Casandra y los derechos humanos centran una obra teatral colectiva

MADRID. ABC
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El pasado domingo comenzaron en Madrid los ensayos de «La noche de Casandra», un proyecto colectivo contra «la vulneración habitual de los derecho humanos», en el que, bajo los auspicios de la Fundación Instituto Internacional del Teatro del Mediterráneo (IITM), trabajan autores, directores y actores de España, Francia, Italia, Eslovenia y Portugal; el español Raúl Hernández se encarga de la dramaturgia y coordinación de los textos. El espectáculo se estrenará el próximo 20 de abril en el Teatro García Lorca de Getafe (Madrid).

En palabras de José Monleón, director del (IITM), «la noble figura de Casandra, profestisa condenada por el desdeñado Apolo a no ser creída», es el punto de partida de este montaje multicultural que integra «la experiencia de los directores, de los actores, del músico y del escenógrafo, con el ánimo de ofrecer un drama común, hecho con la memoria y la sensibilidad de quienes lo viven o han vivido de manera muy distinta». Esta Casandra, subraya Monleón, «ya no es la víctima impotente de la crueldad de Agamenón», sino que «vive a través de los siglos con una profecía, en la que pocos creen y a la que muchos llaman utopía, pero que al final habrá de cumplirse»: la sustitución de la ley del Talión por la Justicia para todos.

Por otra parte, el IITM organiza el «IV Taller Internacional El Otro Teatro», un encuentro de diversos centros de discapacitados de España, Italia, Grecia, Marruecos, Israel y Bulgaria, que este año tendrá como sede la ciudad andaluza de Lebrija. El taller, que plantea la inserción real de los discapacitados en la sociedad, demostrará sus postulados con la representación de la obra cervantina «El retablo de las maravillas», un sainete adaptado por el dramaturgo Antonio Álamo. «En la obra de Cervantes —explicó Álamo—, el protagonista se sirve de un retablo vacío para engañar a la gente: él afirma que hay cosas que sólo pueden ver las personas “normales”. Pensé que el propio discurso cervantino se podría volver en nuestra contra, porque lo iban a interpretar discapacitados, pero luego vi un paralelismo con la Declaración Universal de los Derechos Humanos: en teoría es para todos, pero sólo lo ven los “normales”, que casualmente son hombres blancos y occidentales».