Una bruja con mucho estilo

CARMEN VILLAR MIR | ESTOCOLMO
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Con sus enormes ojos de un azul intenso maquillados con sombra negra, cutis blanco, pelo azabache, perfil de raza y manos alargadas, Herta Müller, convertida ya en un mito por su apasionada vida, más interesante que cualquiera de sus novelas, parece la reencarnación de la madrasta de la película de Walt Disney: «Blanca Nieves y los siete enanitos». Sus obras se venden más que nunca y la moda «Herta» (negro de pies a la cabeza) se extiende como fuego por esta capital.

Cuando llegó a Estocolmo, con un reciente ensayo en el que ha basado su Conferencia Nobel, que trata de la tela que interviene en todas las partes de la vida y de los pañuelos que no son para la nariz, sino el lienzo de la soledad humana, ya se comentaba que tenía un carácter difícil. Hoy se asegura que esta dama, Premio Nobel 2009, trae de cabeza a la Academia Sueca, al personal del Grand Hotel donde reside y a los periodistas llegados de todo el mundo que intentan conseguir una palabra frase de la autora, sin conseguirlo.

Parece que le cuesta aceptar el programa que la Academia organiza cada año durante la Semana Nobel ya que, a su llegada a Suecia, en vez de conceder la rueda de prensa tradicional en la sala VIP del aeropuerto de Arlanda, se dirigió directamente al Grand Hotel sin hablar con nadie. Aunque siempre elude llamar la atención, ha comentado «que esta caída (por el Premio Nobel) es la peor de todas, porque supone viajes y entrevistas».

De todas formas ha confirmado que tras la Conferencia Nobel participará en la entrega de premios, la cena de gala posterior presidida por los Reyes de Suecia, una corta charla en el Dramaten, templo del teatro nacional, y otra en el Instituto Goethe.

Un programa no muy generoso si se compara con el de otros nobeles, como nuestro Don Camilo u Octavio Paz que se entregaron en cuerpo y alma a su cometido, dando conferencias en Universidades, firmando libros, concediendo encuentros a todos los periodistas en sus habitaciones del hotel y participando con muy buen humor y mejor voluntad en todos los eventos organizados estos días, como la divertida fiesta de estudiantes que sigue al famoso banquete el jueves 10.

Por otro lado. días antes de que la Nobel rumana, hoy nacionalizada alemana, apareciera en esta urbe, se publicaron varios artículos contra su persona. Afirmaban que, además de sufrir una enfermedad psicótica, mintió en su biografía, ya que nunca fue perseguida por la policía secreta de su país ni por la SS nazi. Dado que nadie se ha atrevido a preguntarle algo sobre el tema, permaneceremos en la más profunda ignorancia sobre su vida.