Daniel Barenboim, en un ensayo con el Divan en Pilas (Sevilla)Anna Elias

Barenboim: «El Divan es apolítico; su objetivo es acabar con la ignorancia entre árabes y judíos»

SUSANA GAVIÑA. MADRID
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Considerado uno de los grandes músicos de nuestros días, el director de orquesta y pianista Daniel Barenboim (Buenos Aires, 1942), director musical de la Staatsoper de Berlín y titular de la Sinfónica de Chicago en la actualidad, también ha destacado por su lucha contra los fanatismos y su compromiso social y humano en favor de la convivencia de dos pueblos visceralmente enfrentados como son Israel y Palestina. Barenboim ha interpretado a Wagner en el mismísimo corazón de Israel, cuando las heridas del holocausto aún no se han cerrado; la pasada primavera intentó tender un puente musical entre Israel y Palestina con un concierto por la Paz -en Jerusalén y en Ramala- que finalmente no pudo celebrarse por orden del Gobierno de Israel, y, además, y por lo que ahora se le ha galardonado con este premio, ha creado, junto con el intelectual palestino Edward Said, un marco musical, el West-Eastern-Divan, donde músicos judíos y árabes pueden convivir, durante casi un mes al año, unidos por un mismo credo: la música, que aunque para el director y pianista no representa una solución para apagar el conflicto entre palestinos e israelíes, sí puede, sin embargo, contribuir a un mayor entendimiento entre ambos pueblos divididos por el muro de la ignorancia.

Como ya informó ABC, Daniel Barenboim celebró hace unas semanas en la localidad sevillana de Pilas, gracias a la colaboración de la Fundación Tres Culturas del Mediterráneo y de la Junta de Andalucía, la cuarta edición del West-Eastern-Divan. Andalucía se convertía así en su tercera sede y la más idóneaj, según el músico, ya que en este lugar «convivieron en paz durante varios siglos las tres religiones: musulmanes, judíos y cristianos».

De Weimar a Sevilla

-¿Cómo fue la génesis del Divan?

-Cuando Weimar fue Capital de la Cultura, en 1999, me pidieron ayuda para realizar el programa de música de la ciudad, una ciudad que simboliza lo mejor -ya que en ella vivieron escritores como Goethe o Schiller- y lo peor -está situada a tan solo cinco kilómetros del campo de concentración de Buchenwald- de la historia alemana. Se planteaba así la posibilidad de realizar una especie de pago por la responsabilidad que los alemanes tenían hacia lo judíos, víctimas del holocausto. Puestos a hablar sobre responsabilidades históricas, el problema palestino también es consecuencia indirectamente de aquello porque el holocausto forzó a muchos supervivientes de los campos de concentración a tomar una postura de mayor fuerza sobre el pueblo palestino, lo que ha generando el gran problema en el que viven ahora. La única manera de compensar, aunque no existe una compensación para ello, puede ser una ayuda al pueblo judío a entenderse -económica o culturalmente- mejor con los palestinos. Hablamos de crear en Alemania un seminario de jóvenes músicos judíos y árabes... y así empezamos a soñar.

-¿Qué dificultades encontró para poner en pie este proyecto?

-Dificultades políticas porque mucha gente del mundo árabe cerraba sus puertas ya que no querían tener nada que ver con los israelíes, y a estos les pasaba lo mismo.

-¿Cuáles son los objetivos principales de esta orquesta-taller: musicales, humanos...?

-Los objetivos son muy sencillos. Desde hace mucho tiempo estoy convencido de que no hay una solución militar al conflicto, si la hubiese sería otra cosa, pero creo que no la hay ni desde el punto de vista moral para Israel ni desde el punto de vista estratégico. Si se acepta eso, qué significa: que tarde o temprano -aunque ya es muy tarde porque se ha derramado mucha sangre inútilmente- se firmará un tratado de paz, y al día siguiente se comenzarán a buscar contactos culturales, científicos y económicos, y nosotros por qué tenemos que esperar a los políticos si podemos hacerlo ahora sin tener fines políticos, porque el Divan es completamente apolítico.

Ignorancia

-Sin embargo, constantemente se subraya el carácter político de este encuentro...

-Este encuentro es el resultado de una situación humana muy difícil. No tiene intenciones políticas porque no tiene ambición de conseguir nada políticamente. Simplemente consiste en ofrecer la posibilidad de que se conozcan mutuamente, los unos a los otros, porque hay un grado enorme de ignorancia por ambas partes. Hay muchos israelíes que en su vida han visto a un árabe, no saben lo que es, y del lado palestino sucede lo mismo.

-Después de cuatro años de trabajo, ¿cuál es su balance?

-El balance es que hay muchos chicos que siguen viniendo -aunque tienen presiones en su países, sobre todo en los países árabes- porque aprenden musicalmente mucho y han establecido lazos humanos importantes, entre ellos y con los otros.

-¿Se ha planteado la posibilidad de celebrar el Divan algún día en Israel?

-No, yo no quiero que se celebre ni en Israel ni en ningún país árabe porque no quiero que unos músicos estén en casa y otros se sientan como invitados. Para que todos estén en las mismas condiciones se tiene que celebrar fuera. Lo que sí creo es que es absolutamente imprescindible, para que este proyecto alcance la apoteosis de las posibilidades que tiene, que un día se pueda tocar en todos los países que están representados en el taller.