Un congreso de editores, sellos y poco más

MADRID. A. A.
Actualizado:

Si al «programa» de Madrid, capital mundial le quitamos la tradicional semana del Libro en el Círculo de Bellas Artes, coincidiendo con la entrega del premio Cervantes (ya saben, la tradicional lectura continuada del Quijote y la no menos tradicional «calle del libro», con bibliobuses, exposiciones, mesas redondas, conferencias, talleres literarios, ciclos de cine y poesía, actuaciones musicales o recitales). Si quitamos el ciclo de la Casa de América sobre «Novelas de dictadores, dictadores de novela», tan bueno como los que hace cada año, previsto con antelación a esta capitalidad mundial del libro, en el que se anuncia la intervención en una serie de conferencias con carácter bimestral de Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Augusto Roa Bastos y Mario Vargas Llosa. Si quitamos la II edición del «Libro Solidario» en el que los madrileños donan libros para la creación de bibliotecas en países necesitados —este año a Nicaragua—. Si quitamos la XXIV Feria del Libro Antiguo y de Ocasión. Si quitamos las veladas literarias de la Fundación Carlos de Amberes, que este año se centran en autores belgas, holandeses y españoles. Si quitamos la II Feria de Madrid por la Ciencia. Si quitamos la histórica Feria del Libro de Madrid, que en 2001 celebra su sexagésima edición con la publicación de un libro «divulgador y educativo», se asegura en el programa de actividades, del que se editarán cien mil ejemplares. Si quitamos el tributo a Francisco Sanz como librero ejemplar. Si quitamos XIII ediciónde la Feria del Libro de Otoño. Si quitamos el premio Antonio de Sancha. Si quitamos el LIBER —en el que se reunirán libreros de Iberoamérica, Portugal y España—. Si quitamos el II Congreso de nuevos narradores iberoamericanos, anunciado en la Casa de América. Si quitamos el homenaje a Manuel Andrino, como bibliófilo predilecto. Si quitamos el salón del libro infantil y juvenil. Si quitamos el Club de Debates. Si quitamos la maravillosa Cuesta de Moyano. Si quitamos todo eso, que es lo que siempre hay en Madrid, la capitalidad mundial se queda en un congreso de editores, mapas de librerías, matasellos, la Puerta de Alcalá llena de libros, dos nuevos bibliobuses y un sello del libro. Pero como el gran Bogart dijo de París, aquí, en Madrid, siempre nos quedará Moyano.