Cervantes en el Parlamento

Por J. J. ARMAS MARCELO
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La cita de Cervantes por Zapatero durante el debate del estado de la Nación, exigiendo su ritual celebración en el 2005, ha gastado más palabras y papel que la polémica con la que Juan Goytisolo soñó al escribir su tan recomendable como discutible artículo sobre el estado de la cuestión cultural -y literaria- en nuestro país. Por fin La Mancha cobra magnitud en el Palacio de los leones, aunque aún estamos algunos -nada amanuenses ni domeñables por partidos políticos y empresas del ramo- traduciendo la metáfora del tiempo de la celebración cervantina y la cita de Zapatero. En épocas de mayor frivolidad que ahora, a pesar del fulgor de «la movida», las clases dirigentes se preguntaban todos los días con quién había cenado tal o cual mengano de relevancia, con quién había almorzado y, sobre todo, que por ahí le entra el agua del coco, con quién había desayunado tal o cual personalidad.

Aunque Zapatero es lector conspicuo de Borges, algunos nos preguntamos por curiosidad intelectual quién o quiénes le soplaron al oído las notas de Cervantes para que reclamara con tanta urgencia el ceremonial de la celebración. Intérpretes del Quijote los hay por todas las esquinas del paraíso de nuestras literaturas. Le das un golpecito en la espalda a alguno de nuestros novelistas «fundacionales», le preguntas por el novelista más moderno y, sin abrirse la cabeza más de la cuenta, contestan sin dudar: «Cervantes». Claro que para ese viaje no se necesitan más alforjas que las que se cargan con la manifiesta vanidad del escritor que contesta, y que con la cita de Cervantes pasa a desconocer olímpicamente todo cuanto vino después y ahora sigue existiendo.

En el caso de Zapatero, no se sabe si usó de su propio ingenio; si su recordatorio a largo plazo fue una metáfora del tiempo y un cántico a la semilla; o si alguien en el desayuno o almuerzo ese mismo día le sopló al oído el nombre del caballero loco que se reía de los cuerdos sin que éstos se dieran cuenta. Tengo para mí que fue en la cena de la noche anterior cuando, entre corcheas, música de orquestas de cámara y palabras cultas, cayó el nombre de Cervantes y la fecha, y se encendió el bombillo en la memoria del aspirante. Comprendo bien las urgencias de los amanuenses que se han llamado a escándalo porque muchos todavía estamos sorprendidos y sonrientes por la cita del Gran Manco en pleno debate político. Como recuerda cualquier Quijote sacral, los últimos serán los primeros. Y viceversa.