consuelo, religioso
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Consuelo religioso

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ANTONIO WEINRICHTER

Si hay algo que de lo que se podía acusar a los hermanos Coen, aunque nadie pensara en hacerlo por lo mucho que nos han alegrado la vida con sus incursiones en los géneros más variados, era de no haber rendido nunca cuentas de su condición (o cultura, o incluso «raza») judía. Eso es algo en lo que se fijan mucho en su país: que se lo pregunten a Woody Allen, pese a que de vez en cuando hace chistes de rabinos y sacó una vez a la «gran madre judía». Pues bien, los Coen han redimido su culpa (creo que este sentimiento es común a su religión y a la cristiana) con una película judía hasta las cachas. Otra cosa es que al cumplir este trámite hayan complacido a la ortodoxia hebrea. Parece que su intención era otra: no sale uno sino varios rabinos, y cada una de las escenas que protagonizan conforma un chiste mejor que el anterior. Uno utiliza una metáfora con un parking que parece el discurso de un sonso profeta new age, otro cuenta una historia de dientes y mensajes encriptados dignos de la Cábala que hay que oÍrla para creerla, y otro más se limita a recitar una canción hippy de Jefferson Airplane. No sé cuánto de autobiográfico habrá en la película, pero desde luego uno mandaría a sus hijos a otra sinagoga que la que frecuentaron los Coen.

Ninguno de los rabinos procura consuelo al atribulado Larry, el protagonista. Es un personaje mucho menos corto de lo habitual en el universo Coen, de hecho, es profesor de matemáticas (algo bastante cabalístico de por sí). Pero le llueven tantas desgracias que parece que Yahvé hubiera decidido ponerle a prueba: su mujer se la pega, su ascenso a titular está en en el aire, su hermano no hace más que causarle problemas, tiene un litigio con su vecino... y Dios le atruena con su silencio cuando le pide respuestas. Larry es un tipo serio, ya lo dice el título, pero lo que no es serio es que parece tener todas las papeletas en la lotería de Babel en que se convierte su vida. Los Coen han hecho su película más extraña, lo que en su caso es mucho decir. Carece de estrellas, carece de género, viene sin manual de uso para que el espectador pise terreno seguro: nos reímos pero no sabemos si nos están hablando del sentido de la vida, o todo lo contrario. Pero me parece una obra admirable desde su prólogo étnico hasta ese inefable final deus ex machina donde todo parece explicarse, o no.