Buero recibe el homenaje de estudiosos y amigos

Estudiosos, compañeros, amigos y, fundamentalmente, admiradores del dramaturgo Antonio Buero Vallejo se reunieron el martes pasado en el Centro Cultural de la Villa para rendir homenaje al gran autor fallecido el 29 de abril del año 2000, y cuya obra «Madrugada» se está representando en la actualidad en este escenario madrileño.

MADRID. Pedro Manuel Víllora
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Bajo la coordinación del dramaturgo José Ramón Fernández, se desarrolló una mesa redonda que abrió el profesor Luis Iglesias Feijoo, coeditor de las obras completas del autor, que recordó las alusiones parabólicas del teatro de Buero, e hizo hincapié en la importancia de su último texto, «Misión al pueblo desierto», en el que es posible hallar elementos autobiográficos y una apuesta por la tolerancia. Gustavo Pérez Puig, director de cuatro de sus últimas obras, incluida la citada, afirmó que «Buero dominaba el idioma, y su castellano es sólo comparable al de Camilo José Cela». Para Pérez Puig, su condición de gran escritor permite que el suyo sea un «teatro también para leer».

«Buero es un autor tan importante que han tenido que oírle incluso en una sociedad que no era la más propicia», afirmó Beatriz Carvajal, quien en 1986 protagonizó «Lázaro en el laberinto» por expreso deseo del autor. Para otro de sus intérpretes, Manuel de Blas, director y protagonista de «Madrugada», «Buero es un autor que nunca olvida el juego teatral».

El director del Centro Dramático Nacional, Juan Carlos Pérez de la Fuente, comparó a Buero con Unamuno y Lorca: «Más allá de un dramaturgo, Buero fue un poeta existencial y español». Victoria Alvás, sobrina de Buero, ha debutado como actriz con «Madrugada», donde interpreta a la sobrina y heredera de un pintor; por eso es especialmente significativa su afirmación de que «en la vida real, la herencia que me ha dejado ha sido su maravilloso teatro».

Finalmente, Carlos Buero, hijo del autor, desveló el significado de Bu-e-ro en japonés: «El bosquejo del camino del samurai». Para Carlos Buero, su padre fue como un samurai, que siguió su camino sin olvidarse del bushido, del código; es decir, sin olvidarse de la ética.