La conquista de México, en los tacones del Ballet Nacional

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J. B.

MADRID. Sobre el papel, pudiera parecer que una novela como «El corazón de piedra verde», de Salvador Madariaga -texto que habla sobre la conquista de México-, no es el mejor material para una obra de danza española. Pero José Antonio, director del Ballet Nacional, cree todo lo contrario. «La novela está llena de personajes que por sí mismos ya podrían ser objeto de un ballet». También lo pensaba el desaparecido Antonio Gades, con quien hace ya veinte años habló José Antonio de esta adaptación. «Fue cuando celebramos el décimo aniversario del Ballet Nacional y bailamos juntos su «Bodas de sangre»», cuenta José Antonio.

Dos décadas después, y como pórtico a las celebraciones del trigésimo aniversario de la creación de la compañía, José Antonio ha podido por fin hacer realidad este proyecto. Ya hace dos años y medio que trabaja en él junto con el músico José Nieto -que es parte fundamental de la historia del Ballet Nacional, para el que ha compuesto las partituras de piezas como «Ritmos», «Don Juan», «Romance de Luna» o la más reciente «Dualia». «La principal complicación fue encontrar el concepto; hasta entonces me dispersaba. No me interesaba tanto hacer algo histórico, y encontramos la solución en el teatro dentro del teatro; así, lo que narramos es cómo el Ballet Nacional coge una historia y la cuenta a su manera. A partir de ahí, todo fue más fácil».

Cuenta José Antonio que la historia comienza «con la toma de Granada, el nacimiento de Alonso (el futuro Dios rubio de la conquista) y la expulsión de los judíos. Al mismo tiempo, y en los lejanos dominios de Moctezuma, nace una princesa, Xuchitl, a la que desde su iniciación los augurios predicen que la vida la alejará de sus raíces hacia tierras ajenas. Será protegida y amada en silencio por Ixcauatzin, el niño que en la ceremonia del nacimiento se convierte en sacerdote y protector por orden del rey y padre de la princesa. Y así lo hará hasta el fin de sus días».

El director del Ballet Nacional se muestra satisfecho del trabajo realizado -«hay detrás un equipo y una compañía que me hacen sentirme sereno y tranquilo»- y asegura que «ésta es una creación muy diferente de todo lo que he venido haciendo hasta ahora, con un concepto teatral distinto de mis anteriores trabajos». Así, dice que la coreografía tiene su lenguaje. «Siempre he tratado de no repetirme, pero tengo mi propia manera de expresarme. He intentado que toda la obra tenga desde el punto de vista coreográfico un denominador común. Digamos que la obra posee un lenguaje de danza española tradicional, pero únicamente en su vocabulario, no en su concepto. Se zapatea, claro, pero en algunos momentos y en el tratamiento de algunos personajes hay una mayor liberalización del lenguaje, con movimientos más contemporáneos e incluso étnicos».

De la música de José Nieto dice que es «maravillosa y muy inspiradora, además de enormemente creativa. Ha incluido sonidos étnicos, ha empleado instrumentos poco usuales, y procedentes de lugares como Australia... Hay mucha percusión, y un hilo conductor, que son los poemas de Juan del Encina, que en la grabación que utilizamos canta el contratenor Carlos Mena. Tanto en la música como en la historia se viaja de España a México».

Se siente orgulloso José Antonio del trabajo y de la calidad de la compañía que dirige. «Los bailarines están muy preparados, y tienen un nivel técnico muy alto; además dan muy bien los personajes. Eso me ha permitido desarrollar la coreografía sin limitaciones».

Miguel Ángel Corbacho y Cristina Gómez, bailarín principal y primera bailarina, respectivamente, de la compañía, encarnan a los protagonistas junto a dos artistas invitados: Carlos Rodríguez y Primitivo Daza. «El Ballet Nacional debe estar equilibrado, no puede cerrarse al talento de la gente de fuera, como Carlos y Primitivo, dos bailarines de gran personalidad. Las identidades son importantes en la danza. Y hay que saber abrirse, pero también es necesario apostar por la gente de talento que hay en la propia compañía».

Además de la música de José Nieto, José Antonio ha contado para este ballet con el vestuario de Yvonne Blake y la escenografía de Ricardo Sánchez Cuerda.