Una comedia sin estridencias

Por Pedro Manuel VÍLLORA
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«Achipé, achipé...». Autor y director: Antonio Ozores. Intérpretes: Manuel Zarzo, Emma Ozores, Nicolás Dueñas, Lucía Bravo. Teatro Arlequín, Madrid.

Tras una etapa en la que el Teatro Arlequín ha intentado ampliar el espectro de su público dando cabida al drama de personajes, al neosainete, al musical, al experimentalismo, e incluso al cabaret de travestidos, regresa ahora al género cómico que le ha dado algunos de sus mayores éxitos, como fueron «Que viene mi marido», de Arniches. También «Achipé, achipé...» es una comedia de enredo cuyo fin es el del entretenimiento inmediato y sin mayor trascendencia; es decir, un tipo de teatro que habitualmente es denostado por espectadores que desean la satisfacción de inquietudes más exigentes, pero que fácilmente ha de contentar al público que pretende dos horas de evasión.

La trama de «Achipé, achipé...» es muy sencilla, y no es en ella donde radica lo más valioso de la obra. Como si se tratase de la suma de dos piezas cortas y diferenciadas, la primera parte presenta una situación de enredo amoroso que lleva a un esposo a creer la falsedad de que su esposa le sea infiel con su mejor amigo, mientras que la segunda parte se centra en la reconquista del marido a costa de una paternidad que —esta sí— es falsa, pero que permite que la escena se llene de múltiples bebés dentro de otro enredo alocado. Esta doble trama cae en ocasiones en lo previsible, y hasta en lo gratuito y poco cohesionado, pero da pie a que el autor introduzca algunos ingeniosos parlamentos que, aunque no aportan mucho al desarrollo de la intriga, son divertidos por sí mismos independientemente de la comedia en la que se inscriban.

Ozores tiene en sus intérpretes a las mejores bazas. Lucía Bravo es mejor actriz de lo que demanda su personaje, y vale para bastante más que para lucirse en ropa interior; por eso llena el escenario en cuanto tiene oportunidad. Emma Ozores es poco verosímil como chica okupa, pero transmite simpatía y aprovecha muy bien las escenas escritas para su lucimiento con algunos juegos vocales muy graciosos. Pero los personajes mejor construidos son los del esposo celoso y su enredador amigo, y en ellos hacen Manuel Zarzo y Nicolás Dueñas sendas creaciones. Hay ocasiones en las que Dueñas recuerda al propio Ozores, parapetándose detrás de una verborrea premeditadamente confusa mientras gana tiempo para urdir su compleja red de falsedades. En cuanto a Zarzo, consigue que su parodia de un machista anticuado sea casi entrañable.