Carmen Alborch
Carmen Alborch - Eduardo San Bernardo
NECROLÓGICA

Carmen Alborch: es tanto lo que has sembrado...

Carmen y mi padre siempre se entendieron en la discrepancia para mejorar su entorno

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La vida nos impone a veces circunstancias impensables, y para mí escribir estas líneas sobre Carmen era impensable. Precisamente sobre Carmen, una mujer tan luchadora, tan vital y a la que, pese a la larga enfermedad que se la ha llevado, yo seguía viendo como una mujer joven, de las destinadas a no irse nunca.

Conocí a Carmen Alborch a través de mi padre, del que era discípula directa como mercantilista. Y no puedo evitar trazar ciertas similitudes en sus trayectorias: en primer lugar, el Derecho Mercantil y la vocación universitaria. Fue, al igual que el profesor Broseta, decana de la Facultad de Derecho de la Universidad de Valencia y doctora y profesora de Derecho Mercantil. Fue en este ámbito en el que la conocí, por su relación académica con mi padre y también como alumno de la Facultad.

Rompió moldes en su tiempo -al igual que su maestro- por distintas razones: ser mujer en un entorno mayoritariamente masculino, su manera de enseñar, su cercanía al alumno, su planteamiento de la materia, e incluso su manera de vestir en una Facultad todavía poco acostumbrada. Puedo decir sin equivocarme que en los 80 y 90 era un símbolo en la Facultad de Derecho de Valencia.

En segundo lugar, se dedicó a la política también hasta ser ministra de Cultura en el Gobierno de Felipe González. Persona abierta, dialogante, culta y preparada, fue de aquellos personajes que, siendo transgresores, aportaban valor y ejemplo a la sociedad a la que servían. Se pueden destacar muchas obras y decisiones de Carmen como política, pero yo me quedaría con la puesta en marcha del Instituto Valenciano de Arte Moderno, el IVAM, seguramente no la más importante, pero sí, en mi opinión, su obra más simbólica, visible y permanente. Desde su posicionamiento ideológico cada uno, y con el respeto que la inteligencia y la relación maestro-discípula dan, Carmen y mi padre siempre se entendieron en la discrepancia para crear y mejorar su entorno, cada uno a su manera: esa es la verdadera política.

En tercer lugar, Carmen fue una valenciana como hemos tenido pocas, conocida nacional e internacionalmente, no solo por sus grandes contribuciones antedichas a la Universidad y la política, sino muy especialmente a los derechos de la mujer, la literatura y la cultura en general. En ese sentido quiero destacar que aunque durante mucho tiempo residió en Madrid -donde deja una profunda huella- nunca abandonó Valencia y su defensa.

En fin, Carmen, hace poco hablamos de proyectos de futuro. Lamentablemente no se podrán llevar a cabo, pero es tanto lo que has sembrado que tu nombre y tu recuerdo siempre estarán ahí, junto al de muchos otros valencianos y valencianas que trabajaron por su tierra y por la sociedad en general. Muchas gracias, saluda al Maestro también de nuestra parte, y descansa en paz.

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Manuel Broseta Dupré es abogado y presidente de la fundación conexus