J. M. NIETO

Blas de Lezo, un respeto y un clamor cinematográfico

«El público quiere ver una película sobre un almirante guipuzcoano llamado don Blas de Lezo y Olavarrieta, Mediohombre»

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Blas de Lezo no es de Vox. Ni de ningún partido. Como ni la bandera española con la cruz de San Andrés ni la rojigualda original de la Armada de 1785 son franquistas. Tampoco los reyes de la Reconquista, los Tercios de Flandes, los conquistadores o los últimos de Filipinas son fachas. No. Sin embargo, en el imaginario manejado por la autodenominada izquierda, un gran número de hechos y de personajes que ocupan un lugar destacado en la Historia de España, permanecen artificiosamente vinculados a un sesgo político en concreto, razón por la cual son pavlovianamente repudiados. Cautivos de un enfermizo presentismo, diversos grupos políticos e ideológicos operan como de caja de resonancia que amplifica el eco negrolegendario que parece estar más fuerte que nunca en España.

Mientras el cine de Hollywood hace épica con la breve historia de Estados Unidos, y las series de la BBC británica han quedado como paradigma del historicismo llevado a las pequeñas pantallas, en nuestros pagos los medios audiovisuales, cine y televisión, han quedado relegados a plasmar la parte más oscura de los acontecimientos de siglos que darían hasta para hacer una productora propia especializada. Cuando alguien se ha atrevido a quitarse el corsé, caso de las seriesIsabel o la de El Ministerio del Tiempo, el éxito ha llegado. ¿Qué ocurre entonces?

Hay que preguntarse si cuando se tratan este tipo de temas es posible que prime la aventura y el rigor, el disfrute de un espectáculo que sin pretender ser didáctico pueda ser divulgativo. Aunque tenga sus fallos. Aunque se asuman ciertas licencias. Hablamos de películas o series, no de documentales. Pero si, por ejemplo, hacemos de la increíble Expedición de Balmis, un telefilme que no entusiasme ni transmita lo que aquello fue, como pasó con el llamado 22 Ángeles. Si hacemos de Los últimos de Filipinas una panoplia de personajes de todo menos heroicos. Si en la película Oro (con ese título la taquilla ya estuvo perdida de antemano), toda la épica y crueldad de la Conquista sólo se centra en esta última parte, está claro que el público va a dar la espalda a cualquier posible proyecto. De estas características al menos.

En Master and Commander (Peter Weir, 2003) una más que entretenida novela se convirtió en una filigrana donde pudimos ver un remedo de Darwin en la Beagle, un elogio del almirante Nelson y una heroicidad de los hijos de Albión. Sin embargo, raro sería que nadie se atreviera a crear unos personajes sólidos a partir de aquellos soldados de infantería y de artillería apostados en el castillo de San Felipe en Cartagena de Indias, de alguno de los arqueros indígenas enrolados, o de los marinos enrolados en el navío Galicia comandado por Blas de Lezo, como forillo de una historia que muchos sí querríamos ver en el cine. De hecho, en las redes sociales, durante todo este domingo, Blas de Lezo ha sido tendencia absoluta. ¡El gorjeo se ha convertido en un clamor que no debiera pasar inadvertido para el mundo del cine! Porque sí, el público quiere ver este tipo de películas. En este caso, una sobre un almirante guipuzcoano llamado don Blas de Lezo y Olavarrieta, Mediohombre.

¿Alguien que se anime con un guión para llevarla a cabo?

Javier Santamarta e Iván Vélez