Bernard Pivot, ayer, en Bellas Artes, José García

Bernard Pivot: «La libertad del periodista depende en primer lugar del periodista»

Ayer Bernard Pivot presentó en el Círculo de Bellas Artes la edición videográfica de cinco programas de «Apostrophes», dedicados a Marguerite Yourcenar, Vladimir Nabokov, Albert Cohen, Georges Simenon y Marguerite Duras. Hoy Pivot dialogará en el Círculo de Lectores barcelonés con los editores de esos autores: Beatriz de Moura, Jorge y Gonzalo Herralde, Antoni Munné y Joan Tarrida.

MADRID. Tulio Demicheli
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Gonzalo Herralde, responsable de Editrama, acompañó ayer, junto con Juan Cruz y J. Armas Marcelo, a Bernard Pivot, una institución del periodismo cultural francés que ha difundido la literatura contemporánea primero en «Apostrophes» y luego en «Bouillon de culture», programa que ahora se despide de la televisión francesa. Procedamos como a él le gusta: poco decorado y primeros planos: «El común denominador de los personajes de estas entrevistas es —afirmó Pivot en la rueda de prensa— el cosmopolitismo: nacen en un país, viven en otros y a veces escriben en lenguas distintas a la materna. Creo que estos programas monográficos aún se mantienen vivos por su minimalismo». No lamenta haberles dedicado tantos años, sino todo lo contrario: «He vivido la mejor época de la televisión, porque el balance entre programación cultural y comercial era aceptable. Hoy, la televisión pública ha entrado en feroz competencia con la privada y eso lo paga la cultura, que es la víctima de las grandes cadenas y que se ve arrinconada en horas de menor audiencia o en canales temáticos. “Apostrophes”, en cambio, se emitía a las diez de la noche. En todo caso, cualquier texto bien escrito siempre será superior a un espacio de radio o televisión. El éxito de mis programas se debe a que se establece una doble corriente de confianza. El espectador sabe que yo me he leído el libro del que vamos a hablar y también el escritor. El escritor y el espectador respetan el programa porque confían en el presentador. Lograrlo es una cuestión de trabajo: yo leo diez horas al día. Ahora, en la televisión se ha impuesto el modelo norteamericano, en el que no se le da la palabra al entrevistado por más de un minuto. El presentador zapea al autor por miedo a que el espectador zapée al programa». En un mundo dominado por la imagen, Pivot no teme demasiado un retroceso de la cultura de la palabra: «Balzac, Victor Hugo, Flaubert o Stendhal son muy cinematográficos. Yo diría, incluso, que inventaron el cine mucho antes de que el cine existiera. Hoy los niños crecen rodeados de imágenes y conectados a Internet. Yo sólo tuve palabras en mi infancia. En un mundo donde la imagen suplanta a las palabras hay que fomentar la lectura de los libros a través de todos los medios. Por eso, también estoy a favor de los premios literarios».

NABOKOV Y SOLYENITSIN

Entre tantos personajes, Pivot destaca a dos escritores rusos: Nabokov y Solyenitsin. En España Solyenitsin causó una gran polémica cultural... Incluso si el Gulag existía, Solyenitsin era un canalla por denunciar al socialismo real. «En Francia, también. Vaticinó que Vietnam del Norte iba a comerse a Vietnam del Sur y se produjo un altercado. Pero Solyenitsin tuvo razón. A Nabokov no me arrepiento de haberle enviado las preguntas. En sus clases, por ejemplo, nunca decía diez palabras que no hubiera escrito antes. Tenía una idea muy elevada de la literatura y de sí mismo. Era un genio, un hombre de gran erudición que dominaba varias lenguas. un enemigo de lo banal que quería demostrarlo también fuera de los libros. No comprendo cómo no le dieron el Nobel». Pivot concluye hablando del compromiso con la verdad: «Cuando se vive en democracia, el periodista asume una gran responsabilidad con lo que dice o escribe. La libertad depende en primer lugar del periodista».