Carmen Posadas mezcla realidad y ficción en su biografía de la Bella Otero

Dos años, pero «en cuerpo y alma», ha empleado Carmen Posadas en «La Bella Otero», una biografía novelada en la que hay mucho de investigación e interesantes datos nuevos sobre uno de los mitos femeninos de la «belle époque». El personaje ha apasionado a la escritora en la que no es difícil advertir que se encuentra satisfecha de su nuevo libro. Ha adquirido seguridad en su oficio.

MADRID. T. de León-Sotelo
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La autora, que por vez primera hace una incursión en el campo de la biografía, encontró a la Otero por su afán por la lectura. «Puedo leerme la guía telefónica», bromea. El caso es que un día encontró una nota sobre la célebre artista española y le llamó la atención que una de las mujeres más ricas de Europa hubiese acabado sus días -tenía 97 años- en una pobre habitación de Niza. ¿Se interesó por la persona o por la leyenda?: «En mi obra siempre me he interesado por seres que han sido y han dejado de ser». En su búsqueda, halló a una sobrina nieta y a algunas personas que la conocieron.

Esta incursión en un personaje de carne y hueso se le antoja a Posadas más difícil que la creación de un personaje en el que el autor puede ser Dios. Dos voces se dejan oir en sus páginas, la de la Otero y la de ella misma, que incluso opina sobre determinados hechos, tantas son a veces las versiones. Y es que la novelista se ha encontrado con una gran embustera, de la que no obstante admira, y lo cuenta, su gran dignidad para envejecer para lo que fue capaz de retirarse a los 46 años. En cuanto a las repetidas mentiras sobre su vida, Carmen deduce rasgos de una personalidad que lo hacía «no para adornar su personaje sino para darle al público lo que pedía. Era inteligente e intuitiva».

La mujer que fue amada hasta el paroxismo por millonarios y reyes -siete hombre se suicidaron por ella- no sintió nunca una gran pasión y nunca se casó. «Creo que esto se debía a la circunstancia de haber sido violada a los 10 años con tal saña que quedó estéril. Trató de cobrarse lo que habían hecho con ella», dice Posadas, que analiza la pasión de la Otero por el juego. Tanta que llegó a perder 68.000 millones de pesetas. Este dato le hace decir a su biógrafa que si la hubiera conocido le habría preguntado «por este suicidio y, además, si me decía la verdad».