La catedral geológica del Valle de Cabuérniga

TERESA GARRIDOCANTABRIA. Hace apenas dos años que abría sus puertas. Su existencia había pasado hasta entonces desapercibida salvo para los excursionistas y lugareños que guardaban con recelo su

TERESA GARRIDO/CANTABRIA
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Hace apenas dos años que abría sus puertas. Su existencia había pasado hasta entonces desapercibida salvo para los excursionistas y lugareños que guardaban con recelo su ubicación.

La Cueva del Soplao, en el Valle de Cabuérniga, fue durante un tiempo el hogar de muchos de los mineros de la región, ahora se ha convertido en uno de los atractivos turísticos más importantes de Cantabria junto al Parque Natural de Cabárceno, la Bahía de Santander o las réplicas de Altamira. El Soplao tiene competencia en lo que a cuevas se trata -por aquello de que la Comunidad esconde bajo tierra unas 6.000 grutas- pero ha sabido ganarse el aprecio de los visitantes por sus excepcionales «excentricidades».

Para facilitar el acceso y recordar el pasado minero de la cueva, el Gobierno cántabro ha puesto en funcionamiento un tren que después de recorrer un trayecto de unos 400 metros deja al visitante en la entrada de la cueva para el inicio del recorrido.

Cantabria a vista de pájaro

Antes de que todo se vuelva oscuridad, desde la entrada a la cueva se abre una ventana a los paisajes de Peña Sagra, Naranjo de Bulnes, Pico Tres Mares, Sierra del Cuera y al Mar Cantábrico. Desde el alto se contempla Oyambre, Comillas, La Florida y la Ría de San Vicente de la Barquera. Una vez bajo tierra, el visitante recorre parte de una vieja galería minera que conduce al Soplao. Dentro de ella miles de formas geológicas que se han configurado de forma caprichosa a lo largo del tiempo adornan cada centímetro de las paredes. El incesante paso del agua durante los últimos 240 millones de años ha creado unos cuerpos de piedra que hasta ahora se encontraban de forma excepcional en algunas grutas, y que en el caso del Soplao son un auténtico alarde de abundancia. Las excentricidades, que así se llaman, dibujan en los techos y paredes del Solplao figuras de erizos y bosques de cardos. También las pisolitas, perlas de las cavernas, cubren como un manto la superficie de la gruta durante varios metros. Aunque la cueva cántabra tiene una longitud de 17 kilómetros, los visitantes pueden acceder a 1.500 metros a través de dos de sus ocho galerías, La Gorda y Los Fantasmas, que hacen de la cueva del Soplao una auténtica catedral geológica