daños ocasionados por los combates y por la agenda de «limpieza cultural» y el saqueo aplicados por los yihadistas, al más puro estilo de los talibanes de Afganistán, causó graves daños a las tumbas de Mohammad Ben Ali, un descendiente de la familia del primo del profeta Ali Ben Abi Taleb, y de Nizar Abu Bahaedin, un religioso local; la figura del León de Al Lat, de tres metros y medio de alto, quince toneladas de peso y más de 2.000 años; el templo de Bel, erigido en el 32 D.C en homenaje al dios de la lluvia, el trueno y la fertilidad; el museo, reconvertido en prisión; el anfiteatro romano y el Tetrápilo, conjunto de cuatro grandes zócalos con cuatro columnas cada uno. De momento, ya se ha podido recuperar el enorme León de Al Lat, que descansa en el museo de Damasco a la espera de poder regresar a su oasis en mitad del desierto.