Congreso histórico en Cartagena: callen barbas y fablen cartas

El pasado 26 de abril finalizaron en el centro museístico Arqua de Cartagena, junto al tesoro recuperado de la fragata Mercedes, las exposiciones, las reflexiones y los debates a que ha dado lugar un congreso histórico

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El pasado 26 de abril finalizaron en el centro museístico Arqua de Cartagena, junto al tesoro recuperado de la fragata Mercedes, las exposiciones, las reflexiones y los debates a que ha dado lugar el I Congreso Internacional «La armada de 1588 y la contra-armada inglesa de 1589. El conflicto naval entre España e Inglaterra entre 1580 y 1607». Su argumentación conmemorativa estriba en que nos encontrarnos a 430 años de distancia temporal de la flota que Isabel I de Inglaterra envió a destruir los restos de la fracasada expedición española del año anterior y a levantar Portugal a favor del pretendiente, el prior de Crato. Empresa que, aunque superior en medios navales, resultó aún más catastrófica que la de Felipe II, ya que el reino inglés era una potencia media, mucho menos capaz de asumir sus efectos, con pérdidas humanas que duplicaban las españolas de 1588, pero mucho menos conocida y tratada y casi ignorada por la comunidad científica que sólo le había dedicado algún ensayo de menor entidad.

Pero también se celebraban los 30 años de los magnos eventos que supusieron, en lo expositivo, la excepcional muestra «Spanish Armada» del Maritime Museum de Greenwich, de Botanic Gardens de Belfast a continuación y, finalmente, de El Escorial -1988-1989-, y en el campo de la investigación, del corpus Batalla del Mar Océano de la Armada Española para la revisión crítica del proyecto filipino. Eventos que trajeron consigo un aluvión de publicaciones relevantes que han marcado una nueva visión historiográfica a nivel mundial mucho más favorable a la realidad y a España.

La iniciativa del actual y enriquecedor encuentro ha correspondido a la dirección de su sede, al Museo Nacional de Arqueología Subacuática, que ha reunido, por primera vez, a un nutrido grupo ecuménico de arqueólogos e historiadores relacionados con esos eventos en feliz y constructiva connivencia. Marco histórico ambiental emblemático e instalaciones dotadas de todas las facilidades para un intercambio de información de esta índole que abarca una horquilla histórica, tan característica, que merecía un tratamiento monotemático.

Sus dos límites cronológicos han sido el indeciso inicio de una confrontación que iba a afectar a una docena de países europeos durante 19 años, y la firma del tratado de paz de Londres de 28 de agosto de 1604, conocido en el mundo anglosajón y más coloquialmente como The Somerset House Conference. Confrontación eminente, aunque no únicamente, naval, porque el escenario principal de sus dos hitos fundamentales y consecutivos, de sus dos expediciones mayores fracasadas, cara y cruz de una misma moneda bélica, y de las demás que antecedieron o siguieron, fue la mar. Se trató de ataques lanzados desde el mar.

La primera ofensiva, es uno de los acontecimientos reconocidos como más trascendentes de la historia de Europa: la jornada de Inglaterra de 1588 respecto a la que no hemos querido aceptar el término Invencible para designarla, por considerarlo una malinterpretación intencionada. Invencible e incluso Felicísima, la denominaron efectivamente los textos poéticos y las rogativas previos al suceso, porque lo fue en la esperanza general. A todas las expediciones de la Monarquía Hispánica de su tiempo se las denominó los felicísimos exercitos y armadas de S.M., con independencia de su éxito. Forma de hablar de la época, expresión literaria de un deseo ferviente de que cada una lo fuese y nunca su denominación oficial.

Los dos sucesos recibieron la denominación de armadas, en el sentido etimológico español de la palabra, término generalmente recogido y admitido sin traducción en las mejores obras anglosajonas, especialmente cuando se refiere a estos hechos históricos y a las fuerzas navales empleadas en cada momento por España. Mayor licencia por nuestra parte ha supuesto acoger en el título del congreso la denominación de contra-armada, que, aunque es explícita en sí misma, no está recogida en nuestro Diccionario de la Lengua y, por lo tanto, carece de definición. Acrisolada también por los investigadores de lengua inglesa, la counter-armada ha pasado a ser una voz del lenguaje técnico en el que los especialistas nos movemos.

Desde que Robert Stenuit excavara la galeaza Girona y moviera el interés general hacia una época que merecía que sus protagonistas y sus circunstancias se conociesen en profundidad intelectual y saliesen de su profundidad acuática, bajo el prisma de hombres y hechos de su tiempo, los arqueólogos habían facilitado la labor de los historiadores. La interpretación de ese buque emblemático y peculiar, floating tresure cultural, puso en evidencia la necesidad de su protección. Por ello, y por los abundantes trabajos subacuáticos que se habían ido sumando a aquél pionero, este congreso necesitaba verse enriquecido con aportaciones de ambas disciplinas y en él se ha demostrado que, en esta materia, no pueden volver a separarse.

A lo largo de estas sesiones, y junto a los expositores personales, Simancas ha vuelto a estar en la palestra como archivo mayor e inagotable, juntamente con los de la Torre do Tombo lisboeta, Indias o el ducal de Sanlúcar, y en menor grado la Biblioteca Nacional de Portugal, la Academia das Ciências de Lisboa, pero también se han ido abriendo otros, locales y desconocidos en nuestras latitudes, como el de Dubrovnic y el de los duques de Argyle en Inveraray Castle. La ciencia de los exponentes, fuesen protagonistas de los logros o meros relatores, pero también el entusiasmo de las localidades afectadas, han estado presentes, abriéndose además un gran panorama de posibilidades futuras en lo científico, en lo técnico, en lo jurídico, en lo expositivo y en lo divulgativo, que pueden convertirse en las grandes muletas de un próximo congreso. Lo jurídico, nacional e internacional, así como la relación diplomática, representa nuestra salvaguardia documental. Lo conmemorativo, aunque sea lúdico o deportivo, nuestra memoria. Lo expositivo y lo impreso, la mejor manera de transmitirlo.

Callen barbas y fablen cartas, rezaba un viejo adagio castellano. Cuestionada actualmente la cultura española en todos los frentes, se hacía necesario continuar una tarea iniciada en 1986 que despierta aún enorme interés. Cuando vemos, día a día, conculcada nuestra historia y nuestra aportación cultural en todos los frentes y amenazado nuestro patrimonio sumergido, sin base solvente ni de conformidad a Derecho, resultan reconfortantes estos testimonios basados en el criterio respetable, el juicio ponderado y la documentación fehaciente.

[Hugo O’Donnell y duque de Estrada. Miembro numerario de la Real Academia de la Historia].