«Cuando Tamara sale a escena, parece que tiene un foco que le sigue siempre»

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«Blancanieves» no hubiera nacido si Tamara Rojo no hubiera sido la cabeza de cartel del proyecto. Lo tienen muy claro tanto Emilio Aragón como Ricardo Cué, que ha estado presente en muchos de los momentos importantes de la carrera de la bailarina madrileña (aunque nacida en Montreal). Y es que los elogios hacia la artista (una palabra que Emilio Aragón cree que está en desuso y que debería usarse más, siempre que esté bien aplicada) son constantes. Ricardo Cué cree que no hay hoy en día en el mundo una bailarina con tanto talento y tanta calidad como Tamara Rojo. Y Emilio Aragón, que ha tenido la oportunidad de verla varias veces en el Covent Garden en los últimos meses, dice que «cuando sale a escena, parece como si tuviera un foco encima de ella que le siguiera a todas partes».

Y es que, efectivamente, Tamara Rojo es hoy en día una de las grandes. Vinculada desde hace unos años al Royal Ballet, una de las más importantes compañías del mundo, ha logrado el aplauso unánime del entendido público y de la exigente crítica londinense. Con piezas como «El lago de los cisnes», «Romeo y Julieta», «Don Quijote», «Ondine», «Manon» u «Onegin», Tamara Rojo ha demostrado la categoría que le han hecho acreedora del Príncipe de Asturias.