Los Príncipes de Asturias presidieron la ceremonia en la que Hawking se valió de una pantalla gigante para ilustrar sus teorías sobre el universo. EFE

Breve historia de 25 años de premios

Ayer dieron comienzo los actos de conmemoración de los XXV años de los Premios Príncipe de Asturias, presididos por Don Felipe y Doña Letizia, con una conferencia a cargo de Stephen Hawking, que presenta su «Brevísima historia del tiempo»

JOSÉ MANUEL NIEVES/
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OVIEDO. Media hora antes de la llegada de Stephen Hawking, ya no cabía un alma en el auditorio Príncipe Felipe, de Oviedo. Los más de mil quinientos invitados fueron llegando poco a poco, en un lento goteo de personas que comenzó poco después de las cinco y que se convirtió en riada según se acercaban la siete de la tarde, la hora prevista para el comienzo oficial de los actos conmemorativos del XXV aniversario de los premios Príncipe de Asturias, que durarán hasta octubre de 2006.

A menos cuarto aparecen los gaiteros, más de cien, a pie, en una larga hilera blanca y negra que salía en procesión del céntrico parque de San Francisco, con sus instrumentos al hombro y a la espalda. Se colocan en filas, a ambos lados de la entrada. Ensayan. La llegada de Don Felipe y Doña Letizia se convierte en una fiesta de música y aplausos. La ceremonia puede comenzar.

Tras un emocionante vídeo histórico, en el que se recordó a muchas de las 242 personalidades que han recibido el galardón en alguna de sus modalidades (el propio Hawking fue Premio Príncipe de Asturias de Investigación en 1989), el científico más famoso del mundo comenzó su intervención. Sólo, en su silla de ruedas computerizada y en medio de un gran escenario azul, este hombre de cuerpo frágil y mente poderosa fue desgranando, a golpe de ratón y diapositiva, su conferencia.

Por qué sólo recordamos el pasado

Con largas pausas entre los párrafos, Stephen Hawking intentó explicar a los presentes por qué recordamos el pasado, pero no el futuro; puso ejemplos cotidianos para suavizar las asperezas de la Segunda Ley de la Termodinámica, la más importante del Universo, y se refirió al hecho, explicado por la teoría M, de que sólo cuatro dimensiones, tres espaciales y una temporal, se expandieron, mientras que otras siete permanecen «enrolladas» e inasequibles para nosotros. «No existe razón dinámica alguna -dijo Hawking- para que el Universo parezca cuatridimensional. En cambio, la propuesta de ausencia de fronteras predice una posibilidad cuántica para cualquier número de dimensiones espaciales extensas,entre 0 y 10».

A pesar de que sus palabras eran ilustradas por gráficos y caricaturas que se sucedían en una pantalla gigante situada justo detrás de él, a pesar del silencio sepulcral en la sala, a pesar del respeto y de la indudable atención de los presentes, la expresión de una buena parte de sus rostros revelaba sin duda alguna el hecho de que se habían perdido irremisiblemente en algún punto de la charla.

«Las historias del Universo dependen de lo que está siendo medido, al revés de la idea habitual de que el Universo tiene una historia objetiva e independiente del observador». En las primeras filas, varios presidentes autonómicos, entre ellos Manuel Fraga, y algún ex presidente del Gobierno, como Leopoldo Calvo Sotelo, ni siquiera pestañeaban. Hawking seguía explicando cómo él piensa que nosotros, los humanos, vivimos sólo en uno de los infinitos «espacios internos» que hay en el universo, en el único que es compatible con nosotros y el único que, por lo tanto, podemos describir. «Quizá la vida sea posible en once dimensiones -dijo Hawking- pero sabemos que vivimos en cuatro».

«Vivimos en una región permitida antrópicamente -concluyó el astrofísico-, en la cual la vida es posible, pero creo que habríamos podido escoger un lugar algo mejor. Gracias y buenas noches».

Los discursos de los premios en vídeo

Con este saludo, pronunciado en castellano por su sintetizador de voz, Stephen Hawking puso fin a su intervención. Al momento, los Príncipes de Asturias se levantaron de sus asientos, y acompañaron al científico hasta un lateral, del escenario, junto a ellos, desde donde los tres siguieron el resto de la ceremonia. Un nuevo vídeo, esta vez dedicado a fragmentos de discursos. El propio Príncipe, Camilo José Cela, Mario Vargas Llosa, Nelson Mandela, Liz Taylor, Arhur Miller, Woody Allen, Lula da Silva, Daniel Barenboim... Algunos de ellos hablaban frente a un Príncipe todavía niño, otros ante un Príncipe adolescente y otros, al fin, ante el hombre adulto y recién casado que, durante su intervención, dijo que «hoy es uno de esos días que permanecen para siempre».

Don Felipe dedicó un emotivo recuerdo a Juan Pablo II, a quién agradeció «el amor que demostró a España» y afirmó que «Nuestro sentimiento y nuestro corazón están con todas las personas que nos han acompañado durante estos 25 años. Con ellos hemos aprendido a saber lo que significan las palabras aventura, valor, esfuerzo y solidaridad». Como colofón, a las ocho y veinticinco de la tarde y con todo el auditorio en pie, sonó el himno de Asturias, ese mismo cuya melodía dibujan cada mediodía las campanas de toda la ciudad.